martes, 29 de septiembre de 2009

TELE LLORONA LATINOAMERICANA

En estos días se están viviendo situaciones que debieron haberse dado mucho más antes en Honduras; el retorno no anunciado del presidente de Honduras Manuel Zelaya. Ello calificado de “irresponsable” por parte del gobierno norteamericano quien en condiciones de sus conveniencias habría tomado decisión similar y también por la vía militar como es de costumbre e instrumentado los organismos pertinentes para legalizarlo (léase ONU, OEA u otro).

Desde mi punto de vista es la actitud más acertada de Zelaya. Atrás quedan las causales del golpe cívico-militar similar al del ejecutado por Fujimori-Montesinos pues solo fueron pretensiones que no se concretaron y que hoy se demuestra que solo sirvieron al golpismo con pies de barro.

Persistir en lo absurdo, es decir, seguir tratando de mantenerse en el gobierno por parte de un fantoche usurpando el papel de presidente tal como el Micheletti equivalía a desenmascararse y presentarse como lo que realmente son. La consecuencia, se requiere la presencia de la OEA o equivalentes.

Al igual que en el Perú en los años de la reelección Fujimorista de 1995, la OEA, en el contexto de la guerra interna contra Sendero Luminoso principalmente, actuó como avalador de un proceso que todos los medios de comunicación cívico-militaristas y neoliberales dieron por válido ya que se partía de la premisa básica de que solo el Dios Fujimori iba a salvar al Perú. Un robo descarado que no se investigó (no había porqué) de un gobierno probable de Javier Pérez de Cuellar. Podrían decirme que con Pérez de Cuellar experimentarían un retroceso, falso, los gobiernos de Toledo y de García son la muestra fehaciente del error en esa apreciación. El retroceso en sí mismo estuvo en la reelección de Fujimori que nos legó hoy abierta o enmascaradamente una corrupción institucionalizada.

La OEA poco puede hacer en concreto, solo puede alargar o dilatar las cosas, echar agua fría a las cosas. Si Zelaya pretende hacer respetar su investidura seriamente hará lo que tiene que hacer con el soporte social respectivo. De sus acciones dependerán en buena cuenta las acciones de la OEA y no al contrario.

Las condiciones en Honduras si bien son parecidas al del Perú, difieren en muchas cosas. No hay subversión en Honduras, no hay la fuga de un presidente ni su dimisión. Que el Micheletti pretenda compararse con un Paniagua es una exageración.

La lucha de los desposeídos hondureños no es contra el Micheletti sino contra todo el entramado neoliberal que pretende imponerse lenta y solapadamente desde el entramado del poder no solo en Honduras. El Micheletti y los suyos ya hicieron eco del intento norteamericano de consolidar el Imperialismo Regional Americano y el ingreso de Zelaya cayó como una bomba nada digerible en el contexto de la crisis global.

Es lamentable que en Honduras no haya una fuerza alterna al de Zelaya que conduzca con acierto al desposeído pueblo hondureño. No nos queda más que seguir observando esta tele llorona pseudo sangrienta latinoamericana en la TV y también hacerla digerible.

NOTA:
No hay peor acto que el que no se hace. Aunque no goce de mi simpatía Zelaya ha hecho lo que pocos se atreverían y preferirían correrse al extranjero seguros de retornar después de consolidar su impunidad en actitud típica de los fugitivos y delincuentes que incluso reciben el aval de gobiernos denominados incluso como los defensores de la “democracia”. En términos personales quizá haya mucho de debilidad en mi persona frente a las circunstancias pues recuerdo que abandoné los estudios de maestría en Tecnología de los Alimentos en la Universidad Nacional Agraria La Molina presionado no por circunstancias económicas sino por circunstancias de acoso y persecución política asolapada. Tengo el recuerdo de la época en que el Dios Fujimori era reverenciado y en los pasillos de la facultad de Industrias Alimentarias catalogué de DELINCUENTE a Fujimori delante de algunos colegas siendo oído por un profesor de la facultad que intentó salir de su oficina no sé si a llamarme la atención o a agredirme (lo cual percibí, el profesor indignado pues decía que quién diablos era yo para referirme así del presidente Dios Fujimori) pero que fue disuadido por sus colegas de oficina. En vano no se tienen manos pero el rechazo no solo de muchos de mis colegas y del cotarro universitario por lo vertido jugaron en contra mía además de mi tendencia política de izquierda. A lo que voy es que lo que parece un callejón sin salida no es tal, si no se puede con una situación que se torna insostenible se tiene que buscar otra u otras sin importar las consecuencias siempre en el marco de la legalidad vigente.

