jueves, 25 de noviembre de 2010

LA EXPERIENCIA DE LA CORRUPCION

El corrupto gobierno apista ha iniciado los pasos necesarios para encubrir los actos de corrupción detectados durante esta segunda gestión presidencial de García, es decir, asegurar la retaguardia en prevención a que durante las elecciones futuras no consigan las fuerzas congresistas necesarias para defenderse de probables investigaciones por corrupción.

Desde esta perspectiva debemos ver la reciente renuncia del ex ministro del interior Fernando Barrios Ipenza con la finalidad de iniciársele una investigación de cualesquier índole pero que animosamente entramparán sus muchachos del poder judicial con Villa Stein a la cabeza sirviendo de mascarilla legal-moral como Sancho Panza de García a quien le cae el dicho de “dime con quién corres y te diré quién eres”.

¿Para qué vamos a estudiar las estrellas del espacio si ya los norteamericanos los han estudiado?, ¿para qué perder el tiempo en algo ya trillado? rezaba el argumento de algunos afanosos muchachos ultra radicales de seguridad del estado-gobierno apista.

A todas luces Alan García Pérez está metido hasta el pescuezo en esto de los actos de corrupción denunciados en este su segundo gobierno. Su condición de mitómano le ha permitido engañar a la opinión pública y así escaparse del ojo acosador del mismo. Sus poses moralistas y presuntamente severas con respecto a la corrupción no pasan de gestos cínicos y aprendidos de paporreta en algún manual de la vida o de la calle. Fingir que no sabe nada de los actos de corrupción como el caso de Bussines Track y sus poses de indignación por el chuponeo evidencia que García no las tiene todas consigo y que el chuponeo en cierto modo funciona como un mecanismo anti corrupción pese a ser un acto penal e ilegal en la que muchos congresistas y funcionarios ahora sí definitivamente ligados a la corrupción defenestran y buscan su combate a todo nivel utilizando incluso recursos del propio estado para gastarlos en proyectos relativos a esa causa. ¡Qué tal suerte la de los burros!, ¡y pensar que hay en nuestras universidades tantos ingenuos empeñosos que se queman las pestañas por hacer investigación científica y así contribuir al desarrollo del país!

A razón de eso viene el acoso legal contra la actual alcaldesa de Lima por haber publicado en su blog dicen temas sin sustento legal que involucraban a Jorge Mufarech a quien sin certeza los toledistas le atribuyeron ser un peruposibilista sembrado por el APA. ¿No será que la paralización de esta denuncia tendrá las intenciones veladas de forjar un compromiso forzado de no denuncias recíprocas? Mufarech ya aclaró esto y da la intención de no querer seguir con esto; un “no me tocas, no te toco”. No sabemos si en razón de ello el poder judicial dio su brazo a torcer a favor de Susana Villarán o viceversa. Lo suspicaz del acto de Mufarech es que su versión haya salido ante la opinión pública por una televisora nacional solo después que un juez haya dado no ha lugar el proceso legal amedrentador contra diversas formas de comunicación periodísticas o no, específicamente contra el blog de “La Mula” de Susana Villarán.

Solo cabe hacerse una pregunta: ¿es tan impoluta e inocentona la candidata presidencial apista Mercedes Araos como para haber aceptado tal condición? Pues, o sabe todas estas pendejadas de corrupción encabezadas encubiertamente por Alan García Pérez al haber estado inmersa de pies a cabeza en las corruptelas de este gobierno en el Concejo de Ministros (que algunas razones no muy claras motivaron la renuncia del ex ministro de economía Carranza) y específicamente en la cartera de economía; o simplemente es una honrosa dama que desconoce de estos avatares de la corrupción específicamente apista. Lo dudamos mucho, pues en este país no hay ingenuos excepto solo los pobres diablos que no saben ni en donde mierda están parados.

Muchos “compañeros” apistas ingenuos o no de la población, de los de a pie, sin cargo público alguno parecen no ver bien las actitudes de opinión política por parte del autor de este blog. Sus razones tendrán, quizá en la defensa de su “pasado histórico y revolucionario”. Yo tengo las mías y no procedo solo porque sí, ni por un odio ni por algún interés mezquino o personal a favor de algún grupo en especial. Pero si alguien me invita a fastidiarlo (sin que yo lo haya provocado) o a fastidiarla, pendejamente (en la presunción de un probable acto de inteligencia preventiva en razón de mi obligado pasado anti fujimontesinista) fastidiándome; con gusto lo haré, tengan por entendido que habrá respuestas y no precisamente las respuestas a la que estaban acostumbrados que les excitaba la inteligencia, que hubieron mientras deambulaba como un loquito pobre, ingenuo e inocentón por los claustros universitarios tratando ingenuamente de conseguir la consagración de una “carrera profesional” en el contexto de este Estado reaccionario y en el contexto de la Guerra Interna desatada por el Partido Comunista del Perú.

La diferencia entre Abimael y Alan está en que el primero sí reconoce haber estado al tanto de lo que se hacía dentro de su organización, García y Fujimori no saben, no supieron ni sabrán lo que pasa ni siquiera con sus mujeres. Es decir, el único que debe figurar en el funesto y trágico Museo de la Memoria es según parece el Presidente Gonzalo; ¿no sería mejor dedicar el museo solo a Abimael?

Si quieren pudrirse solos, pues ¡púdranse con total libertad! Solo falta que surjan por allí algunos excéntricos iluminados por la inteligencia reaccionaria a afirmar que en el caso de la corrupción, la culpa, la tengo yo. La razón podría estar en que como muchos afirman: “la corrupción tiene como causa principal a la ‘secuela’ del conflicto armado”. Geniales ratas.

Los apistas no se rigen específicamente por los principios de anticontaminación de las 3R (eso de Re-usar, Reciclar, etc.) sino de los 3R pro corrupción, es decir, que coexisten simultáneamente en sus cerebros, en su estructura mental estos tres principios de R=Revolucionarios, R=Revisionistas y R=Reaccionarios los cuales se ponen de manifiesto según la coyuntura que les toca vivir.