sábado, 30 de abril de 2011

EL TERRORISTA DE SIGLO XXI

(Advertencia: cualquier parecido de este relato con la realidad es solo pura casualidad).

Erase una vez un hombre del que la gente tenía la necesidad imperiosa de hablar cualesquier cosa, no importaba si mentiras, hablar maledicencias, calumniarlo con supuestas aparentes verdades o lo que fuera pero que sentían la imperiosa necesidad de hacerlo. No importaba ir contra la moral y la ética pues era considerado un enemigo que habitaba principalmente en sus cabezas y que mucho de lo que representaba este individuo había sido creación circunstancial de aquellos porque en determinado momento eso era lo más ideal, la expresión de su inteligencia avasalladora y victoriosa de la guerra interna en ese país. Quizá sin meditar las consecuencias a causa de la vorágine de la guerra lo hacían por algún miedo subterráneo y era en razón de ello un individuo peligroso como lo podrían haber sido muchos otros a lo que algunos trivial y alegremente le llamaron “los costos de la guerra”. Pero algo de peligroso y especial tenía éste como para que de manera metódica y casi sistemática se le hiciera todo esto sin importarles absolutamente nada de las consecuencias contra su persona, al contrario, les excitaba o les motivaba aún más sus inteligencias cerebrales, y dado la integralidad corporal, sus relaciones sexuales en su pequeño pero grandioso mundo triunfador.

Las fuerzas de seguridad reaccionarias le habían creado esa imagen falsa sostenida por las verdades presuntas de sus incuestionables palabras de guerra y de sus planes de inteligencia. Habían logrado capturar a un inmenso demonio con feroces dientes y cola como de simio, encerrarlo en una jaula e incluso vestirlo con traje a rayas por ridiculizarlo frente a la opinión pública. Eso les dio el derecho según ellos de que todo lo podían, que incluso ese pobre e irrelevante individuo era una insignificancia frente a los hechos, a los personajes involucrados, a sus necesidades y capacidades; situación que contrasta con la actualidad de su vida pues todos quienes lo odian dicen que “está pedido” “por haber hecho lo que hizo” sin atreverse a decir el ¡qué!

Por las circunstancias de su vida personal de traumas infantiles en pobreza como las de cualquiera proclive a desarrollarlas por la naturaleza de su contexto y de joven por su quehacer libertario y político dirigencial estudiantil de una izquierda radical indefinida, había caído en el entramado del papel de uno de tantos tontos útiles como los que había en ese país. Inicialmente, éste sin siquiera saberlo (dado la clandestinidad de las operaciones especiales) ni serlo en la realidad, pero que ya era considerado oportuna, inteligente, conveniente y malintencionadamente por las fuerzas de seguridad como un gran “mando” terrorista en razón a las sospechas de su militancia, al tipo de compañías, a la defensa que ejercía de incluso presuntos estudiantes terroristas universitarios, y obviamente en razón a los productos victoriosos de la inteligencia reaccionaria que luego se venderían al exterior incluso por internet como pan caliente.


Daban las casualidades que este individuo luego de haber terminado sus estudios universitarios (e incluso antes) cada vez que iba a buscar trabajo, a pasearse por las calles de la capital o por cualquier motivo, de aquel periodo convulso de entonces, siempre sucedían atentados o intentos fallidos en los lugares donde éste pernoctaba ocasionalmente o visitaba. En cierta ocasión en que hubo visitado las cercanías de una universidad decana por necesidad de trabajar, sucedió que frente a una fábrica de armas y municiones a casi cien metros de él, estuvo probablemente en riesgo de recibir las esquirlas de la presunta explosión de un coche bomba (eso pensaba) pues en la avenida principal frente a aquella fábrica detuvo su marcha un automóvil del que luego de quince segundos salieron repentinamente todos sus ocupantes corriendo en todas direcciones contrarias a la fábrica. La psicosis de la guerra y la paranoia le hicieron manipular y tergiversar hechos pues de aquello no se comentó ni se divulgó en los medios diversos como siempre sucedía aunque sea de minúsculos simulacros con cachorritos (pequeños petardos de dinamita), algo desapercibido para todos menos para este individuo.

Las fuerzas de seguridad pública ya le divulgaban convenientemente entre la población determinadas condiciones de “mando” terrorista que no se atreven a confirmarle pues esa historia no es oficial, que algunos argumentan que no existió, que este tipo está loco cuando habla de “conspiraciones”, pero que quedan las huellas vivas del odio, del resentimiento y de los deseos reavivados de una venganza que parece un ven-ganzo, sí, con el dedo medio.

