viernes, 12 de febrero de 2010

LOS PROBABLES ACUERDOS COMERCIALES Y DE PAZ PARA LA CONQUISTA DEL PERÚ

Habiendo ya pasado como se dice la base cuatro y presentado la ocasión de responder a la pregunta de un niño en la institución donde laboro y que me hizo recordar cuando se la formulé también no solo a mi profesor de primaria sino a mis familiares y otros de aquella época, me vino a la mente muchos recuerdos de las respuestas casi uniformes que las acepté solo porque sí pero que el conocimiento de la historia y del desarrollo de las sociedades y del pensamiento humano me llevan a escribir el presente artículo.

Lejos de nuestra visión cavernaria (con nuestro cerebro lavado, manoseado y parametrado en razón del mestizaje y de la paz coyuntural) de la historia de las antiguas comunidades humanas, la creación de por ejemplo observatorios solares rudimentarios por parte de ellas nos hacen ver que aquella visión del pasado histórico es totalmente errada al igual que creemos que tenemos una inteligencia superior a ella. Muchos peruanos en la actualidad y no específicamente analfabetos sino con una formación profesional todavía arrastran ese complejo o prejuicio.

Sabemos ya que el comercio marítimo a lo largo de toda la costa sudamericana si bien habrían sido cubiertos en periodos de tiempo relativamente largos y sujetos a las variaciones en las corrientes marinas, con el comercio no solo se llevaban productos sino también culturas, creencias, formas de vida y de organización, noticias, historias sociales y políticas transmitidos oralmente.

Desde mucho más antes de que se estableciera el Imperio Inca hasta los límites que teóricamente se le asigna tanto por el norte como por el sur (tener influencia no significa necesariamente tener el control sobre ellas y no que al revés éste imperio haya tenido influencias de éstos).

En ese contexto, los sucesos y acontecimientos del imperio emergente Inca (así como de las culturas pre incas) habrían trascendido por todas las rutas de comercio conocidas y sus fronteras asignadas. En base a estas noticias culturales, sociales y políticas, los conquistadores españoles habrían estructurado la manera de preparar su ingreso al incipiente país de los Incas, es decir, planificar con anticipación las acciones y estrategias de la conquista del antiguo Perú. Es difícil de creer de que si bien las relaciones comerciales entre Incas y centroamericanos ya era un hecho, los españoles no hayan establecido posteriormente relaciones comerciales con los peruanos del antiguo Perú y del imperio Inca previo a su llegada militar.

La comidilla risoria que representa la figura del indio Felipillo norteño (a relativa semejanza de la Malinche en centro América) en nuestra historia que transmitimos a los estudiantes de primaria y secundaria no es más que una burla caricaturesca de los referentes de la traición que encarna el Judas Iscariote de la ideología católica-cristiana hispana para tratar de explicar lo acontecido en la conquista del Perú y sus consecuencias. Es una burla al sentido común y a la inocencia de los niños al que los maestros podríamos recurrir.

A estas alturas el cuento español del Atahualpa cuando arrojaba al suelo un texto religioso llamado Biblia (escrito por intelectuales e ideólogos primero judíos y luego por católicos inspirados en un hombre convertido por ellos en Dios) y que según algunos fue “la señal para su captura” resulta solo una explicación justificiosa o justificadora de la acción encubierta de los militares españoles en territorio dominado hasta ese entonces por los Incas (una cortina de humo de aquel tiempo instrumentada probablemente por los cronistas de la conquista y reproducida hoy por cineastas en películas o documentales al respecto con medias verdades basados en cierto modo en hechos concretos).

Cabe la posibilidad en esas condiciones, y que por obvias razones no figurarían en textos ni crónicas españolas, que se habrían enviado al antiguo Perú mensajeros secretos, entrenados y/o reclutados en México posiblemente para realizar acciones de espionaje para elaborar un plan sostenible, ejecutable, viable, exento del azar y la suerte ya con la gran experiencia y aprendizaje de guerras de resistencia primero contra los árabe en Europa y luego con la conquista de Centro América.

Es muy probable que ya se habrían realizado contactos previos con aquellos líderes desplazados y relegados por los Incas y que anhelaban su independencia y recobrar sus privilegios conculcados como mencionan muchos historiadores. Bien sabemos que una guerra no se puede iniciar a la suerte. No son creíbles los argumentos infantiles que se traducen en los libros de historia del Perú como el de que los indios como los llamaban no podían distinguir de un hombre y de un animal llamado caballo (solo un idiota o intelectual con el cerebro pobre y adormecido puede aceptar semejante argumento), que los españoles llegaron como semi dioses o dioses parecidos al Dios andino viracocha como si los Incas fueran unos ignorantes y pobres imbéciles que apenas llevaban unos trapos encima y vivían como podían y que vivían aislados del contexto internacional sin saber ni estar informados de las atrocidades cometidas por estos invasores en Centro América (significaría a insinuar como que el imperio de los Incas en la práctica no existía, que los españoles eran tan ciegos que no la podían ver y que llegaron a nuestras costas de manera casual). Todos aquellos que conformaban la élite del imperio entre la clase gobernante en todo el imperio sabían de las experiencias de los españoles en Centro América así como de su potencial militar terrestre y marítimo así como de su accionar. Siendo los emperadores Incas también grandes conquistadores, el ignorarlo no cabe como posibilidad, sería absurdo, un grave error. A todas luces, estas historias pretenden emular al libro del Génesis recopilado en la Biblia para explicar el origen del Nuevo Perú con la dirección de los españoles (en España el religioso y miserable Sepúlveda en su fanatismo religioso contribuyó a consolidar y desarrollar esta idea para justificar la conquista y el exterminio de los catalogados como indios o indígenas del Nuevo Mundo).

