miércoles, 18 de mayo de 2011

¿QUÉ SON LOS OSAMAS?

Bueno, definitivamente no son ningunos bichitos microscópicos aunque se relacionen indirectamente con ellos. Uno de ellos es pues un varón de nombre Alan García que acaba de tildar de ignorante al afamado chef peruano Gastón Acurio en cuanto se refiere al tema de los alimentos transgénicos que García nos los quiere meter por el culo.


Me venía a la mente las razones por las que desaprobé a algunos niños en el quinto grado de primaria. La razón es que lo que yo evalué en ellos no fue principalmente los conocimientos sino las actitudes. Ellos y ellas creyeron que por ser pobres y vivir en extrema pobreza con la carencia de atención o ausencia de sus padres yo tenía la obligación de aprobarlos solo porque sí, porque algunos creen que saben pero no pueden demostrarlo en el momento oportuno o por que otros docentes sí hacen eso y que por ello, si quieren hacen las tareas o ingresan al aula para luego retirarse a la hora que se les ocurra o regresar solo para antes de la salida en el momento en que se entregan los pancitos pues es un derecho que me lo recuerdan sus ojitos esquivos y coléricos. Hoy guardan resentimientos que creo tendrán que reformularlos y asumir la parte de responsabilidades que les corresponde puesto que la educación no concilia con el chantaje y la coerción sino que al contrario busca corregirlos y en el caso de los niños se buscan lograr cambios cualitativos (que lamentablemente la realidad social y económica contradice grandemente, sino preguntémosle a Jorge Del Castillo al que lo limpiarán de polvo y paja y emergerá cual ave fénix), situaciones que retrasan aún más su progreso.


Parece fácil tomar una decisión. A veces pienso que debí aprobarlos en razón a sus edades que corresponden ya con los del colegio y “votarlos” del nivel primario puesto que en razón de su condición social no tienen mucho futuro y las dudas de si seguirán estudiando o se pondrán a trabajar como comúnmente ocurre en estas zonas alto andinas de extrema pobreza (ni qué decir del género femenino que termina secundaria para servir solo de empleadas domésticas en la capital).


Se me venía a la mente también una situación que pasé en la UNALM (Universidad Nacional Agraria la Molina) en la que yo era estudiante de pre grado. Llevaba el curso de Control de la Calidad, de profesor un paisano mío que creo trabajaba en Donofrio y posteriormente en SENASA (Sanidad peruana que durante el boom de Al Qaeda y de Osama salían a hacer el corillo de la paranoia en nuestro país con el tema del antrax que dicho sea de paso tales cepas demostradamente salieron de laboratorios norteamericanos para exacerbar los ánimos casi esquizofrénicos de la población mundial incluyendo Perú en la presunta lucha "contraterrorista" global, en lugar de hablar con criterio científico y de seguridad nacional, la actitud de aquel entonces era obvia). A la evaluación final llegué supuestamente tarde según éste que impidió mi ingreso al examen pese a habérselo solicitado con cortesía pues estaba preparado para el mismo. Ante su negativa cachacienta y casi burlona de excesiva confianza, en mi cólera vertí groserías pues me hacía perder el tiempo en consideraciones que no fueron claras por este docente. Aquel las oyó junto con los examinados, y cuando me acerqué a su oficina a pedido suyo en fecha programada ya sabía los resultados de antemano.


Me preguntó en mi evaluación: ¿Qué entiendes por calidad? Y le respondí bajo esas condiciones lo que se me ocurría en mi máximo esfuerzo a lo que me retrucó, ¿eso? (por no decir “¿esa cochinada, esa huevada?”) entre otras preguntas al final argumentando que no sabía nada de calidad, que deberé repetir el curso, lamentablemente y que no todo es estadística, que calidad es algo más que eso y bla bla bla para chantarme diplomáticamente una nota sopesada por éste de antemano con el profesor de prácticas para sembrarme un diez de promedio final (que no pudieron hacer durante el proceso de evaluación de mi nombramiento como profesor de primaria como ya conté anteriormente).


Me recordaban las palabras mías y las de Alan García al referirse a Gastón Acurio.


Muchos ilustrados doctores, magísteres e ingenieros de la alimentación y la microbiología están en cierto modo avalando el ingreso de transgénicos a nuestro país a los que yo llamo los osamas. Quien no ha tenido la experiencia directa de la lucha contra el terrorismo blanco o de estado (o porque consciente o inconscientemente es parte del mismo) no podrá concebir en sus procesos mentales el peligro que encierra la sujeción biotecnológica de nuestra producción agrícola para aquellos angurrientos que todo lo ven negocios, dinero fácil y productos de “calidad”.