En estas circunstancias propias de un trastorno mental más que de los propios hechos, el individuo aprendió a relacionar hechos terroristas, circunstancias políticas, hechos económicos, sucesos circunstanciales, hechos delincuenciales, robos extraños, incendios que no se querían explicar, operativos imprevistos, actitudes negativas oportunistas o premeditadas o no, es decir, a observar más allá de lo que el común de los ciudadanos no podía o no se atrevía a hacer por temor a degenerar en la locura como consecuencia de la paranoia esquizofrénica y de algún trastorno bipolar que los especialistas podrían especular con mucho fundamento empírico-científico.

A consecuencia de haber provocado que se evitara, ya presuntamente consciente de los fines que se perseguía a pesar de su enclenque aún “inteligencia” chistosa para los demás y motivo de burlas, se consolidara un plan por colocarles una soga en el cuello de los demás demonios menores que aun andaban sueltos asustando por allí y pastearlos, además de un chip en su cerebro, en su hígado y en su ano que en total costaban comprar con cuarenta soles. Según ellos en razón de eso, éste individuo debió de haberse sacrificado pues es lo que le correspondía por voluntad de ellos y se supone que por los indicios de su personalidad (se dice que tiene el perfil de un violador y que por ello era válido usarlo-obligarlo en el terrorismo del siglo XXI pues especialistas lo sustentaban aunque de las pruebas nadie estaba seguro ni siquiera el individuo ése), que según los inteligentes y simpatizantes de esta inteligencia, éste debió ofrecerse como en un acto de suicidio por haber tirado por los suelos los frutos de sus años de inteligencias en guerra por la búsqueda de la paz y la consolidación de su reaccionaria ideología en ese país.

Luego se atrevieron a llamarle de “soplón” porque había puesto en evidencia la monstruosa y descabellada inteligencia moral y ética de aquestos (ocultada tras de unos ojos límpidos, una sonrisa bonita y que no te dicen nada más) que según ellos solo los cargaba este individuo en su ser de terrorista, y peor aún, porque ya no podían hacer a través de mercenarios voluntarios, terroristas arrepentidos o chantajeados (de cualesquier índole) las acciones de terrorismo que servían para chantajear a la población en general y configurar como resultado de ello una unidad nacional frente al terrorismo, ni mucho menos obligarlo a éste a que solo por cuestiones morales se auto inculpara por dichos actos terroristas, como marketeado “mando”, donde moría mucha gente inocente y afines o no a estos reaccionarios. Esta experiencia se extrapolaría posteriormente a una aventura intervencionista internacional dirigida por un burro blanco con un pene muy grueso y largo al gusto de muchas féminas y féminos (incluso con sotana) y que tenía como pareja a una burra árabe (que trabajaba transportando en su lomo barriles de petróleo, trabajo que le venía de herencia familiar) para sus excitantes eyaculaciones orgásmicas, en imágenes difundidas solo por su prensa burrilcira.

Todo les iba de maravilla como de noches de orgia hasta que un día éste individuo en su paranoia esquizoide y de delirio de persecución se decidió a tomar decisiones propias, a dejarse llevar por su intuición previendo los riesgos del mismo, a no advertir de sus movimientos ni de sus palabras, a romper el silencio en el que lo habían sumido incluso por él mismo (presionado por el derecho de la paz de los demás y la presunta "autoridad" que emanaban) sin importarle por las consecuencias puesto que nada tenía que temer, ¡no había por qué! pues se decía que no había salida, se decía según el común denominador. Pregúntenle a los suicidas si la muerte no es una salida, pregúntenle a aquel varón de la cruz aunque aquí no tenga nada que ver, aparentemente.

Fueron así como comenzaron las metidas de pata de las reaccionarias fuerzas de seguridad puesto que las acciones y la imagen de presunto “mando” terrorista (que probablemente algunos arrepentidos terroristas hayan contribuido a construir) que habían ideado con probablemente evidencias aparentemente certeras, pero indemostrables más que solo en su imaginación, no coincidían con los hechos ni con sus mentiras vendidas como pan caliente y verdadero al amparo de sus uniformes, de su “autoridad” y de sus necesidades, por las calles de la ciudad, en los cines, en el circo, en los parques, en las universidades, en los mercados, en las escuelas, en los baños públicos, en los restaurantes, en los chistes de la calle, en los burdeles, en las cantinas o bares, etc., etc. Paradójicamente, éste individuo tenía la cara y los ojos que sostenían estas aseveraciones, quién sabe eran ciertas estas suspicacias. Muchas veces en su pobre inocencia legal éste se decía que era también pobre la descalificación moral y la presunción de un delito improbable sustentada solo con sus palabras como para que esa fuese la razón suficiente como para justificar (no la manipulación de aquel individuo) sus monstruosidades inteligentes que a fin de cuentas son simplemente ¡terrorismo!