lunes, 21 de septiembre de 2009

¿PARA QUÉ TANTAS PALABRAS?

Quiero elucubrar una palabra retorcida, bien quebrada, sinuosa como los pliegues de tu piel, que suene bien y me haga sentir auténtico, genial, como aquel único cólico estomacal de mi vida que un día me agradó.
Y es que llegado a este punto y coma; muchas veces digo:
¿Para qué tantas palabras?
si por más alto que salte, las nubes nunca las alcanzaré saltando;
si la supuesta verdad no me da ni me dará de comer;
si cuando las oigas con tus ojos, ellas sentirán morir;
y aun así, ¿por qué esperar algo más que esto de ti?
¿Para qué tantas palabras?
si en lugar de que halles tranquilidad en ellas, solo aumento tus temores;
si el silencio sujeta al mundo desde su abdomen y sostiene a la vida;
si mi madre no me vio nacer y aún así el dolor le embarga y sigue gestando;
y aun así, ¿por qué esperar algo más que esto de ti?
¿Para qué tantas palabras?
si cuando la cópula me alcanza, la costumbre me quiere tomar prisionero;
si cuando las digo por primera vez, ya fueron dichas por más de décima vez;
si mi levadura ni siquiera tuvo la oportunidad de fermentar algo, fuera de mí;
y aun así, ¿por qué esperar algo más que esto de ti?
¿Para qué tantas palabras?
si talvés sea el último aliento que aplaudas para mi ridículo ego muerto;
si naciste con el pan que yo intento arrebatártelo contra tu voluntad;
si no pudiera agradarte, si no pudiera hacerte feliz;
y aun así, ¿por qué esperar algo más que esto de ti?
¿Para qué tantas palabras?
si para saber que sonrío, solo tengo que mostrar ampliamente mis dientes;
si para saber que lloro, solo basta con que veas caer lágrimas de mis ojos;
si no te han de llenar los bolsillos de dinero, mucho menos los míos;
y aun así, ¿por qué esperar algo más que esto de ti?
¿Para qué tantas palabras?
si para llenar algo en el que nada tiene, tengo que morder algo de su nada;
si aquel perdido vagabundo se encuentra, más luego se vuelve a perder;
si muchas veces me embriago con mi indiferencia, pero me quejo de ti;
y aun así, ¿por qué esperar algo más que esto de ti?
¿Para qué tantas palabras?
si mi gato no las va a comprender si no lo comprendo a él;
si un simple y sincero beso no requiere de tantas de ellas;
si en la mesa se tiende y se come con las manos;
y aun así, ¿por qué esperar algo más que esto de ti?
¿Para qué tantas palabras?
si solo valemos por lo que nos damos de comer, sin importar qué;
si solo vivo pensando en la gracia del Dios, sin importarme la vida de los demás;
si mientras no te veo desangrar, pienso que todavía puedes ser feliz así;
y aun así, ¿por qué esperar algo más que esto de ti?
¿Para qué tantas palabras?
si mi poesía es solo una verdad verdadera o sea una mentira mentirosa;
si no tienes la certeza de las verdades que alquilo o vendo de mi lengua;
si no le gusto al que me saborea en su boca y luego me escupe;
y aun así, ¿por qué esperar algo más que esto de ti?
