domingo, 30 de agosto de 2009

BOSTEZOS AL ATARDECER DEL PRESUNTAMENTE YO (1)


Soy una piedra tirada a rodar por mano de la casualidad, por el libre azar; hay supuestamente alguien fuera de este universo que juega a los dados conmigo, que parece que ni siquiera sabe que juega como niño meciéndose en el balancín del universo.

Soy el que incluso sin proponérselo puede motivar las ganas de jugar; ingenuo de mí de creer que soy una insignificante piedra y que por ello se dobla de tristeza.

Soy una gota de lluvia convertida en granizo que arrojado a ciegas le tocó caer en pleno desierto pretendiendo mantenerse íntegro solo con sus deseos; camino contra natura para chocar contra mí.

Soy un idiota pretendiendo convertirse en otra cosa tal vez más idiota; un idiota sobrenatural, la rebelión de la inteligencia, la consagración universal de los idiotas.

Soy un alma caminante que da pena, que inspira indiferencia y cierta alegría púbica; me cuesta creer que vivo como un ser llamado humano (grave insulto), que vivo para vivir negándole a la vida, lo absurdo de lo absurdo.

Soy lo absurdo alternativo de lo absurdo sucesivo; la vida es una sucesión de absurdos temporales muchas veces maravillosos hasta las lágrimas, donde al inicio y al final lo absurdo es indiferente.

Soy el que sirve para algo y el que no sirve para nada, mas no sirvo para algo pero sirvo para nada; nada es 'algo' que muere sin que me dé cuenta, 'algo' es nada que nace, que la nada no existe, siempre es un algo imperceptible.

Soy el abortado social y natural que quiere negarse a sí mismo; en plena obra teatral pretendo abortarme del acto para adquirir un nombre propio, un sin nombre, talvés un nombre innombrable.

Soy el que filtra la luz para no dejar pasar su oscuridad clandestina tan solo para sentir que vivo; mas no debo permitir que el sol siga ocultando mi luz ni que la noche siga traficando con mi oscuridad.

Soy un insecto que aprendió a pensar como humano y ahora pago las consecuencias del atrevimiento, aislamiento, soledad, me siento monstruoso; busco algún muñeco de madera que comprenda mi fuego helado.

Soy el que marca los caminos para que lleguen a ningún lugar; el destino, el sueño de la lombriz por hallar algún caparazón de piedra caliza y escaparse de su mundo real y único.

Soy el que intenta ser feliz sufriendo absurdamente y sufre en la búsqueda de su felicidad; el Dios no sufre, solo le sufrimos su soledad, mas el sufrimiento de los humanos, incluso la del Cristo, parece ser una necesidad, el vínculo, el enlace que los une a ambos, el nexo entre la vida y la muerte.

Soy el que intenta ir contra la corriente de la vida y de la muerte, incluso contra mí, contra todo; todo porque sí, por hallar realidades inexistentes en nuestro pueblo fantasma.

Soy el que sonriéndose se observa a un ladito de sí mismo cómo voy envejeciendo y trato de comprenderme ingenuamente; todo nacimiento es una muerte eterna inevitable.

Soy el que se pregunta: ¿para qué el cielo, para qué el infierno?; muy en lo profundo de sí mismos, cualesquier lugar, son solo el consuelo de los injustos a pesar de sus amores de prójimo.

Soy el que no vale para nada pero se esfuerza por demostrar lo contrario; el valor es solo una ficción que incita al placer y al dolor, sadomasoquista natural.

Soy el que nace y supuestamente muere dentro del gran circo, el mundo; nací por cesárea, de un puñete, del ojo derecho de mi madre, el zapato izquierdo del payaso del circo.

Soy el que sonríe lo sinvergüenza que puedo intentar ser, presuntamente ser; un payaso infra enano del circo de las cucarachas que se esmeran en pagar tributo a su Dios por no ser arrojados hacia la libertad de la nada de los mundos aparentemente ciertos donde los bebés aprenden a pintar con sus manitas pequeñas su propio color, su presunto ser.

Soy el gran conquistador de corazones remendados y de razones paradójicas por que las percibo más trasparentes, más suaves, comprensibles; la sobrevivencia se reirá siempre del amor, de nuestro amor, que mi presunto amor propio me hará reír como un idiota porque así pienso que seré feliz.

