miércoles, 7 de julio de 2010

HOMBRE REALIZADO EN EL PARAÍSO

Soñaba duramente pues se me aparecían las citas bíblicas de mi infancia cuentista mimada que una de ellas decía: “Con fatiga sacarás de ella el alimento por todos los días de tu vida… Con el sudor de tu frente comerás tu pan hasta que vuelvas a la tierra…”.

Sucedían nuevamente imágenes de antiguo miedo ya descubierto, descifrado y en un movimiento de hombros desperté y al darme cuenta me descubrí enchufado a la fuente de energía de la casa cuyo cordón ingresaba por mi ombligo.

Por primera vez en mi vida sentía que no había necesidad de moverme para conseguir los recursos energéticos para mi metabolismo, es decir, para realizar los esfuerzos de siempre, el trabajo al que me había acostumbrado desde hace mucho ya, desde la época de las cavernas (y más), que me habían legado mis antepasados y mis padres. Me gustó esta nueva situación pues me excitaba algún órgano especial en mi cuerpo, en algún lugar que no logro descifrar pero que me hace sentir feliz.

La energía que penetraba en mi cuerpo venía modulada, no necesitaba seleccionar voltajes pues solo bastaba desearlos y las tenía al momento pues mis órdenes cerebrales funcionaban como un auto control remoto alimentado por la red tendida por la empresa eléctrica en el país.

En la noche estuve leyendo algunas citas de Sigmund Freud sobre la influencia sexual en la personalidad y esas cosas y sentí el impulso de “poseer” a una mujer. Me bastó con desearla para que en mi cerebro se activara una opción de pedido Delívery. Al momento fijado se apareció ella, toda curvilínea, despampanante, por la red. Ella también posiblemente tenía un cable instalado y cuando mediante la penetración eléctrica hicimos un puente mediante el cual compartimos información de diversa índole y calibre que nos llevó por el infierno de Dante, un infierno digital mejorado a mis necesidades sexuales específicamente logré eyacular el semen de siempre en un frasco al que tenía pensado congelar para ofrecerlo en la red. Habíamos evolucionado tanto que ya no había riesgos de una ITS (Infección de Transmisión Sexual) ni de los esfuerzos de la cópula, ciento por cien de orgasmo pleno sin riesgo del embarazo no deseado.

No sé cómo pero este servicio no me era cobrado por que ejercía sobre otras personas un grado de superposición energética de control debido a su escaso desarrollo cerebral y que mis decisiones eran mucho más rápidas que en relación al de aquellos que en desventaja terminaban perdiendo no solo sus energías que yo absorbía sino las oportunidades diversas que les ofrecía la red eléctrica comunitaria.

No sé quién lo diseñó pero que era difícil que se desconectaran de la red. Era como imaginar perder la razón y caer en un estado de inanición, de abandono como de locura y de posible muerte. Después sería testigo de cómo algunos lo intentaron pero se arrepintieron y volvieron a la red eléctrica modulada.

Algunos más modernistas y revolucionarios inventaron y se incorporaron una batería en el organismo pero inevitablemente volvían a cargarse en la red. Pero sus sueños de independencia no cesaban aunque llamado utopía por allí. No faltaron algunos que pretendieron suicidamente volar con dinamita la red completa solo porque sí, porque eran proclives a la aventura y a la producción de niveles altos de adrenalina para su supervivencia.

Es cierto, por algún lugar de la selva, cual hombre tipo Pie Grande, se encontraron con algunos de ellos sin cordón en el ombligo ni ninguna conexión de red. Cuando los encontraron en su medio natural, parecían bestias ante los ojos del Dios moderno, algo así como los antiguos animales salvajes que se montaban unos a otros que se nos ocurrió enangelizarlos y conectarlos a la red.

Ya no tenía que pensar sobre las circunstancias sociales ni políticas de la sociedad, ya había entes programáticos en la red que lo hacían por mí y me era suficiente evaluarlos, darles el visto bueno y adoptarlos como míos. Es decir, ahorraba energía en cantidades tremendas lo que optimizaba mi rendimiento.

Lamentablemente todos envejecemos. Mis conexiones eléctricas neurocerebrales fueron desgastándose y la red fue haciéndose más compleja y de difícil digestión-sostenimiento en mi cerebro que en determinados momentos me generaba dolores de cabeza e interferencias que me conducían al error, diarreas, padecimientos orgánicos y psicológicos indescriptibles.

A mi pesar tuve que pensar en desconectarme de la red pese a los días maravillosos que me ofreció pues lo tenía todo con el mínimo esfuerzo y así mis días terminarían sin siquiera tener que contarles a mis nietos pues era innecesario, no había nada que contarles, pues todo estaba en la red y terminé mis días en un asilo para ancianos pues las baterías que había instalado en mi organismo aún me proveían de la energía necesaria para subsistir.

Así fui enterrado. Y en los últimos o sobrantes impulsos eléctricos de mi cuerpo y de mi mente sobre mi tumba, recordaba la imagen de aquellas personas que les llevaban flores a sus muertos en aquellas épocas pasadas de la prehistoria en que nos burlábamos de ellos, de sus rezos absurdos a la materia “muerta” por “una vida mejor en el otro mundo” como decían entonces (que era chistoso a nuestra ciencia) y dejé de pulsar.

Fue un día de aquellos en que un saqueador de tumbas ingresó al cementerio y escogió mi tumba para desenterrarme, abrió mi cuerpo en pedazos y extrajo la batería con la que había sido enterrado y se la llevó para venderla en la cachina.