¿Para qué tantas palabras?
si con el filo de la palabra moral corto tus ropas íntimas y poseemos;
si mis palabras sinceras podrían perderte de mí;
si tus errores me mantienen unido a ti, aquello que llamaste amor;
y aun así, ¿por qué esperar algo más que esto de ti?
¿Para qué tantas palabras?
si deseas sin decirlo, que el silencio me sepulte con tus dulces terrones de amor;
si quisieras que dejara de ser una mosca de piedra más, debajo de tus pies;
si el ser o no ser no tiene ninguna importancia, más que solo para ti;
y aun así, ¿por qué esperar algo más que esto de ti?
Entonces, ¿para qué tantas palabras? si aquellas no interpretan ni descubren nuestras verdaderas historias, nuestro verdadero ser, nuestros reales sentimientos; ¡para qué!, ¡para qué!; ¡para qué tantas palabras!
Y así, cansado ya de masticarlas y no poder tragarlas, dispuesto a enmudecer a mis dientes cómplices de todas las horas y habiendo llegado a este punto; siento que estoy como un suicida que muere o cree que muere pues bien que sabe que no se puede recorrer la larga senda y mucho menos llegar a la meta final viviendo solo de palabras que ni siquiera come el mundo.
Que el silencio me ha puesto en sus fauces para así dejar de ser yo por siempre, mudo, ciego, sordo, mierda; dispuesto a procrear muertos que no sientan el llanto de los mudos, las lágrimas de los ciegos; que no perciban la cordura de los locos, la hermosura ocultada por la misma mala hierba para sobrevivir; que no huelan la desgracia de los inmorales y asesinos, el dolor y quizá el goce de las víctimas; que no sepan saborear las derrotas y cuestionar las victorias; en fin, ¡que estén muertos!
¿Pero quién soy yo para hacer un genocidio de las palabras?, ¿quién eres tú para silenciarlas en cualquier medida?; si no han de gustarte mis palabras, entonces vive en paz copulando con tu silencio, simplemente no las veas como cuando escondes tus ojos ante el dolor; si no las quieres oír entonces has como el viento, arranca las hojas que las lleva quizá como se rompe una flor del jardín, como se arranca una hierba del campo, como se arrancan las alas a la mosca y te alcanza la felicidad.
Pero cuando el silencio y las palabras se envuelvan entre sí, se estrellen, se enreden ferozmente, incluso intenten violarse; solo así sabremos que estamos vivos, que sentimos que hasta las piedras sufren, que con palabras se enderezan, se tuercen, se amarran las calles, se mueve al hierro, se enciende al corazón y al hígado, se tuerce a la luz, se agita al silencio, se aprende incluso a ser negociante y a decir verdades.
Y es que en esencia, nuestro mundo está construido de palabras y será así hasta el día en que el silencio se haga y seas feliz aunque sea en vano, no importa; pero mientras haya palabras, ¡sabré que vivo!
¿Para qué tantas p-a-l-a-b-r-a-s?, y aun así, ¿por qué esperar algo más que esto de ti?

