jueves, 3 de junio de 2010

RECONCILIACIÓN NACIONAL O IMPOSICIÓN DE LA INJUSTICIA

A todas luces, pero para los que ven el trasfondo de la politiquería peruana, este gobierno y su retahíla “democrática” apuntan a buscar un rostro “nuevo”, un “perfil” a partir del cual lanzar una campaña electoral en ciernes que les garantice, todavía, su presencia política en el escenario nacional.

Lamentablemente, los hechos de corrupción que han reflorecido con este gobierno aprista (aunque esto no es culpa de ellos sino que es parte del sistema), los hechos de homicidios premeditados o no basados en un “ordenamiento legal” no son como para pasarlos como huevo por agua tibia solamente y hacérnoslo comer alegremente con sonrisa cachacienta con cáscara y todo.

El caso de Bagua es la viva muestra que pinta de pies a cabeza la desesperación y orfandad socio-política del APRA como partido, de “izquierda” dizque, que en un intento por imponer sus criterios políticos sobre los valores naturales de la justicia (en términos leguleyos, este argumento es absurdo, inexistente) pretende liberar a sus correligionarios involucrados en este caso (incluyendo al ex premier y ex militante del MRTA tal como él mismo lo ha señalado, Yehude Simon) más que a Pizango al haber representado a las masas habitantes de la Selva en la defensa de sus derechos frente al atropello de quienes representan intereses, en esencia, ajenos a la nación y a la ecología.

Es decir, se nos pretende imponer la justicia bien concebida dentro de la legalidad de la defensa del Estado sin importarles las víctimas de sus actos o decisiones, que pintamos con la terminología de democrático en estos gobiernos neoliberales y pintamos con la terminología de dictatoriales si fueran estos gobiernos de izquierda o de ultra izquierda. Debemos entender entonces que a esto se llama democracia.

Bajo esta premisa resulta pues por demás, y ofensiva, que (sin estar de su lado por supuesto) siquiera se le haya insinuado un juicio de marras a un comandante de la policía involucrado en el caso del Moqueguaso. Una ofensa a su persona y a su familia, si se da el caso para quien defiende los intereses del neoliberalismo.

Es cobardía premeditada que pretende involucrarnos a todos (activos o pasivos) como parte de un circo mediático todo porque según éstos se debe dar continuidad a la vida política, a la gobernabilidad bajo la premisa absurda (pero necesaria) de la “reconciliación nacional”.

Falso. Si esto fuera así, entonces Abimael Guzmán Reinoso, el Presidente Gonzalo, está preso pues por las puras; y en términos de la familia de choliwood regentada mediáticamente por la mami Magali, se le ha ido negando beneficios pírricos solo porque padecían de alguna diarrea intelectual que les obligaba a negárselo. Pero que hoy por arte de alguna amnesia producto de la irresponsabilidad moral y política y de una mala interpretación de la “justicia” se pretende hacer quedar en el olvido a las víctimas del Baguaso.

Siendo así, ese tal Museo de la Memoria es simplemente un museo de la vergüenza por no decir de la desvergüenza, la hipocresía y el cinismo. Abimael Guzmán, el Presidente Gonzalo, está preso pues por sus responsabilidades directas o indirectas al haber llevado a cabo una guerra interna en su propio intento de resolver las contradicciones en la sociedad peruana y no solo por puro terrorismo mediático o por las elucubraciones de un cantinero loco de barra como ya figura en los libros de la historia de nuestro país.

Es más terrorífico que eso, lo que se pretende en el caso del baguaso, es decir, terrorismo moral de los intelectuales argollados y clasistas reaccionarios que intentan en este caso, con el aval de las instituciones de la justicia peruana, echarles la tierra del olvido a los muertos del baguaso por un argumento más politiquero que sostenible y argumentado solapadamente en los hechos como “reconciliación”. Es decir, primero te mato y luego te pido disculpas sin siquiera estar preso o al menos haber pisado un solo día las mazmorras y encima te envío una corona de flores a tu tumba. Sinvergüenzas legales.

¿Qué esperan los sinvergüenzas del poder judicial para apresar a Cabanillas, Pizango, Alan García Pérez, Yehude Simon y ejercer la “justicia” que dicen representar? A todas luces, más que ciega la justicia, en este caso literalmente, es una puta justicia, no para acostarse con ésta sino para reírse. ¿Qué hay entre las piernas de la “dama” pechugona de la justicia que se representa en los símbolos de las instituciones del poder judicial con una venda en los ojos, con espada en una mano y balanza en la otra?

En todo caso, habría que decirles a los familiares de las víctimas que más que indignarse por estos hechos como los del baguaso, y de los que vendrán inevitablemente, deben de entender que las leyes se han hecho para estos avatares sociales, se han diseñado para reprimir con todas sus secuelas y no para buscar responsables por los mismos ni para rasgarse las vestiduras, es decir, leyes de guerra y de supervivencia política reaccionaria (en el contexto del modelo neoliberal, globalizador por ahora y de lucha de clases) en los que no hay responsabilidades de ningún tipo, ni siquiera moral, más que solo un ridículo rubor.

Seamos positivistas, sonriamos, algo aprendemos de los moqueguasos, de los baguasos, tampoco somos sadomasoquistas estúpidos como nos pretenderían algunos pintar. Aprendemos también de este Chongreso legalista más pareciera de un país bananero, de pendencieros heroicos de cantina diplomática y de pistoleros al estilo del Oeste norteamericano donde la vida ¡no vale nada!
¡No lo vea!, ¡no lo lea!, que si te mueres, ese es tu problema y solo tuyo, y ¡recibe con alegría la justicia divina! y no te molestes en vano.