viernes, 26 de febrero de 2010

¿QUÉ ESPERAMOS DE LAS EVALUACIONES EN ESTE SISTEMA PSEUDO DEMOCRÁTICO?

Lo observado estos últimos días en las evaluaciones ejecutadas por la "comisión" el nombramiento de miembros ante el Concejo Nacional de la Magistratura (CNM) solo es un pequeño esbozo de la esencia del sistema político peruano que se extrapola a otros sectores como el de educación.

Los "miedos" a estas evaluaciones dentro del contexto de leyes corruptoras diseñadas supuestamente para "mejorar" (tèrmino muy pendenciero empleado por sus promotores) cualesquier sector están justificadamente sustentadas por quienes quieren ser jueces y partes en estas "evaluaciones" con gente dice de "gran reputación". Harto papel higiénico para mis oídos como si no supéramos las artimañas que se pueden hacer para bloquear o impedir el acceso de determinados grupos o sectores sociales y políticos o ideológicos de la población de nuestro país.

Quien piense que la corrupción está enquistada en el sistema político nacional o al menos lo sospecha pues es probable que no se equivocará.

Nada resuelve el cambio de personas ni mucho menos uno solo de ellos en cuanto a cualquier "comisión evaluadora" por más que se jacten de la madurez suficiente o de la calidad profesional y ética o como se le quiera denominar. Si hasta dudo de mis palabras de tanta formalidad evaluadora.

Nadie puede dudar que para la toma de las decisiones de cualesquier comisión evaluadora en cualesquier sector pesan ya cuestiones de estado, es decir, de servir de filtros depuradores no de la calidad de las personas sino de la afinidad de las mismas con el sistema (y por ende con la corrupción). ¿Qué podíamos esperar? La respuesta viene por sí sola.

La causa está en las experiencias de la guerra no contra la dictadura fujimontesinista y contra la corrupción sino están directamente relacionadas principalmente contra el Partido Comunista del Perú liderado en las décadas pasadas por Sendero Luminoso y que son las principales fuerzas motrices para la toma de decisiones de estas "comisiones" que buscan consolidar el poder del sistema y no de grupos de poder aunque ésta sea solo su expresión.

Creo que esta comisión evaluadora para miembros del CNM es la que entalla perfectamente con los requerimientos del sistema y su renuncia o cambio total y como lo pide Villa Stein atenta contra la legalidad (pese a sus remiendos y adornos que se les hace, puesto de manifiesto ya por el Decano del Colegio de Abogados del Perú) estructurada para ese fin, el de consolidar un sistema sólido y fuerte en sus propias terminologías.

Cualquier ingenuo o individuo que no compatibiliza con el sistema, que se somete a unas evaluaciones cualesquiera, en este contexto del sistema, creyendo en las transparencias de las mismas (y la "alta calidad profesional" de quienes la realizan) más aun si son cargos de gran importancia en el Estado, está pues fuera de lugar, desubicado. "Esto no es un paseo" como dicen los luchadores del magisterio pero algunos parecen sadomasoquistamente aceptarla como si nada y con razón.

Podríamos decir en este contexto que la guerra dentro de la paz (pugna y colusión) sola da frutos dentro de la paz y no dentro de la guerra (como espera tercamente el camarada Artemio). Es una condición de gustos en los estertores de la guerra fría entre los "ganadores y perdedores" de la lucha contra la corrupta dictadura fujimontesinista y no contra el sistema político social establecido.

Hablaremos entonces de la "corrupción de calidad" y de los "corruptos de calidad" la que pesa sobre los demás y que hoy mediáticamente parece estar tomando nuevamente las riendas del sistema con Alan García y el APRA a la cabeza.

Es chistoso el pedido reciente de la cómica aprista Lourdes Flores Nano en el sentido de conformar un "Frente en la Lucha Contra la Corrupción" a nivel nacional y del que el gobierno ahora hace propaganda. Hay que ser un idiota, un imbécil o un grandísimo hijo de puta (parafraseando a los términos empleados por Hernando de Soto en referencia al escritor) para no saber o pretender no saber a lo que se están refiriendo.

Una cosa es ser un chistoso y otra un pendejo. Lo chistoso lo podemos asimilar pero lo pendejo no.