Soy el que rechaza al amor cuando ésta se me aparece de par en par; miedoso a morir, a darle vida a la vida, un ingenuo egoísta, un cobarde, ¡pero qué importa rechazar o ser rechazado!

Soy el que acepta al amor cuando ésta se me aparece de par en par; desafiante a morir, a quitarle muerte a la muerte, un sabio solidario, un valiente, ¡pero qué importa aceptar o ser aceptado!

Soy el que le busca un significado al amor; miedo o desafío, dar o quitar, dan lo mismo que copular o turbarse más con la soledad.

Soy aquel que no quiere amar con el amor de los humanos; un iluso, mi esencia inmersa en la estupidez, mi única libertad; auto desheredado elemento del universo.

Soy el que se sorprende de por qué sufro y a pesar de ello no me canso de sufrir; el sufrimiento es una ley física de la vida que pretendo rechazar, subversivo por naturaleza, contra natura, mi única posibilidad; placer, placer, placer disfrazado de amor, ¡por qué no! si es la otra cara de la misma moneda del dolor, del sufrimiento.

Soy cualquier cosa que se me pudiera ocurrir; cada momento, cada segundo dejo de ser yo para ser otro, ser y no ser simultáneamente, así sucesivamente.

Soy cualquier cosa que apareció como parte del universo; un presunto átomo que aparece y desaparece y vuelve a aparecer, desaparecer, en un eterno juego de luces; la luz que inunda de colores mis ojos, que me hace sentir que vivo.

Soy el que vive por horas, raras veces por minutos y sigo creyendo que vivo; una olorosa, digna, pobre y rica mierda se seca abandonado en el camino que ni las perras se atreven a comer.

Soy el imbécil más sublime, el hombre más horriblemente amado y/u odiado, el idiota más bonito, el ingenuo inteligente, el de la nariz larga y el de los múltiples ojos malditos, perversos de mosca; el mundo de las formas temporales de la materia (pisotea una mosca hasta desaparecerla y verás), la sociedad de las apariencias, las mentiras verdaderas que duelen en lo profundo de la nada.

Soy alguien que aspira a iluso por sobrevivencia, que con los derechos de la vida pretende significarle absurdamente algo a la nada del todo eterno; somos un mundo fantasma repleto de fantasmas, que lloran casi resignados de su impotente condición campesina miserable, ebrios a la medianoche de una libertad incierta casi cierta pero que muere al amanecer, entre la luz retorcida y sinuosa que juega a las escondidas entre los árboles del campo, entre la leña que da calor y vida, entre desesperadas eyaculaciones y presuntos orgasmos, entre aromas de sudores rancios, de mocos, de babas, de orines y de bostas de animales, entre lo que hay del mundo sin maquillar.

Soy el que sabe de qué se trata la vida, mas no sé por qué se movió la materia ni por qué está la materia elemental; no soy suficiente para el Dios, no importa, pero lo intenté.

Soy el que piensa o cree que vive y piensa que muere; la vida y la muerte son solo hipótesis, por ende, soy solo un ser hipotético (que busca su demostración de vida), temporal, de materia fantasmal.

Soy el que ustedes desprecian -al que piensa que no vale nada- porque creen que es todo como ellos; todo sobre nada, nada sobre todo.

Soy el rechazado por el azar y así solo gracias a ello (fingiendo dudar de mí mismo por un momento, quizás algún cristalino y transparente ángel rebelde vela por mí en abierto desafío de dioses celestiales y demonios mundanos por igual), hoy siento y pienso que hubiera sido un error fatal detenerme, quedarme solo en la locura que un día encontré, y no ir más allá de aquello, donde posiblemente se encuentre el Dios hipotético mas no la muerte como se piensa.

Soy el que evita ser un loco para no robarte un beso sin conocerte, amada locura; una loca esquizofrénica que deambula y duerme en las calles envuelta y abrigada por mi pobre indiferencia, sabe más del amor que yo pues afuera guarda silencio para no despertarme y sin saberlo vela por mí.

Soy el que se pregunta ¿de qué sirve tanta tontería que hace feliz o que hace sufrir?; los locos que sufren merecen más compasión que los cuerdos que sufren.

Soy el ser más triste del mundo, solo alegre de mí; lo que siento y pienso es el error de lo que siento y pienso, estoy lleno de error, a rebalsar.

Soy el que te importa o el qué te importa; los locos germinan al salir el sol sabiendo que éste nunca sale.

