miércoles, 17 de febrero de 2010

DEMONIOS FUGITIVOS

Cierta vez, cuando en la tierra ocurría diariamente el bien y el mal, el Diablo decide convocar a un congreso de todos los demonios. El tema a tratar es si seguir haciendo el mal a toda la humanidad o retirarse para siempre de la vida de los hombres. Se hace una votación a mano alzada y todos coinciden en retirarse para siempre sin excepción arguyendo razones personales y que ya estaban hartos de que les culpen de todo lo malo que ocurría sobre la tierra.
Esta reunión no fue conocida por el Dios puesto que estuvo muy ocupadísimo haciendo el bien sobre la tierra y cierto día de fines del mes de Diciembre recibe de sorpresa la visita del Diablo para ponerlo al tanto de la decisión tomada en el mismo infierno con todos los demonios, de que se largarían para siempre del mundo de los hombres por que ya estaban hartos de ellos y de él y que sean siempre los que carguen con casi la totalidad del peso de los hechos de la naturaleza y principalmente de los hombres.
Lo que tenían planeado también los demonios era el de querer darle un escarmiento al Dios y a sus ángeles para que ellos no les vuelvan a echarles la culpa de todo lo malo que hacían él y sus demonios y de todo lo malo que hacían los hombres sobre la tierra.
La propuesta sonó ante el Dios como un imposible, un absurdo, algo totalmente ridículo, por no decirlo muy estúpido que en un primer momento le hizo sonreír pues oía una propuesta que parecía la más sabia que habían tomado desde el día aquel en que se rebelaron de él, pero luego casi inmediatamente se puso a pensar en las consecuencias de aquella aventura y se preocupó de aquella firme decisión del Demonio. Fue la primera vez en la vida del reino celestial en que tomó muy en serio tal proposición.
El Dios desesperado, no sabía qué hacer, puesto que en la vida de los hombres ambos eran necesarios y mucho más aún, él; primero al Diablo le exigió a la fuerza para que se quedasen, pensando ofrecerles más libertades pero dudó de ello. Después le rogaba a regañadientes de que se quedasen porque él decía: "¡Qué sería de mi y de la vida de mis ángeles si tus demonios y tú ya no hicieran el mal, de qué serviría mi presencia y la de mis ángeles si ellos ya no estaban, pues a quién culparían de todo lo malo que hicieran los seres humanos!" y dedujo que con mucha seguridad los culparían a ellos de todo lo malo que sucediera en la vida de los hombres sobre la Tierra.
El Diablo no hace caso de su pedido que parecían súplicas, actúa desobediente como siempre y abandona atropelladamente el reino del Dios o el Cielo. Luego se dirige a la Tierra para comandar la retirada de sus demonios y emprender una nueva vida que según ellos sería su propia vida libres del Dios, de los ángeles y de sus cómplices los insignificantes hombres. Atraviesan la atmósfera de la Tierra y no queda ni un solo demonio, no queda absolutamente ninguno. Se marchan cansados ya, a una galaxia lejana y desconocida donde nunca más los puedan hallar y hacer de ese lugar un sitio para vivir tranquilos y felices, regaladamente y para siempre, sin enemigos a quién enfrentar ni seres humanos inútiles a quienes seguir molestando ni ser molestados por estos.
A partir de entonces el Dios no volvió a saber más del Diablo y de sus demonios; por cierta sensación propia de su divinidad no quiso saber ni hablar más de ellos.
Pero la preocupación le embargaba, pensaba que su vida y razones de ser en el mundo de los seres humanos habían terminado, y en cierto momento se le pasó por la mente hacer lo mismo que hizo el Demonio y retirarse con sus ángeles a buscar una vida más calmada y libre de preocupaciones y dejar que los hombres decidan y se hagan responsables por sus actos buenos y malos, por su destino, por sus vidas. Pero se da cuenta que con aquello lo único que conseguiría sería el de ser olvidado por muchos y también dejaría en el abandono a muchos seres humanos que sufren y que necesitan de él para poder vivir.
Pero piensa y se le ocurre que pudo haber quedado algún demonio escondido en la Tierra y en el infierno (que según la tradición oral estaba debajo de la Tierra o en su centro), pero no halló a ninguno. En su gran preocupación llegó incluso a pensar de que a los últimos que salvó del infierno podría volverlos a ese lugar ante el menor error que cometiesen nuevamente, mas todos los ángeles y los perdonados se aferran a la gracia y perdón adquiridos, nadie declina, todos se ponen firmes en su posición, nadie en su sano juicio pretende volver al infierno otra vez.
Mientras ello ocurría, un sacerdote era testigo de estos sucesos a través de sus sueños ya que un ángel le puso al tanto de los acontecimientos. No lograba comprender lo que sucedía y peor aún, no podía hacer nada, no tenía ningún modo de hacer algo, no podía.
Pues cuando supo que todos los demonios se fueron; el ángel que le avisó era el único que le consultaba sobre las cosas que se podrían hacer. Más aún porque el Dios les había planteado a todos los ángeles y espíritus del cielo el retirarse e irse lejos de la Tierra y de la presencia de los hombres ya que el Dios se dio cuenta que a pesar de haberse retirado el Diablo y sus demonios, los hombres seguían haciendo el mal.
El sacerdote pensó que era el fin del mundo puesto que los seres humanos se quedarían sin el Dios, pero suspiró aliviado entre sus sueños cuando el ángel que le consultaba regresó para decirle que el Dios a pesar de todo lo que estaba ocurriendo había decidido quedarse y no abandonarlos a su suerte. Sudoroso el sacerdote, despertó. Se dio cuenta de su sueño y como por un impulso imperceptible apareció arrodillado al borde de su cama y se puso a rezar: “Padre Nuestro, que estás en mi mente y en mi corazón, haz que tu reino me alcance, limpie e inunde mi pensamiento, perdona a los que nos ofenden y a nuestros errores, oriéntame en las tentaciones y el sufrimiento, ayúdame a no caer en el error porque débil soy y pobre en el amor a mi prójimo y a mí mismo...”. diciendo esto se quedó dormido al borde de la cama.