domingo, 7 de noviembre de 2010

¿QUÉ ES SER APARENTEMENTE EL ÚNICO COJUDO EN EL CONTEXTO DE LA CONTAMINACIÓN?

En un reciente Congreso sobre el Ambiente realizado en la ciudad de Huancavelica en el auditorio principal de la Universidad de Huancavelica bajo los auspicios de la DREH algunos ponentes mencionaron que el problema de la contaminación es básicamente de actitudes. Y sí que lo es.

La clásica de los panelistas es mostrar fotografías de lo más cercano a la incongruencia humana como son los escenarios inmediatos a la población huancavelicana. No siendo huancavelicano pero un poblador más, de todas maneras uno siente cierta incomodidad ante la observancia del río emblemático, el río ichu (que está ichu una cuchinada).

La actitud de la que se habla es propia a cada individuo incluyéndome hasta cierto punto. Pero, ¿por qué esa actitud? Quien conoce algo de la psicología manifiesta del poblador peruano, sus actitudes en general devienen básicamente de la estructura mental diseñada por aquestos con la determinación del entorno y seguidamente por la satisfacción de sus necesidades.

La desigualdad de clases sociales, la inconsistencia de las oportunidades que ofrece el sistema, provocan en las personas desde temprana edad actitudes que se condicen con su modo de vida. No hace mucho que vimos en la tv el caso de un niño que rayó un carro y el dueño simplemente lo molió literalmente a golpes a riesgo de casi provocarle un daño ocular definitivo o que bien pudo haber sido la muerte como hoy está de moda.

Lo que pasa es que a razón de lo mencionado, los pobres de siempre y los circunstanciales de nuestro país no ven ni sienten como suyo el suelo sobre el que pisan (ni qué decir de los gobernantes que la rematan a los capitalistas por ejemplo chilenos como efecto de una suerte de despersonalización a la que nos someten ya no directamente por racismos peruanos sino por neoliberalismos y globalización no solo económica sino mental).

No sienten como suyo los jardines, las calles, las casas, por último ni a las personas (el amor al prójimo se desdice con las pugnas político partidarias) pues son expresión de la propiedad que en nuestro país tiene un carácter privado. Hasta las playas ya comienzan a tener “dueños” y las mantienen limpias en razón de la “propiedad” de los mismos.

De niño veía los jardines de las casas vecinas de mi ciudad natal y la hermosura de sus flores inspiraban una cierta envidia en mí que me inducían como bárbaro y desesperado romano a robarlas para trasplantarlas en mi jardín. La hora no importaba, el toque de queda ni el estado de emergencia ni mucho menos si eran las del parque de la plaza de armas del País de Jauja. Algunas sobrevivían pero otras (la mayoría) fenecían en el intento. Las aventuras de un ladronzuelo de flores que por suerte no se encontró con el dueño del taxiflor.

La casi totalidad de profesores del magisterio les hablamos a los niños sobre la importancia de no ensuciar sin embargo somos los primeros en no hacerlo. Por ejemplo: en razón de que nos han enseñado a mantener el cuerpo y las ropas limpias, cuando comemos un chupete, la envoltura o el palito lo tiramos donde mejor nos parezca. Lo mismo sucede con cualquier cosa que comamos en la calle, en las escuelas, en la playa, en la combi, en el transporte interurbano, etc. deshaciéndonos con cierto facilismo muy familiar aunque después nos cataloguen de cochinos e irresponsables. ¡Qué importa, a los peruanos nos llega al pinch... todo lo que no nos beneficia o lo que nos digan!

Uno ha visto, ve, cómo docentes arrojan desperdicios por las ventanas de los carros en razón de “no ensuciar” el móvil. No ensucian el carro ajeno pero si el ambiente. Total, nadie reclamará. Luego se quejan frente a sus alumnos tildándolos de cochinos, asquerosos, irresponsables y les dan sermones, charlas (infructuosas) de limpieza y responsabilidad ambiental.

¿Alguien utiliza ropas con bolsillos para la basura que producen?, ¿para llevarlas hasta sus casas y no tirarlas en cualesquier lugar? Si bien yo tenía el mismo hábito peruano del que hacemos mención, ahora llevo la basura (mi basura) a casa, en los bolsillos, en la mochila, en cualesquier medio. Lamentablemente, los buses ni cualquier medio de transporte poseen bolsas o recipientes dentro ni al lado de los asientos donde se pueda poner los desperdicios. Por ello es más fácil abrir la ventana y tirar la basura con el carro en marcha porque, ¿me llega al pincho la naturaleza de este país?

La solución no está en colocar más tachos de basura ni por el tipo de material, seleccionando. Tampoco está en actuar pinochetistamente ni sacando “leyes” chongresales similares a las que han salido para las infracciones de tránsito por parte de los peatones. Aquí en Huancavelica, los ladrones fingiendo de “chatarreros” se han robado los recipientes de basura, ¿por qué será? Hay problemas estructurales que resolver en una región donde prima la pobreza extrema y (para ilustrar la problemática), patéticamente, existen ¡posturas racistas!, ¡increíble! ¡Se toman la licencia de cholearse entre ellos! Por si acaso, no me molesta que me digan cholo pues es mi chapa de cariño al interior de mi familia. Pensar que con un poco de dinero muchos gringos se creen “superiores”, los mestizos se vuelven blancos a lo Michael Jackson, los apristas se convierten en “reaccionarios” de medio pelo, hasta las llamas se creen pitucas y escupen con estilo; ¿será la razón para tirar mi palito de chupete en la calle o casi en la cara de mi “enemigo”?, ¿quizá mi condón usado?, ¿cuál es la diferencia de escupir por escupir y por emergencia?, ¿me iré con la roba maridos?, ¿me quitarán mi casa en un juicio por alimentos?, ¿qué es actitud de contaminación?, ¿QUÉ MIERDA SIGNIFICA CAMBIO DE ACTITUD? Lo mismo nos vienen diciendo los representantes de la DREH y UGEL con lo de “cambiar” en el nuevo ‘paradigma’ de la educación (las ONG también repiten como loros este argumento pendejístico) y en el contexto de la Carrera Pública Magisterial.

Quizá el siguiente cambio personal revolucionario en mí sea cuando comience a recoger altruistamente la basura o los desperdicios que los demás arrojan a la calle. ¿Un cojudo?, o ¿un cojudo con retos? No lo sé, alguien puede estar pensando que terminaré trabajando como contratado recogedor municipal de basura, trabajo es trabajo, pero no me refiero a eso.
Antes de comenzar por resolver los problemas de la contaminación ambiental debemos empezar por resolver los problemas de la CONTAMINACIÓN MENTAL del hombre peruano.