miércoles, 7 de julio de 2010

“APOYO” AGUADO ¿POR LA CONTAMINACIÓN MENTAL O AMBIENTAL?

Quien escribe si bien no es huancavelicano de nacimiento considera necesario expresar su apoyo incondicional al pueblo de Angaraes en su lucha por exigir justicia por el daño de contaminación ambiental provocada por la mina Caudalosa Chica. Si alguien se animara a proponerme como parte de su plancha electoral aunque sea como churre le sugeriría abstenerse por su éxito profesional sistemático. Docentes universitarios de la UNA-LM pueden refrendarlo y probablemente colegas del Comité de Lucha del SUTE Yauli. Si se cansan de mí, avisen.

Aquí en la ciudad de Huancavelica las instituciones educativas hicieron un paro de brazos caídos o blanca dada la descoordinación en la implementación del apoyo vía movilizaciones que en la convocatoria en sí.

Pocas personas se apersonaron a los alrededores del cementerio general de Huancavelica a la hora propuesta vía los medios de comunicación. El día de ayer fue más contundente tras su reunión en la Plaza Túpac Amaru.

Cualquier despistado pensará que esto es un paro de carácter político o mejor dicho politiquero. Solo el presidente del poder judicial Villa Stein diría que “no es político” razón por la que podría postular a la presidencia del país; talvés quiso decir “politiquero” pues hasta un burro hace política.

Un apoyo tibio la del magisterio que en la zona rural posiblemente haya realizado sus labores pedagógicas con total normalidad y cuya clase magistral posiblemente haya versado sobre la contaminación ambiental en su querida y adorada Huancavelica y que en los desfiles escolares llevan en el pecho el sombrerito Huancavelicano con orgullo alto hasta el pescuezo que en el reciente aniversario del distrito de Yauli quisieron colocar en mi pecho pero rechacé a unas colegas huancavelicanas y les pedí a cambio un tongo o sombrero de chuto jaujino.

Las contradicciones aparentes quizá emergen de su condición de considerarse tierra minera y de mineros por excelencia, la fuente de su sobrevivencia desde más de un siglo, la actividad principal de sus abuelos y demás antepasados. La Villa Rica de Oropesa.

Que es cierto que algunos pecan más por omisión que por acción recala también en las dirigencias de las comunidades campesinas que bajo las promesas de puestos de trabajo se dejan seducir por las compañías mineras y las promesas gubernamentales sin medir las consecuencias de sus decisiones como es habitual en aquellos pobladores (10 mil soles o dólares de oferta por sus terrenos no es nada despreciable por ellos).

Que es cierto que muchos funcionarios y principalmente autoridades de la comparsa gubernamental neoliberal (los de izquierda y de los de derecha del sistema) querrán sacar provecho politiquero de esta situación nadie lo puede negar más aún ad portas de las elecciones regionales, municipales y en general en el país en ciernes.

Por cosas del país de las maravillas, la “preocupación” por la contaminación aparenta gestarse en el vientre de muchos huancavelicanos que en otras condiciones no electorales pasarían desapercibidas y con total despreocupación. La adquisición de una suerte de “consciencia” ambiental mediática, circunstancial que décadas atrás en condiciones similares bien podría haber pasado desapercibida en aras del desarrollo regional y de la población local ni para decir nada de la época de la subversión.

Sé que es mucho de la historia de Huancavelica que tengo que aprender, es poco lo que sé sobre incluso las luchas sindicales del magisterio huancavelicano y las condiciones y circunstancias en que se dieron hasta antes de mi vinculación laboral en el 2004.

Pero bien digo que yo no tengo nacionalidad, partido ni bandera que esgrimir, que la defensa del proletariado y del campesinado pasa a veces por llamados de atención, de crítica y de autocrítica. Que la labor de un maestro no se circunscribe a cuatro paredes en una institución educativa sino que trasciende y viceversa.

Bajo los mismos criterios, un apoyo a estas medidas de lucha que devendrán con un tinte politiquero pudiera parecer propio de tontos útiles y despistados. Que las cosas de algunos no se hacen sin una finalidad politiquera puesto que al final de esto los que hoy dicen combatir contra la contaminación ambiental y oponerse abiertamente contra las empresas mineras contaminadoras, ya en el poder terminarán por ser absorbidos por el sistema convirtiéndose inclusive en más reaccionarios que los propios reaccionarios y más contaminadores que a quienes hoy acusan de aquello. Sino que se lo digan a las propias fuerzas armadas del país.

Esto es un hecho histórico y no una elucubración mental y que en el contexto del sistema neoliberal peruano, en forzada consolidación, es una aberración mental pretender ir en contra tan solo con protestas y discursos mediáticos, peor aún electoreros.

No se trata de preocuparse por lo que piensen los que direccionan, instrumentan y comparten el uso del poder en nuestro país (llámense de izquierda o de derecha) sino lo que nos afecta como nación, como ciudadanos en ejercicio del mismo.

Hoy pensaba comer trucha frita de alguna piscigranja y se me vino a la mente casi involuntariamente preguntar de dónde lo traían en son de broma casi de mal gusto.

Sean cuales sean los resultados de estas medidas de protesta, de éxito o de “fracaso” (solo para los que lo quisieran así) envío mi apoyo incondicional nuevamente y de solidaridad con el pueblo de Angaraes, principalmente con los afectados directamente por este acto irresponsable y mercenario que considero de terrorismo ambiental.
Post Data: en vista de los hechos suscitados hoy en la ciudad de Huancavelica, se le sugiere que mañana mejor vaya a laborar normalmente a su I.E.