sábado, 2 de abril de 2011

“LUCHA” CONTRA LA DELINCUENCIA

Por estas fechas electorales los candidatos presidenciales ofrecen el oro y el moro tratando de convencer aunque sea con tonterías al electorado pero que suenen convincentes.

Uno de estos temas es el referido a la lucha contra la delincuencia galopante principalmente en la capital.

Humala promete someterlos y eliminarlos drásticamente, de modo similar Keyko ofrece eliminar la delincuencia galopante del mismo modo como dizque eliminó su padre el terrorismo en el Perú, es decir, más radical que el mismo Ollanta Humala.

Bien sabemos que pese al desmesurado crecimiento económico del que se jacta García y un gran sector de la población la respalda, la delincuencia en su gobierno ha tomado visos incontrolables que muestran a una fuerza pública incompetente (y no solo involucrada en estos delitos).

Suena coherente la propuesta tanto de Toledo, de Ollanta como de Noriega de combatirla pero corrigiendo las causas estructurales que hoy han generado la delincuencia a expensas del modelo neoliberal excluyente en nuestro país. La solución para Keyko pasa por fortalecer las fuerzas policiales y aumentarlas al mismo estilo de García durante su gobierno.

Creemos que todas estas propuestas son mentiras piadosas por engañar elegantemente a la población que hoy ve cómo su esfuerzo, el sudor de su trabajo, e incluso su vida, peligra por el estado de inseguridad creado a instancias del modelo neoliberal que ellos defienden y promueven (creo que en ese caso se justifica que padezcan las consecuencias del accionar delincuencial). Solo falta que algún iluminado de la UGEL o de cualquier institución pública o privada culpe de su efervescencia al accionar de la subversión guerrillera del Partido Comunista del Perú de aquel entonces y lo plasme en un documento respectivo.

El problema es que la delincuencia ya ha rebasado límites más que legales e institucionales (para muestra el gobierno aprista de Alan García que trivializa la corrupción si es por cuenta del mercado neoliberal, caso de Perú Petro y de Bussines Track) de cualquier índole civil y militar.

No se trata aquí de presentar a los candidatos como cucos sea cual sea su posición política o ideológica respecto de las medidas más acertadas solo para combatir la corrupción en el Perú sino la delincuencia galopante (mismos caballos locos) que hoy es el plato fuerte de algunos mentirosos e irresponsables candidatos.

Qué contraste que hay entre la seguridad del que gozan los inversionistas extranjeros y la seguridad del que goza la población civil peruana. Bueno, si somos considerados incluso como de tercera categoría pues a muchos no nos queda más que delinquir en situaciones extremas y ser “combatido” con todos los recursos gubernamentales. Suerte de aquellos individuos de la primera categoría como García que se arriman muy bien al mercado (que exporta la democracia norteamericana y europea) y al modelo neoliberal que dizque en la constitución política del Perú de Fujimori se llama “economía social de mercado”, social pues porque involucra a toda la población, a las gentes con su carne y sus huesos, no, no involucra a otros animales.

Queda en nuestras cabezas aun el recuerdo de los años de la insurgencia de un sector del Partido Comunista del Perú, de Sendero Luminoso en nuestro país a la cabeza del Presidente Gonzalo, Abimael Guzmán Reinoso. Aquellos días en que por las noches a partir de las 10 pm no había borrachos, prostitutas ni delincuentes por las calles de la capital Lima ni en ningún lugar más recóndito del Perú (ni violadores sin sanción, ni pishtacos, ni abigeos que no pasaran por los juicios populares de Sendero Luminoso).

No pretendo apologar nada sobre el accionar guerrillero del pasado. Hago solo referencia de un hecho por todos conocidos y vivido, en que caminábamos por las calles de Lima o de las capitales de provincia sin el temor de ser asaltados, cogoteados, marcados, violados, robados nuestras casas, negocios, etc. Esto al margen por supuesto de volar en pedazos con algún coche bomba puesto irresponsablemente por allí (me refiero ajeno a un objetivo militar o policial específico tal y como sucedió), un hecho no investigado seriamente ni esclarecido aún mas que solo expresiones de una parte.