Claro, no hay problemas demostrados, “solo son genes incorporados de otras especies de seres vivos y nada más”.


Nadie ve más allá de sus narices. Lo mismo pensaban y sentían los izquierdistas que vieron en la destrucción de las Torres Gemelas un “gran golpe” al imperialismo norteamericano. Hoy vemos las consecuencias de tal acción y la monstruosidad descubierta de la bestia norteamericana que es capaz de todo por conseguir sus objetivos perversos pero económicos y con la ayuda de mercenarios pro capitalistas como lo fue en su momento Osama Ben Laden (un balazo en ese ojo izquierdo por mirar a ese lado) que es hoy sustituido por uno más genuflexo a los intereses del capital y del capitalismo en las nuevas condiciones del sistema multipolar y amoldar a Al Qaeda a ese contexto y necesidades del imperialismo principalmente norteamericano (a estos individuos se les debería rastrear sus cuentas bancarias o sus ingresos diversos e inversiones diversas de cualesquier índole).


Los peligros del bio terrorismo engendrados en las fábricas de la CIA o del Pentágono y ejecutados por mercenarios pro capitalistas como los de Al Qaeda no son cosas como para tomar decisiones tan alegres como las de decir, ¡sí!, ¡que ingresen los productos transgénicos, si no veo ningún problema!, ¡yo lo puedo demostrar! dirá algún que otro miope microbiólogo o biotecnólogo de prestigio.


Obviamente, después dirán convenientemente que son cosas que no se pueden controlar, que la inteligencia no es de su exclusividad, que no estaba prevista, etc., etc. y constituirnos así en unos parias, esclavos de unos mercenarios en el Perú, víctimas de su mala y perversa inteligencia.


La pregunta no es pues ¿qué es calidad?, pues no habrá respuesta que le agrade por decir a García. La pregunta no es pues, ni la respuesta, sobre si ingresan o no los transgénicos a nuestro país. Simplemente es no dejarlos pasar e invertir recursos en más investigaciones en este sector y no perder nuestro material genético y protegerla de cualquier atentado bio terrorista que bien podrá promoverlo o provocarlo la competencia del capital a través de sus mercenarios de alquiler. ¡Pero “si ya no vamos a usar pesticidas ni nematicidas con los productos transgénicos”!, ¡lo que vamos a ahorrar en dinero y en control de calidad!, ¡ratas imbéciles de mierda!


Poner o no poner en riesgo nuestra seguridad alimentaria es el gran interrogante. De si volvernos dependientes de la producción alimentaria internacional o no (por el control de precios) y estar a la expectativa de que si ellos se van a la mierda en determinado momento nosotros también deberíamos irnos. Imagínense que un individuo como el terrorista y genocida de Bush tendría que tomar la decisión de si vendernos las semillas u otras semillas, en qué condiciones y con qué propósitos. A García le importa un carajo nuestras preocupaciones, para él no valemos nada como peruanos puesto que somos individuos de ninguna categoría y por ello están abiertas sus piernas al ingreso de cualquier cosa que nos integre a las “soluciones” globales del capital. Este profesor de la UNALM debería hacerle esa pregunta a este individuo colocado de “presidente” por la derecha y la reacción de este país, que según él dirá: “la respuesta ya la saben ustedes” (“me llegan al pin…”).


Nuestra lucha actual es contra el terrorismo inteligente sea cual sea su origen. Cierto, puedo estar solo y quizá ser considerado uno de esos loquitos que deambulan por allí diciendo tonterías, pobrecito. Tontito, ¿qué valen más: 29 millones de peruanos cholos o más de 200 millones de gringos por quienes velar por su seguridad?


La monstruosidad del estado norteamericano ya es manifiesta así como de aquellos que les hacen el juego tan ligera, alegre y mercenariamente (que no significa negarles su derecho a luchar por los mismos). No esperemos que otros estados nos muestren sus caras y mucho peor, que el propio “presidente” de nuestro país nos vea las caras. Que en estas condiciones, la pregunta: ¿qué sabes de calidad? simplemente es absurda y sin valor de respuestas y que si me contestara mi alumno “puta mare” lo apruebo sin poner en tela de juicio su respuesta.