jueves, 15 de julio de 2010

YEGUA DESBOCADA

Andaba distraído de ida y vuelta por el camino de siempre
Más entre la espesura de las carnes dolientes del mundo
Te encontré, es decir, me encontré un pedazo ficticio que perdí
Y así comencé a resbalarme alegre por las líneas de tus nalgas ondulantes
Cual niño descubriendo nuevamente una vieja sensación
Mientras retorcías más y más tus curvas dependientes de mis miradas.

Mediste mis lados, mi alto y mi bajo, mi lejos y mi cerca
Mi interno y mi externo, mis ojos y mis antojos, mi bueno y mi malo
Para admirarme salvaje, indomable aparente,
Y te deslizaste cual soga delicada sobre mi cuello, casi imperceptible
Arañándolo con tus uñas de humo sólido
Y casi rozando tus labios con los míos en rictus orgásmico.

Llené tus profundidades insondables, inmedibles en apariencia
Me viste excitante, cual loco orate que fuga del manicomio celestial
Y me pensaste intentar montar como yegua y jinete desbocada
Sobre mi probable pecado, sobre este caballo inmoral, brioso sobre tu telaraña mental,
Enajenado por tus aromas, tus gestos y tus formas de mujer,
Atrapado en las probables desgracias de tu felicidad.

Te vi crecer, incierta en tu certidumbre, llena de vacíos
Y pese a tu volumen, apenas pude percibirte, volátil,
Olí tu sufrimiento, sentí las sonrisas que no salen de tu boca
Pero segura de copiar mi ser sobre tus ojos, tu corazón
Entre heridas y llantos, dolores mundanos y humanos me esperabas
Como quien espera su propio juicio final segura del juicio inicial.

Sin tocarte siento todas tus extremidades, tus rodillas dolientes del rezo
Sin mirarte veo por dónde vas en tu centímetro de vida
Sin oírte puedo escuchar tus gemidos, tus lamentos
Sin olerte deduzco tus aromas, tu ser
Sin lamerte siento tus sabores, tus ardores, tus dolores
¡Y es que estás repleta de ti!