PAN

Alguna vez leí por allí una verdad INDISCUTIBLE: "Caminante, no hay camino, se hace camino al andar..."

Intento como mono equilibrista inexperto de circo callejero, arrebatarle un miserable pan a esta amarga vida y aún no puedo porque este pan tiene pólvora dentro, que al morderlo puede estallar como vómito, como pus, como miel amarga y venenosa.
A veces lo intento milimétricamente calculado con idas y vueltas, otras veces como asno desbocado, aburrido y anárquico; la alegría de los inocentes. Lo intento como la mosquita espantada que se posó sobre el granito de azúcar caído sin querer al borde de la mesa, a punto de precipitarse; y sigo.
Mas sigo buscando; si ayer no fue, hoy será. Siempre seguiré, hasta hallar algún pan perdido que nadie reclame, que a nadie le duela hasta lo más profundo de sus dientes; quizá el pan que fue extraviado por el Dios y lamentado por los humanos, mendigando alguna miga caída de él y alimentar a este ser nada humano, bestial hasta su corazón.
Quizá halle algún pan delicioso no hecho para mí, caído por descuido de la mesa sobre el que sobrevivientes de algún barco naufragado intentan mantenerse a flote, desesperados por no caer de ella y terminar entre gusanos y tiburones; como si fuera su última cena, entre pan y vino; copulándole con todas sus fuerzas, sudores y gemidos al hambre y a la sed.
Y una vez hallado el pan perdido; como serpiente le morderé, mojándolo con mis salivas venenosas concentradas por la sed y la indiferencia del hambre para que nadie más pueda comer de él y sentirme así que soy un humano más que marca propiedad sobre este pobre pan.
Ya no me quedan lágrimas originales, casi auténticas, ni ojos de pescado para ello; del naufragio solo me han sobrevivido el hambre y la sed que cuelgan como medallas clavadas debajo de mi piel y lucidas con un honor infame.
Sé que puedo, aunque tarde ya, hacer el pan o quizá convertirme en él; pero es que una estúpida terquedad me alimentó el hambre y el alma, me aviva aún como el aire al fuego pues fue algo del que me alimenté desde niño; el pan que no aprendí a hacer, el que solo pedí, compré y comí. Pan de sueños.
Y sediento busco el agua para calmar y no permitirle a esta sed miserable que pretende ingenuamente quemarme el ser por dentro con el argumento de arrebatarme la vida para no morir y rescatarme así con su amor de prójimo; busco el pan para apaciguar este hambre mezquino abortado de mi vientre desde mi nacimiento, un hambre sin forma, sin peso, sin tamaño, un hambre de todo, de luz y de nada.
Y como un rabioso y cojudo perro que vaga por el mercado de compra y venta de los alimentos, carente de ese hueso llamado inteligencia emocional, sigo compitiendo civilizadamente para sobrevivir, incluso hasta con el posible y presunto amor, por el pan que nos vuelve solidarios, que nos convierte en seres humanos, que nos hace ver al Dios, solo después de haberlo tragado. Pan mágico, de metamorfosis, de harina y cal.

martes, 1 de septiembre de 2009

SOMOS UNA FORMA EN BÚSQUEDA DE SU ESENCIA, LA RAZÓN DE VIVIR Y MORIR

La vida es como las nubes, resulta vano encontrarle un significado, una forma definida; que las nubes importan tan solo por lo que son, vapor de agua y no son lo que nos parecen sus formas, su apariencia.
La vida es solo un momento como las nubes, una temporal forma dinámica de la materia por dentro y por fuera, buscando su esencia que no tiene ni nunca tendrá e incluso buscando algún Dios que justifique su ser, su vida.
La vida viene y se va como las nubes, que sus rayos luminosos parecen ser los sueños que perdimos enterrados bajo la tierra repleto de sueños en su interior que nos dan razones, los motivos para seguir viviendo y germinar.
La vida es inexacta como las nubes, no tiene medida en su extensión, ni simetría ni razón de ser, que mi vida ya la vi pasar en una nube pero no me di cuenta y lo peor es que no me acuerdo cuándo ni cómo fue.
La vida se diluye o precipita como las nubes, que lo mismo hubiera dado ser un árbol de aliso o que ser una lombriz de tierra o una estrella de mar o un virus incomprendido que defiende sus derechos para vivir.
La vida es tan frágil y dura como las nubes, que el viento forma les da cual soplo de algún Dios, que querer atravesarla con una espada, con un puñal cual rayo, es acabar con su forma para así alimentar a otras formas inclusive.
La vida se nutre del agua como las nubes, que la tierra al escapar un día de su prisión en el inmenso mar, los seres y las nubes fueron rescatados por el Sol de aquella prisión para que las aves pudieran nadar en ellas, desafiadas por el hombre.
La vida acaba como las nubes.
La esencia de la vida es buscar su esencia y nunca hallarla porque no la tiene.
La esencia es negar la temporal forma dinámica de nuestra materia por dentro y por fuera de uno mismo.
La esencia es el movimiento de la materia de sí mismos, caóticamente ordenado por mí al intentar descubrirla y enmarcarla sobre mi pared.
Es la libertad, para que los seres de muchas formas dinámicas busquen absurdamente su esencia, algo más allá que la materia: algo así como ¡la nada!, el alma, el espíritu, el cielo; y vivan y mueran buscándola sin percatarse de que aquello podría estar en la sonrisa de los niños, en el perdón del Dios conceptual, en la alegría de los inocentes, en la verdad y en la responsabilidad por nuestros actos, en la justicia de nuestros hechos, en la solidaridad para con los más débiles y enfermos, en la fecundación del óvulo por el espermatozoide, en el acto de la cópula, en el acto de parir, en el pan que alcanza en la mesa; que sin los cuales solo seríamos formas; como la vida, como las nubes, y que sin las cuales la temporal forma dinámica de la materia por dentro y por fuera de uno mismo sería en definitiva la esencia de la vida y también la muerte en movimiento, caminando, respirando, hablando, descomponiéndome en vida, un juguete del presunto destino.

