sábado, 6 de marzo de 2010

INTELIGENCIA Y ALIMENTACIÓN: SEGUNDO DÍA DE CAPACITACIÓN UGEL-HVCA

Procuraré referirme más a mi intervención argumentativa que a la participación de algunos ponentes pues ellos mismos tendrán que hacer su autoevaluación ya no con la crítica secundona de sus actos sino de aquella que surge espontáneamente del auditorio.

A todas luces, no todo lo que brilla es oro.

Voy a referirme a la ponencia de un docente representante de la UGEL en horas de la tarde que en su parlamento hizo mención de una situación que desde que ingresé a la carrera magisterial solo ha servido para poner en evidencia unas contradicciones que en una correcta interpretación no son tal.

Hizo referencia de sus apreciaciones de cómo en la ciudad de Lima específicamente en San Juan de Lurigancho alumnos de algunos colegios estatales rendían mejor que los de colegios privados y en base a esas evidencias y talvés a las deducciones de su propia experiencia argumentó que la inteligencia y el aprendizaje no tenían nada que ver con la alimentación.

Ello fue retrucado posteriormente por algún docente que en su apreciación empírica en el ámbito rural de Huancavelica dijo que sí era importante. Ya el primer día de la capacitación, docentes del auditorio argumentaron que lo económico era lo más importante en la zona rural en primer orden y fue percibido en cierto modo más como un enfoque político interesado por parte del magisterio que este gobierno ha tratado y trata de destruir como parte de la problemática propuesta como solución.

Muchas de las confrontaciones de este tipo en los que parecen haber contradicciones no lo son y referente a ello haré un detalle de mi intervención ya casi antes de finalizar la capacitación.

Dije que ambos tenían la razón, por demás algo absurdo a la vista.

Comenzaré aquí con mencionar que nuestra concepción de la vida, aun hasta en estos días pese a los avances en las ciencias y tecnología, es diversa, es decir, unos están del lado de las teorías materialistas de Darwin y de Oparin que escribió hace más de 100 años atrás sobre “El Origen de la Vida” y las teorías idealistas de la Creación Divina. No está por demás decir que trataré sobre ellos más adelante específicamente en cuanto al origen divino del concepto del Dios y que los lectores religiosos no deben de preocuparse pues ésta idea o mentefacto (empleando la terminología de Zubiría) solo desaparecerá con la extinción natural o inducida de ellos mismos, y, que no defenestro del valioso aporte de la idea-concepto generada por el Cristo en la deconstrucción del pensamiento o de la estructura mental de cualesquier individuo.

Oparin en base a los avances demostrados por la ciencia detalló sobre “El Origen de la Vida” pero nuestro reto actual es establecer sobre “El Origen del Pensamiento”. Cierto, en muchos países avanzados ya se estudia al respecto por sus ventajas tecnológicas y científicas, pero en nuestro país estamos en cero y solo ha tenido un carácter subjetivo y conceptual que ha provocado contradicciones (no solo psicológicas) en la sociedad, muchos absurdos y otros concretos.

Mencioné en otros términos que nuestro pensamiento ocurre teniendo como base al cerebro, es decir, la disposición estructural de neuronas y de redes neuronales que se conectan y desconectan permitiendo el desarrollo de los procesos mentales.

Para ilustrar tomaremos a una neurona en específico, que con sus dendritas y axones provoca lo que llamamos como conexiones sinápticas. A través del axón se realiza un intercambio iónico y de electrones (que pueden ser medidos en mili o nano voltios y que el lector puede encontrar en internet); también se transmiten los ya conocidos neurotransmisores. En base a conexiones y desconexiones es que se direccionan los procesos mentales.

Para que aquello ocurra, es decir para que los seres vivos llamados neuronas puedan funcionar como conductores de electricidad básicamente (y otros elementos) contrayéndose y principalmente dilatándose y para sintetizar y transportar a los neurotransmisores responsables del pensamiento bioquímico o bioquímico-conceptual, necesitan de los elementos nutricionales que provienen de la digestión estomacal (de los niños) a través de la sangre. Azúcares para proveer de la energía o ATPs (Adenosina Tri Fosfatos) para la acción oxidativa del oxígeno O2, vitaminas y principalmente de las proteínas en sus formas de aminoácidos esenciales o no para poder sintetizar los neurotransmisores que permitirán que unas y otras neuronas realicen las funciones que los estímulos tanto internos como externos al cerebro las induzcan.

Los niños pobres, para generalizar entre lo rural y urbano, al no ingerir las proteínas necesarias van a indisponer a las neuronas a realizar sus movimientos tanto físicos como bioquímicos, o sea, a no funcionar bien por la ausencia de los elementos básicos para desarrollar los procesos mentales y su registro en la memoria (podríamos denominar como conexiones de largo plazo deconstruibles). Ello se pone de manifiesto en la actitud de los niños como por ejemplo: alumnos distraídos (conversalones, juguetones), que se duermen sobre sus carpetas (el esfuerzo de las neuronas de realizar conexiones y desconexiones sinápticas necesarias, ante la carencia de los nutrientes elementales, se agotan y colapsan provocando interferencias en los procesos mentales y luego provocando la desconexión total con los estímulos electro-bioquímicos incidentes para evitar daños a las neuronas o al cerebro en general –no hay gasolina, engranajes ni llantas-), que miran a los ojos al profesor y aparentemente escuchan sus palabras pero su pensamiento está fuera o en otro lugar (lo confirmamos al estar hablando por ejemplo de la suma y le preguntamos burlonamente sobre de qué color era “azul, rojo o verde” y por no quedarse callado responde cualesquier color). Ello es motivo de que muchos personajes funcionarios molesten a los docentes en el sentido de decirles que no tienen estrategias para mantener la atención de sus alumnos y aprovecharse de una situación que ni ellos pueden explicar coherentemente en sus capacitaciones.

El darle la razón al ponente radica en que en las zonas de pobreza y extrema pobreza, la predisposición de los alumnos es menor que en relación de los niños que tienen buena alimentación (en los que su mal rendimiento se debe a causas de otra índole) por las razones expuestas líneas arriba. Pero aquí radica pues la habilidad y la capacidad de comprensión del docente del estatus quo del niño pobre o mal nutrido y su relación con la comprensión del funcionamiento cerebral (solo percibido desde el punto de vista subjetivo, conceptual, espiritual) en el niño. El trabajo intelectual es pues mayor o se supone que debería ser mayor. Cierto, tampoco comparto la idea que a los docentes de zona rural debamos verlos como a burros de carga a cualesquier proyecto provenientes del gobierno central o regional solo por su espíritu solidario, presentes en las comunidades andinas, ignorando tendenciosamente que vivimos inmersos en un sistema capitalista que nos cobra hasta por defecar.

Aquí emerge la necesidad del docente de manejar una gran gama de estrategias de enseñanza y aprendizaje quizá más que en las ciudades. Los ponentes, incluido el que menciono, hacían referencias de la empatía, una de las palabritas o formas de referirse a la posición clasista (en el artículo anterior hablaba de “identificación”) que debemos asumir y que gritamos en las movilizaciones del SUTEP.

Se nos dice que la responsabilidades en la educación es de todos, pero, ¿qué es “todos”?