Soy un acento para tu vida, para tu amor o para tu odio; tu tristeza cuando no lo ves, tu indiferencia cuando no te alimenta ni te da significado cuando te monto recostada y al terminar fuera de ti piensas que solo soy una pequeña mancha líquida traslúcida que repugna sobre la piel de tu vientre, tu felicidad mentirosa cuando ansías mi repugnancia para parirte y así dejar de postergar tu amor, tu verdadero amor presunto, oculto dentro de ti.

Soy solo una cantidad de materia (¡el más!) que pretende inventarse una calidad, una cualidad; ¡cuánta cantidad de energía-materia he gastado en pensar y cuánto seguiré gastando en pensar aún!, mi pensamiento es solo una cantidad limitada, inclusive acorralada por el Dios de los humanos, pero a pesar de ello, mi pensamiento también tiene peso; dimensional.

Soy solamente un dibujito animado de la naturaleza pero en tres dimensiones, solo una caricatura de este mundo que juega a darme vida con la paleta y porciones de su materia de colores, con el capricho de sus leyes físicas; un juego de vida, y yo tratando de desafiarlo aunque sea solo un absurdo.

Soy el que finge vivir, amar, llorar, reír, porque no sabe para qué otra cosa ser ni qué otra cosa hacer; un libre esclavo del movimiento de la materia, la libertad su don.

Soy lo que soy porque no sé lo que soy y si lo supiera no sé si sabría lo que sería ni estaría seguro de saberlo; el mundo que ha pasado está oculto en mí, ¡tanta gente!

Soy el que piensa que explotara la tierra de los hombres o no reventara, le daría lo mismo; asesino de dioses y de diablos, homicida de mí y de este mundo fantasma. A pesar de ello, no me alcanza tu libertad, tu prisión mental ni la poesía.

Soy el que intenta rasgar el cielo, el que cuadraría la luna porque no me importaría; un sol hueco ilumina mi vida que me invita a penetrarle.

Soy un pobre Diablo y también soy un pobre Dios, un pobre hombre; nunca se es todo pobre por que hace falta lo que no hace falta.

¡Qué más puedo ser, qué más no puedo ser!, ¡qué importa, qué no importa!, ¡qué decir, qué no decir!

¡Quién fue el iluso que inventó a la materia y luego al espíritu!, ¡para qué la diferencia de ambas palabras si ambos se refieren a lo mismo, expresiones conceptuales del movimiento elemental de la materia!, ¡absurda dualidad!, ¡la diferencia la hace sólo la cantidad y la intensidad del movimiento de las partículas elementales!, que presuntamente E=mc2.

¡Para qué aquello, para qué el Dios fantasma de los humanos, para qué el Diablo si no hace falta, más que uno mismo!, ¡bastamos el Dios hipotético, tú y yo para hacer de este mundo la porquería que es!

¡Para qué crearía al hombre si es una estúpida estupidez!, ¡dudo que el Dios hipotético sea tan estúpido como el Dios de los humanos!

Al único que realmente le importa todo esto es al hombre, al ser humano; yo ya dejé de serlo, ya estoy muerto para todos, no valgo nada, pero a pesar de ello todavía no apesto.

¿Cuándo fue el día en que las palabras se volvieron contra el hombre, contra mí?, ¿cuándo se hicieron libres?

¡Para qué todo, para qué nada!, ¡para qué la “vida”, para qué la “muerte”, si ambos son solo sueños nombrados con palabras de una sola dimensión o tal vez de muchas, palabras fantasmales en este mundo fantasma!, mas las palabras no se comen, aún.

Siento hambre en mi abdomen, percibo divinos aromas de panqueques, no creo que pueda robarlas a escondidas de mi madre y luego sonreírle por unos cuantos más; será mejor utilizar a las palabras y sus significados para que este fantasma pueda pretender sobrevivirle a este sueño de vida al igual que sus palabras.

Y es que al final de todo, la vida es más simple de lo que parece y de lo que soy o pienso que soy; el presuntamente yo.
NOTA:
(1). Este y otras reflexiones o como se les quiera llamar forman parte de mi colección de poesías titulada "LAS PALABRAS DE LA MOSCA" en alusión a la 'Metamorfosis' de Frans Kafka.
Este y otros no corresponden a la actualidad sino a productos de muchos años hace. Que más que hallar a los demás es más conveniente hallarse a sí mismos.