martes, 1 de septiembre de 2009

SOMOS UNA FORMA EN BÚSQUEDA DE SU ESENCIA, LA RAZÓN DE VIVIR Y MORIR

La vida es como las nubes, resulta vano encontrarle un significado, una forma definida; que las nubes importan tan solo por lo que son, vapor de agua y no son lo que nos parecen sus formas, su apariencia.
La vida es solo un momento como las nubes, una temporal forma dinámica de la materia por dentro y por fuera, buscando su esencia que no tiene ni nunca tendrá e incluso buscando algún Dios que justifique su ser, su vida.
La vida viene y se va como las nubes, que sus rayos luminosos parecen ser los sueños que perdimos enterrados bajo la tierra repleto de sueños en su interior que nos dan razones, los motivos para seguir viviendo y germinar.
La vida es inexacta como las nubes, no tiene medida en su extensión, ni simetría ni razón de ser, que mi vida ya la vi pasar en una nube pero no me di cuenta y lo peor es que no me acuerdo cuándo ni cómo fue.
La vida se diluye o precipita como las nubes, que lo mismo hubiera dado ser un árbol de aliso o que ser una lombriz de tierra o una estrella de mar o un virus incomprendido que defiende sus derechos para vivir.
La vida es tan frágil y dura como las nubes, que el viento forma les da cual soplo de algún Dios, que querer atravesarla con una espada, con un puñal cual rayo, es acabar con su forma para así alimentar a otras formas inclusive.
La vida se nutre del agua como las nubes, que la tierra al escapar un día de su prisión en el inmenso mar, los seres y las nubes fueron rescatados por el Sol de aquella prisión para que las aves pudieran nadar en ellas, desafiadas por el hombre.
La vida acaba como las nubes.
La esencia de la vida es buscar su esencia y nunca hallarla porque no la tiene.
La esencia es negar la temporal forma dinámica de nuestra materia por dentro y por fuera de uno mismo.
La esencia es el movimiento de la materia de sí mismos, caóticamente ordenado por mí al intentar descubrirla y enmarcarla sobre mi pared.
Es la libertad, para que los seres de muchas formas dinámicas busquen absurdamente su esencia, algo más allá que la materia: algo así como ¡la nada!, el alma, el espíritu, el cielo; y vivan y mueran buscándola sin percatarse de que aquello podría estar en la sonrisa de los niños, en el perdón del Dios conceptual, en la alegría de los inocentes, en la verdad y en la responsabilidad por nuestros actos, en la justicia de nuestros hechos, en la solidaridad para con los más débiles y enfermos, en la fecundación del óvulo por el espermatozoide, en el acto de la cópula, en el acto de parir, en el pan que alcanza en la mesa; que sin los cuales solo seríamos formas; como la vida, como las nubes, y que sin las cuales la temporal forma dinámica de la materia por dentro y por fuera de uno mismo sería en definitiva la esencia de la vida y también la muerte en movimiento, caminando, respirando, hablando, descomponiéndome en vida, un juguete del presunto destino.