sábado, 19 de junio de 2010

PADRE MARITÍN, DE GUATEMALA A GUATEPEOR

Hace no mucho vimos por la televisión nacional la decidida participación de Nidia Vílchez en su afán imperioso por “rescatar” a los pobres ancianos de un albergue que estaban bajo la tutela del padre conocido en los cómicos ambiente televisivos como “padre maritín”.

Observamos las no muy consideradas condiciones en que se encontraban los ancianos que hoy en día deberán estar en mejores condiciones bajo la aparente tutela del “Estado”.

Digo aparente tutela pues no es tal la intención. El mismo padre maritín lo manifestó sin equivocarse en la intencionalidad del accionar del gobierno, es decir, de querer asfixiar a las instituciones del estado (como la de aquel padre) que le producen gastos “innecesarios” que podrían ser cubiertos por los dineros de entes extranjeros como las ONGs diversas existentes en el país.

Para no ir muy lejos. La problemática es general tan igual como la solución neoliberal de los mismos y que a todas luces no tiene nada de personal con aquel padre que niega su homosexualidad y que al hacerlo hiere la susceptibilidad de los ciudadanos peruanos aunque eso sea en última instancia solo parte de su vida personal (si lo fuera, pecaría de anti-ético al negarlo y sería sometido a la crítica y al rechazo social tal y como debió ser aparentemente con Alan García Pérez en su condición de padre extra matrimonial y que le costó la satanización al demonio de Hildebrant). Tampoco creeremos que sea una arremetida personal del individuo Cipriani contra los homosexuales si alguien llegara a insinuarlo.

Veamos solamente la campaña gubernamental en el sector educación que dizque pretende mejorar la calidad educativa en nuestro país. Tonterías y aberraciones políticas contrastadas en los hechos.

Tan igual como las imágenes deplorables en que viven estos ancianos, se muestra a las escuelas e instituciones educativas (nivel de comprensión lectora y en matemáticas de los niños) en condiciones similares atribuyéndoles la responsabilidad de las mismas a los profesores única y principalmente con la finalidad al largo plazo (viabilizados intermediariamente con la municipalización de la educación) de pasar éstas al control o tutela de las instituciones extranjeras (ONGs) y de particulares eximiéndose así el aparato estatal de su responsabilidad “paternalista” bajo los preceptos estatales o estatistas de antaño que hoy son considerados como onerosos, costosos, improductivos, no rentables, no lucrativos, no negociables, en una clara concepción política neoliberal de la mejora de la educación en nuestro país con un carácter elitista en la práctica, retrógrado y corrupto en los hechos ya demostrado con este gobierno aprista.

Sabemos muy bien que quien no paga no come. Estos ancianitos no sabemos si estarán en mejor condición o serán literalmente “eliminados” o “acelerados” en su deceso. Quizá ahorcados, inyectados, no lo sabremos. ¿Algún periodista se animará a hacer un reportaje al respecto de aquí a tres meses para mostrarnos la mejor vida que ahora tienen o tendrán? O talvés ¿no serán maquillados solo para los flashes de las cámaras tal como lo hizo un ex ministro de salud respecto del “funcionamiento” de un hospital y sus “servicios” a último momento para justificarlos con sus pacientes ficticios y llevados allí para la peliculita?

El autor de esta nota no tiene obviamente nada personal contra el padre Martín. Sería un ignorante degenerado y enajenado si así lo hiciera. Pero más que cuidar una condición socio-religiosa adquirida por muchos años, debiera él no negar su condición de homosexual sin esperar que aparezca un demonio que lo haga por él. Así, se daría un mayor valor moral, ético y social no ante el vulgo al que se le abre la boca y se les mete la comida como a los chanchos con palabras de amor gubernamental o clerical.

No pretendo tirarle ninguna piedra cínicamente. Sabemos de las carencias humanas que solemos cubrir con mentiras piadosas o cristianas inclusive. Haga usted un acto de contrición como lo hizo fácilmente el papa actual, Benedicto XVI, pedir perdón por los casos de pedofilia y voltear la página como quien lo puede utilizar después para limpiarse el poto. Quiero decir, pedir disculpas al país por el bochornoso acto de la playa que sabemos es parte de su vida personal; no por el hecho de haber estado sentado en las rodillas de su chofer tal y como lo manifestó la policía que los intervino (obviamente en actitud provocadora y escandalizadora a propósito) sino por la mentira en sí. Aclare usted las acusaciones de abuso infantil en su institución y enmiéndese que en olor de un falso y tardío (quizá necesario para sobrevivir) cristianismo no sostengamos las mentiras que más daño nos provocan y afectan principalmente a los demás. No sea como Cipriani, por favor (que dice arrepentirse por haber complotado a favor de Seguridad del Estado para aniquilar y no dejar vivo a ninguno de los ilusos y torpes guerrilleros del MRTA); ¡unas lágrimas por favor! Semejante cocodrilo.

De ser ciertas, cambie de profesión y de obra que el mundo no termina ni aquí ni allá aunque la asfixia neoliberal (y el afán de lucrar) de estos sucesivos gobiernos esté por todas partes y no tome en cuenta cuestiones triviales como el género de las personas. Eso sí, no tenga miedo a perder todo lo que hasta hoy haya conseguido, déjelo todo y siga el camina del Cristo que usted dice representar. Y, no se deje seducir por los miembros del poder judicial que más que ayudarlo (con encubrimientos o prescripciones) lo hundirán más.

¡Qué fácil es pedir perdón!, más difícil es no continuar en la mentira. Si hay algo rescatable de este gobierno revolucionario neoliberal de Alan García Pérez, es su sinceridad.

¡El rey ha muerto! ¡Que viva el rey!