domingo, 4 de octubre de 2009

UN ESTÚPIDO POR LA ETERNIDAD

La vida como tal, bien como espíritu o como materia dinámica y sistemáticamente organizada, ¡me provoca una risa! Me admira que juguemos a ser dioses, dioses imperfectos, estúpidos y narcisistas; los hombres son los dioses de sí mismos para someterse a sí mismos, a una idea de sí mismos, porque hasta ahora son tan estúpidos que no pueden valerse por sí mismos contra sí mismos; ¿pero qué más nos queda?
La vida de la especie humana es una grandiosa estupidez en el buen, amplio, científico, filosófico, moral y ético sentido de la palabra; una estúpida pero inevitable obra teatral. Personalmente me siento como el ser humano más grandioso y estúpido del universo, dichoso entre los demás inteligentes idiotas, entre los demás absurdos inteligentes de saber lo que es la vida y su finalidad; ¡una gran cosa!
Nací para ser estúpido, pues de lo contrario realmente sería un Dios perfecto; y como nunca voy a dejar de ser estúpido me invento o me creo el consuelo de intentar agazaparme como parásito de algún Dios hipotético que cargue con mi estupidez, y me haga sentir, me haga pensar para mi propio consuelo de que no soy solamente un simple estúpido mas.
En realidad no soy un ser pensante y exclusivo, sino que solamente soy un estúpido que piensa que es pensante. Moral e inmoralmente soy un estúpido inevitable que cree que solo nace y vive para morir; ¡asquerosamente estúpido!
Soy alguien quien realmente no entendió la altura de la evolución del animal llamado hombre y que solo se quedó intentando alcanzar la altura de algún o algunos dioses imperfectos. Pero para qué entender aquello si solo soy y seré el único y el más grandioso estúpido que niega a su manada por pretender jugar a ser Dios o parecerse a él o a alguno de ellos; ¡y es que con el Dios o sin él, siempre seguiré siendo un eterno estúpido!
Por ende, como animal ateo o como animal religioso: amo como estúpido, odio como estúpido; rio como estúpido, lloro como estúpido; hablo como estúpido, callo como estúpido; pienso como estúpido, muero como estúpido; insulto como estúpido, alabo como estúpido; gozo del placer como estúpido, sufro del placer como estúpido; gozo del dolor como estúpido, sufro del dolor como estúpido. Castigo porque sé que soy estúpido, pero me es muchísimo más difícil perdonar; por que definitivamente ¡soy estúpido! Y en el colmo de la estupidez, hasta el apellido me define (los apellidos me saben a mis medias).
Sin el Dios, ahora que soy un animal más de la naturaleza, trato de descubrirme y descubrir a los demás para lamerles el rostro sin metáforas, morderles con palabras el alma filosófica natural a veces con rabia chorreando de babas negras; olfatear sus olorosas heces para compararlos con los míos con mi nariz llena de moco tragado algunas veces por detrás de la boca amorosamente porque nadie lo ve.
Siendo así, solamente un animal sin el Dios; sé que hallaré la única manera inocente, irracional e ingenua de ser un animal simple y corriente, talvés algunas veces complicado pero no estúpido por que finalmente siento que los animales no son estúpidos ni ofenden al Dios de los humanos.
Y ya en la cima de la estupidez y de la utopía de la palabra; ante los desconocidos vientos, solo así puedo decir a los demás animales y también a los que dejé morir por mi estupidez humana: ¡perdónenme porque presumo saber lo que hago, porque estúpido soy!; y de algún lugar el eco me responderá: ¡Qué fácil es justificarse como estúpido y no tener que asumir las consecuencias!