Éste comprendió que el dolor de estas gentes así como su desprecio hacia él era muy grande y carente de valor pues nunca disparó ningún arma, ni detonó siquiera un explosivo de cualesquier índole, no mató a nadie, aún dice, quizá dijo más de lo que debió decir pero nada más motivado por sus ínfulas de joven quizá adolescente inexperto de aquellos tiempos de rebeldía y violencia. Le buscaron pruebas de sus afirmaciones para poder sustentarlas y detenerlo o matarlo, evidencias de su presunta condición de mando, de terrorista y no encontraron nada pues no había posibilidad de encontrar nada entre tanta miseria, mentira y calumnia inteligente sin sustento real, concreto, salvo imaginable por necesidad. Sí, habló con presuntos terroristas así como con presuntos reaccionarios de los que no podría demostrar, pero eso no dice nada puesto que éste individuo puede resultar ser también una gran mentira, quizá.

Lamentablemente las cosas no salen como uno espera o se quisiera puesto que uno mismo se puede traicionar por tener escrúpulos. Hoy es en verdad un enemigo más y con razones suficientes que se levantaron como polvo por quienes se creyeron con el poder suficiente como para intentar manipular su vida errática, caótica y desesperada y los traumas psicológicos de éste para inculparlo falsamente de un terrorismo inteligente, de acusarlo de ser responsable de desaparecer por ejemplo a miles de personas en medio del vuelo de un avión al impactar en una alta torre, o en algún tren descarrilado con explosivos en algún metro subterráneo destilando un falso y calculado odio miserable.

Qué hermoso hubiera sido si todo hubiese salido como ellos querían, aun hay gente que está de acuerdo con que esto debió ser así y lo demuestran para con su desprecio y odio contra éste individuo (¡debiste suicidarte desgraciado!, ¡cómo no te mueres basura!, ¡debiste morirte en el carro con el que te caíste hijo de puta!, ¡traidor!) al que le niegan hasta la comida que le venden de mala gana y le dicen en su cara que le hacen un gran favor puesto que ni en Cuba le darían la comida que aquí se le da y que debería ser agradecido y no faltoso como es, al menos demostrando algunos sentimientos o ciertas manifestaciones de culpa por lo que hizo, es decir, por ser el verdadero responsable de haber liberado al demonio que capturaron y enjaularon (del que quedaron allí solo sus pobres y miserables carnes y huesos) atribuyéndose vengativamente una libertad que no es humana, que apeló más bien a los sentimientos de culpa de estos reaccionarios y que según éste nada es imposible, que todo es posible pero que no significa que todo deba hacerse más que en el imaginario mediocre y absurdo de los demás.

Hoy, éste vaga como un pedazo de excremento que camina y que incluso habla y se ríe imaginariamente de la gente especialmente de los de uniforme, cruzándose entre las gentes que dicen quererlo, que dicen odiarlo con sus presuntos amores y odios, incluso con quienes le son indiferentes; intangible porque éste son ellos, aunque se le pueda pasar con una moto niveladora por encima y dejarlo plano como a la caca que se pisa y que morirá cuando los que lo “crearon” mueran incluso con el amor de su Dios. Pensar que camina absurda, libre y hermosamente como una miserable llama andina al que ingenua y despectivamente se le cataloga de animal estúpido, asqueroso y cochino éticamente y se le pretende descalificar moralmente a consecuencia de ello.

Y es que muchos convencidos de su impoluta e inmaculado derecho a juzgar con los ojos cerrados, todavía creen o quieren torpe e ingenuamente a que éste individuo se declare “culpable” por lo ocurrido y así lograr su “perdón”. Pero lejos de la charlatanería literaria y el cacareo político, la realidad presunta le hace preguntarse a éste: ¿acaso, esto al fin y al cabo no es parte de la guerra? diciendo que no hay mucho por qué lloriquear al respecto y que su vida es solo una manifestación más de la naturaleza de la materia y del pensamiento a consecuencia de ella.

Cuando se le requirió solo por su nombre arguyendo que sería más creíble lo contado si saliese del anonimato, él dijo que se llamaba Pablo Rafael…