miércoles, 17 de febrero de 2010

MANZANAS Y NARANJAS, NARANJAS Y MANZANAS


Cierta vez hubo un árbol viejo de manzana que ya producía sus frutos. Burlonamente con palabras agradables llevadas por el viento hasta un árbol de naranja, que, ubicada más o menos lejos, recién había brotado del suelo y abierto sus primeras hojitas, le decía lo siguiente a manera de presentación: "Tú eres un árbol de manzana", “las manzanas son muy riquísimas, muy agradables", “son unas plantas hermosas”, y también le decía: "Disculpa por no haberme presentado primero, yo soy un árbol de naranja", "las naranjas somos horribles, desagradables, asquerosas y feas como verás".

Después de ello, ante tanta persistencia casi diaria por parte del árbol de manzana, el árbol de naranja creció con esa creencia y cuando ya maduró pensaba que daba manzanas y se sentía contento, orgulloso de ello; luego les hablaba a los demás árboles de naranja recién brotados del suelo de las bondades y maravillas de las manzanas creyendo hablar de sí mismo tal y como se lo habían hecho creer.

El árbol viejo de manzana se dedicaba a disfrutar de sus travesuras que un día perdió todo interés en la ingenua planta de naranja ignorándolo por completo. Así, cuando un día brotó del suelo una semilla de manzana, el árbol de naranja que creía dar frutos de manzanas le dijo a aquella semillita germinada de manzana, que aquella “era un árbol de naranja”.

Lo mismo sucedió con todas las demás semillitas germinadas del campo ya sean manzanas (a quienes les decían que eran naranjas) o naranjas (a quienes les decían que eran manzanas).

Sucedió un día después de muchísimos años de confusión en que el árbol viejo de manzana sin haberse percatado de las consecuencias de su broma (por burlarse de la ingenuidad y presumir de inteligente inventando el cambio de nombres para que lo alabasen y alabarse a sí mismo) ya muy viejo se enteró de que todas las plantas de naranja del bosque creían que daban manzanas y que todas las plantas de manzana del bosque creían que daban naranjas siendo él el único que siendo árbol de manzana creía que daba manzanas y nadie se lo creyó cuando lo hizo saber a los demás quienes se burlaron de él y riéronse a carcajadas que llevó el viento por todos los confines del bosque.

Y fue así que terminó sus días creyendo tener la razón, la verdad de las cosas que no sabía cómo demostrar a los demás. Murió en una total indiferencia aunque convencido de que él era un árbol de manzana que daba manzanas, pero a los demás eso ni les importó, que lo contaban como anécdota a las demás generaciones, de que un día hubo un árbol viejo de manzana en este bosque (que para todos era un árbol de naranja) que creía que daba manzanas y no naranjas como todos los demás.