sábado, 27 de marzo de 2010

EL HOMBRE MOSCA FILÓSOFO Y LA CACA

Erase el hombre mosca filósofo que no lo parecía escondido en su apariencia repugnante pero agradable y graciosa, que en su crecimiento y desarrollo doméstico un día volando encontró un pedazo de mierda humana humeante, recién defecada, hez atractiva, colorida, agradable, sublime y olorosa, apoyada sobre el suelo en todo su reciente esplendor y forma. Si bien creía que era igual que las mierdas que conocía, no lo aparentaba, no lo parecía y quiso demostrar que aquella caca era igual a las demás tomándolo como al gran reto de su vida.

Un día se acercó demasiado por el interesante olor que emanaba, la probó y se unió a ella de por vida quedándose orbitando alrededor, cual satélite lunar. Desde allí filosofa, goza, sufre e intenta aprender a amar.

Una mosca filósofo travesti que busca un delicioso manjar hecho hembra a la altura de su vuelo y la seguirá buscando y la perderá cuando la encuentre con su aroma de hembra porque simplemente no pretende reproducirse dentro del estiércol sobre el cual orbita y absurdamente pretende negar.

Ya casi sin vida propia en su terco afán, agazapado a la hez desesperadamente para sobrevivir, pretende existir observando su color cambiante, sus olores progresivos, bebiendo el alcohol de la fermentación, filosofando, sin saber cómo romper con esa atracción fatal que lo acaba y poder ser libre (más parece que de sí mismo que de la mierda) aunque ello le signifique el hambre y quizá la muerte.

Furioso por estar sufriendo, ¡sólo!, el infierno de mierda legado por el hombre, vuela en círculos incesantes repetitivos y por el perímetro de la hez buscando demostrarse a sí mismo su superioridad sobre aquella mierda vista desde arriba por él y a veces con ganas de copularlo.

Cierto día se quedó dormido a un lado después de haber bebido los líquidos muy fermentados que exudó la caca. Como por artes mágicas, durante la oscuridad a la caca le salieron piernas, brazos, cuerpo, cabeza y se marchó. La mosca filósofa al despertar y no hallarlo se desconcertó y se desesperó pues aquella mierda que odiaba en el fondo le parecía admirable en relación a las demás, le daba cierto sentido a sus actos y le incitaba al desarrollo de su inteligencia.

Molesto por el repentino abandono, y sin su consentimiento según él, pues creía que había logrado cierto nivel de dominio, de posesionamiento sobre aquella y sobre las demás mierdas, comenzó a buscarla por todos lados pero no la halló. Pensó que quizá habría sido solo un sueño en pesadilla pero habían quedado las huellas sobre sus patas y sobre la Tierra, se sintió desmotivado, neurótico y deprimido pues no había logrado descubrir básicamente cómo era él creyendo que la caca sería como un espejo donde algún día podría haberse mirado con exactitud filosófica.

Una paloma posada sobre la rama de un árbol, que había observado estos hechos, sintió compasión por aquella mosca travesti filósofa descontrolada y la veía sufrir por dentro de sí por culpa de aquella mierda que se fue y sintió cierta indignación también sin explicarse porqué. La mosca al darse cuenta de su presencia por el olor que emanaba, raudamente se acercó y voló sobre ella intentando posarse sobre su cloaca. La paloma no le permitió y molesta por la actitud de la mosca le dio un certero picotazo rompiéndole las alas y quebrándole el tórax al vuelo apagándose la vida de la mosca filósofa mientras caía al suelo, pero no se lo tragó.

La paloma lo miró con tristeza, apenada suspiró antes de alzar el vuelo y se fue. Volando distraída pensaba si era posible que las moscas pudieran resucitar en abierto desafío a su naturaleza pero comprendió que aquella mosca actuó así porque tenía mucho por aprender y muy poco por enseñar.