Siguiendo esa premisa, la guerra civil desatada en el imperio Inca, entre Atahualpa y el extinto Huáscar, y aun vigente pese al control militar ejercido por éste (en la lucha contra los antecesores de Manco Inca), habría servido muy probablemente para lograr una incipiente alianza entre Atahualpa y los españoles para consolidar su poder tanto en el norte como en el sur del Tahuantinsuyo (no los habría percibido como un peligro dadas las similitudes en sus formaciones religiosas e ideológico-políticas según mi perspectiva y no tanto porque hayan sido solo 100 los conquistadores que llegaron por el mar y tocaron virginal y sacrosantamente en nombre del cristianismo las costas del antiguo Perú sin el conocimiento ni la autorización de quienes se dicen llegaron hasta el Nudo de Pasto en Colombia como radio de acción de su imperio Inca). Sin sospechar que las conversaciones ya iniciadas antes de la llegada de los españoles al antiguo Perú con sus emisarios-embajadores por lograr unos “acuerdos de paz y comercio” le significaría una traición por parte de sus presuntos aliados de turno y en potencia. Los españoles habrían decidido no ser la segundilla (en razón de su condición de invasores imperialistas) en este escenario social, político, religioso y militar sino ser quienes definan la suerte y el curso de la historia en el Nuevo Perú, para eso habían desembarcado sin peligros de ataques y luego movilizarse en total libertad en su marcha hacia Cajamarca. La moral como valor religioso (la acusación a Atahualpa de matar a su hermano) fue el argumento inicial para lograr sus propósitos ya definidos con antelación que avalaran sus acciones políticas y militares (lo religioso vía la extirpación de idolatrías vendría después de consolidar su presencia con las alianzas con todos aquellos contrarios a la ideología Inca tal como el lector puede obtener documentadamente como por ejemplo en los trabajos de Waldemar Espinoza Soriano).

Luego vendría la historia que conocemos y que se nos muestra en libros y vídeos probablemente con la misma intencionalidad un poco difícil de tergiversar y de presentarlo maquillada y oficialmente (hago alusión de los “historiadores modernistas” que pretenden “borrar” de los libros de historia y de nuestra propia historia los hechos de la guerra con Chile de 1879 en el afán del desarrollo de un neoliberalismo intervencionista y neocolonial presentado como democrático, comercial y pacifista tal y como se habrían presentado los embajadores o emisarios de los invasores españoles en el Imperio Inca). Podría asumir que la historia desde antes de la Independencia como la conocemos es de una gran probabilidad falsa concretizada básicamente por los cronistas españoles regidos básicamente bajo la premisa de la construcción del Nuevo Perú “Oficial”. Ningún español en su sano criterio y juicio habría registrado hechos que pusieran en tela de juicio el accionar de los suyos y de sus aliados (que pudiera ser utilizado por sus enemigos, mucho menos ser permitido por la corona española) más que solo eventos concretos acomodados a sus necesidades de conquista e intervencionismo global de los que se guardan registros y que muchos otros probablemente (documentos secretos) hayan sido destruidos por los sucesivos monarcas que se turnaron en la corona española.
No es pues cierto ni válido el argumento de resentimiento (que algunos profesores pudieran estar trasmitiendo a sus niños) que se nos pretende hacer ver y sentir respecto de la figura de Francisco Pizarro al presentarlo como un pastor de chanchos en un intento mezquino de ridiculizarlo por su origen social (hoy no cabría alabar a Alejandro Toledo por haber sido desde niño un lustrabotas ni menos ridiculizarlo por ello) pero representante visible de la conquista hispana (ello parece más la expresión propia de quienes no pudieron destruir a las corrientes libertadoras del norte y del sur concretizadas incipientemente el 28 de julio de 1821) y con ello en apariencia ridiculizar también despectivamente a los derrotados (menos contribuye a su defensa o gloria el hecho de presentarlo como Conde o Marqués de Castilla o de lo que fuera para alabar el ego y la racionalidad de sus descendientes en nuestro país). Razones para ellos válidas pues su éxito se debió a la acción principalmente de los intelectuales del clero guerrerista español vinculada a la clase aristocrática y emerja este argumento como producto de una pugna de intereses ajenos a la realidad nacional y a nuestra incipiente racionalidad producto de la gesta emancipadora.