DESNUDANDO AL SER Y AL NO SER

Me puse las apariencias sobre mí, me puse la dentadura postiza, las ropas aparentemente entalladas a mi cuerpo de siempre y todo por no herirles a los hombres de este mundo y así agradarles a pesar de mis cicatrizadas úlceras estomacales que mis ojos intentan traslucir fidedignamente.
Mas, fue todo lo contrario el día en que olvidé las apariencias en algún lugar que hoy no recuerdo; vi que aquellos se compadecieron de mí, se asombraron de mi aparente nueva y pobre realidad, algunos sintieron lástima, algunos indiferencia al no conocerme y otros se alegraron por mi desconocida desgracia y se sintieron felices puesto que se consideran como mis enemigos aunque sé muy bien que la altura de mi verdadero enemigo no nace aún, ni nunca nacerá como para llamarlo así.
Al verlos dolerse triste o alegremente por su ausencia en mí, sin darse cuenta me confundieron con un espejo donde viéronse reflejados y temieron perder las apariencias de sí mismos y terminar convertidos así en unos aparentes desgraciados en camino de serlos.
Sin las apariencias cubriéndome, adornando a mi cuerpo, con las ropas sucias por esta vez y viejas de siempre, con el cabello revoloteado por el viento, con los ojos agrios de siempre que desnudan y asustan, ahora me sintieron como a un loco triste; abandonando ellos por mí, extraviando, perdiendo aquello que ellos idearon en mí, que construyeron con sus ojos en mí, y yo se los permití como estúpido cómplice. En medio de todo esto, pareciera ser un ladrón que roba medias verdades y grandes mentiras de los demás para dejarlas volar en libertad hacia algún lugar o talvés hacia ningún lugar que no importa.
Siendo ya solamente una compleja forma de materia simple por dentro y por fuera de mí, con cabeza, tronco y extremidades, aunque pudiendo haber sido de otra forma, resulta por demás estúpido que sea cubierto con otras formas de materia sobre mi cuerpo, y más aún, cubriéndola con las apariencias para fingir, para suponer lo que debería ser ante los ojos de los demás y así complacerlos.
Si yo fuera un ave que vuela, que solo vuela no importa cómo, aunque sea de espaldas al suelo, y las apariencias fueran mis plumas, dichoso las cuidaría, las adoraría, pero no lo son aunque se le parezcan.
Me confundí tanto de aquellas apariencias que un día inclusive las llamé dignidad, inclusive como derecho en el colmo de mi dignidad, apariencias por las que aún sigo dando partes de mi vida, y me la sigue dañando, la sigue hiriendo, la hace sufrir, y mucho mas por el sufrimiento de los demás que en el fondo de todo realmente se compadecen de sí mismos viendo en mí a las apariencias morirse lentamente.
Me he visto miopemente desde lejos comprendiendo que el juicio del mundo a estado colgado de mí como artista que elabora su obra de arte con sus ojos y sus oídos, prendido alimentándose de mis apariencias y hoy que las estoy olvidando al punto de perderlos, el mundo está perdiendo el juicio pudiendo así sentirme ya como un loco alegre ideado solo por mí y que construyo solo con mis propios ojos aunque miopes pero extraordinariamente superiores a los normales que un día tuve, que el mundo me legó.
Ahora sé que he recuperado a mi cuerpo que estuvo secuestrado por las apariencias de los demás en complicidad con las mías. Apretando mis orejas contra mis ojos esta vez sí alcancé a morderle a mi cuerpo que sangró abundante y realmente sentí el dolor al haber arrancado un trozo de ella tragándome su esencia absurda y escupiendo la cobertura en la que se hallaba envuelta, prisionera, escondida, encadenada. A veces pienso que lo que escupí realmente era mi esencia y lo tragado la envoltura.
El mundo, la vida, el ser, son solo formas de materia circunstancial y de un momento determinado que me hacen suponer que estoy vivo y que mi vida solo es un supuesto que intenta no serlo a toda costa e inclusive con la ayuda de las apariencias que mueren y que por ende va muriendo mi supuesta vida, mi supuesto ser, para morir y llegar a ser finalmente un no ser, el otro supuesto ser.

