martes, 31 de agosto de 2010

A LOS HOMBRES, TÚ

PARTE II
Tú el pecador cultural que se burla de mi ”pecado”, por necesidad u orfandad. Tus sentimientos de culpa a repartir y ¿compartir?. La venganza de los pecadores dolientes, la cacería de las víctimas de sí mismos; torturadores en vano intentando que sienta sus dolores aprendidos como si fuera mio el infierno sobre el que habitan, la habitación sin puertas ni ventanas

Tú que has atado tu vida al mundo de los hombres o te lo han atado, tú el estúpido por haberlo desatado

Tú el empecinado en atrapar al pecador cierto, potencial o que no lo parece para apaciguar tu alma, tu sed de enemigo y así restarle el valor moral que le asignas por las apariencias, que te fastidia, te ”hiere” y te molesta pero básicamente por tus desaciertos y decepciones; porque muy dentro no te significas nada para tí

Tú que confirmas tus sospechas, tu intuición, tu percepcion certera del inmoral y te aborda la alegría, el éxtasis, la inteligencia, la satisfaccion casi al punto de la felicidad y te fortaleces

Tú el reprimido y cínico que experimenta con el prójimo porque así es menos vergonzoso el dolor moral, la autoridad de millones

Tú que te indignas solo por las conveniencias, porque solo eres humano

Tú que necesitas de algún Dios ingenuo o perverso para vivir, para existir

Tú que estás dispuesto a perdonar a tu hermano o compañero comprensivamente pero a martirizar por el mismo delito a tus enemigos atascado en tu falsa moral de cielo trocado en moral de cantina o burdel

Tú el que se engrandece solo por la grandeza de los errores ajenos, sin vida propia, sin personalidad, el doliente, el sufrido, el necesitado de amor, el huérfano de sí mismo

Tú el perseguido por tí, por ende, el que deviene en inevitable perseguido social, un mamarracho

Tú el que se revuelca de felicidad a costa de la infelicidad del infeliz; ¡insignificante!

Tú que buceas en un mar de excremento ajeno para sentirse bien, igual, mejor

Tú el que traga mujeres pero no las digiere

Tú el que encubre el delito con el castigo aceptado, acordado, que no soluciona
Tú la atrapada, la acorralada (como cuy en rifa de cajas numeradas) en la presuncion certera del delito propio y ajeno, sentimientos programados de culpa por la presuncion sin siquiera haberlo cometido. La que ataca con su moral, con su lengua bífida para sentirse limpia por ”culpas” solo suyas finalmente.