FLORES A LA FUENTE POR QUE MONEDAS NO PUEDEN SER


He arañado con las pupilas de mis ojos las carnes blandas y los huesos duros literales de Vallejo.
Los he devorado como amado antropófago que moría solitario de un hambre, de una pena y de una sed inciertas para sentirme un poco más humano, ¡un poquitito más!, en este candente e inmenso desierto en flor que inunda mi ser.
Dejando finalmente solo los restos de papel, sudor y tinta que yacen supuestamente olvidados en el librero que se ha cubierto de telas extrañas de una araña que vigila su hogar y sus huevos fecundados por mí esperando que alguna mosca desconocida se detenga a beber los restos de mi macabro y agridulce festín.
Sus mudas voces en lento remolino que cegaban a mi oscuridad han cortado mi alma de vidrio, fracturándola.
Aquellos cortes hechos con un diamante, desgraciado pero solidario, que fue germinado átomo a átomo, molécula a molécula, carbono a carbono, construido vuelta a vuelta cuidadosa y delicadamente, pedazo a pedazo como con las manos de un artesano.
Manos dolorosas que dejan sus huellas en cada trazo, en cada palabra martillada en el yunque de su dolor, de su ser, de su cuerpo, de sus huesos, cuidando que la sangre sea una sola sangre y que el dolor sea un dolor que produzca amor en la médula de sus huesos, en el centro ingrávido de sus palabras que cayó como lágrima diciéndome: “hermano, la vida es posible aún”.
Para quizá recordarnos, cual presunta imagen de un Cristo enfermo de tuberculosis que todo el dolor del mundo fue ya vivido por él aún sin haberlo soñado ni esperado.
A veces su imagen incrédula que me hace dudarme se me parece a una garrapata prendido de sí mismo para no morirse envenenado con el dolor del mundo si lo bebiera de un sorbo, para no robarle a la pobreza lo poco del amor que les sobra que es el dolor que les dejaron sobre la mesa en forma de pan.
Y sentir que es un hijo adoptivo del dolor para tenerla como madre, como padre, como prójimo, como aliento para seguir viviéndose, buscando calculadamente con los ojos cerrados distinguir los hermosos colores del arcoíris y tocarlos, aquellos que solo el verdadero Dios, aquel Dios no humano puede distinguir con sus manos y su corazón.
Mejor hubiera sido que legara una sola palabra importante y necesaria para el mundo y nada más.
Podría haber sido una palabra derecha o una palabra izquierda, quizá una hacia arriba o aquella hacia abajo, quien sabe hacia adentro o hacia afuera.
Podría haber sido de muchos colores o tal vez negra, absurda e insignificante como la luz incierta del mediodía. Pero no.
Aquella palabra fue solo de carne y huesos cultivados amorosamente por su madre dentro de las piedras de Santiago de Chuco para que el dolor de los pobres de aquel lugar florecido hermosamente en medio de las suplicantes y sedientas chacras, pudiera beber de él ante tanta sed de amor, sed de cariño, sed de solidaridad, de libertad y de justicia.