martes, 6 de septiembre de 2011

EL DIOS PERDONA EL PECADO PERO NO EL ESCÁNDALO

Es un dicho que reza más a menos así y que se aplica a cualesquier situación escandalosa.
Recordaré mis días en Huancavelica cuando me decidí ir a vivir al centro de la ciudad en una habitación alquilada. Lo que mencionaré coincidió con el embarazo de mi esposa. Era un segundo piso con vista a la calle casi cerca a un night club cuyo nombre no diré aunque ya hoy no existe pero el nombre sí en otro rubro. Allí trabajaban damitas de compañía que a eso de las 05 de la madrugada en muchos de los casos luego de no haber sido ligadas para salir con algún parroquiano a algún hostal del lugar llegaban cansadas y ebrias a ingresar a la habitación que la habitaba un obrero en carreteras venido de la capital a casi 15 metros de mi habitación.
Muchas veces que salía al servicio higiénico compartido por todos los inquilinos del segundo piso me encontraba con algunas de las susodichas en calzoncitos pequeñísimos con adornos que mostraban sin inmutarse de modo alguno al verme, salvo yo.
A todas luces funcionaba con el aval de las “autoridades” huancavelicanas y de la policía de modo casi caleta. Tantos sucesos ocurrieron que mencionaré solo tres para ilustrar.
El primero, un parroquiano a eso de las 4 y 30 de la madrugada acompañaba a un policía en actividad hacia su cuarto (de la casa contigua) en razón de estar muy ebrio pero que parecía no haber ligado a alguna de las damitas pero estaría tan caliente que intentó violentar a su acompañante que se defendió como pudo de la actitud de aquel. Días seguidos caminaba decaído y bajo las burlas de aquellos que los vieron pero hablando groserías como para darse valor y que no se cuestione su virilidad. En fin.
El segundo, de la habitación contigua a aquel obrero salió un joven en short (del que no pude identificar si era o no de la policía u obrero) y se introdujo al servicio higiénico (sin llevar nada entre sus manos) antes que yo, luego de salir ingresé (siendo algo más de las 05 de la madrugada siendo ya visible el entorno) y me di con la sorpresa de que los salpicones de su orina contenían manchas de sangre lo que me dio a entender que estaba padeciendo una infección de transmisión sexual. Eché agua limpiándolo e hice uso de ella.
El tercero, por la antigüedad de los hechos si más no recuerdo, siendo las 05 y algo más de la tarde mientras estaba terminando de lavar algo en el lavadero subió un joven muy bien vestido con casaca y pasó molestó y serio por mi lado. Solo atiné a mirarlo a hurtadillas porque no me era muy familiar. Subió por las escaleras al tercer piso, tocó la puerta e ingresó a aquella habitación. Mientras estaba por terminar de enjuagar algo que no recuerdo escuché que aquel le recriminaba en voz alta al que abrió la puerta y le decía más o menos así: “¿tú sabías no?” y “no me avisaste” o algo así entre otras cosas más, airado, que no llegué a entender. El otro le respondía pero no llegué a oír su voz y lo que le decía. Luego de ello supongo que a pedido del que ocupaba la habitación bajó la voz y ya no escuché más de la discusión. Como ya estaba por terminar y calmadas las cosas me fui a mi cuarto para continuar con mis actividades. Cosas de la vida, en la madrugada del día siguiente fue encontrado muerto el estudiante de derecho de la Universidad Nacional de Huancavelica tirado sobre el pavimento bajo el piso correspondiente, aquel joven que vi ingresar era ese estudiante y su amigo al que visitó un policía que de cuyo paradero ni la menor idea tengo. Si bien la policía hizo las investigaciones desconozco si se resolvió aquel incidente pues estuvieron en aquella habitación libando alcohol hasta altas horas de la noche como era de costumbre por allí, nada raro por supuesto. Si se cayó o lo empujaron no se sabe pues cayó de la azotea del tercer piso que en esa ocasión no tenía la pared de contención muy alta. Días seguidos tuve que viajar a mi ciudad natal a pedido de mi madre y mi ausencia coincidió con una marcha que hicieron los estudiantes que pretendieron romper los vidrios de los cuartos incluyendo donde se hallaba mi esposa embarazada quien tuvo que refugiarse en un pasadizo ante tanta estridencia violenta de la protesta.
Salir de allí fue un gran alivio para nosotros puesto que ahora no hay bullicio por encontrarse nuestra casa en las afueras de la ciudad de Huancavelica. Pero cosas de la vida. Hace no más de dos o tres semanas acabó de descubrirse un burdel en la “urbanización” donde vivo, entre el estadio de Ascensión y ESSALUD (donde terminan sus calderos) en dirección al Terminal Terrestre. Los pobladores hicieron rechazo de esta y se trasladó hacia un lugar denominado El Bosque, entre Yananaco y Callqui Chico. Parece bonito tener vaginas al servicio del placer varonil. Ahora en estos días todo indica que funcionarios diversos, gente “bien” en autos último modelo se acercan todavía por allí para levantar a muchachitas al Delivery, a la carta para hacer uso de las ventajas que nos ofrece la Democracia y la libertad burguesa peruana.
Sería pues conveniente que se trasladen a las habitaciones del gobierno regional talvés, a las oficinas del municipio, a las oficinas de la fiscalía, contiguo al poder judicial huancavelicano, a la Escuela de policías de Huancavelica, a la habitación del comisario, a las habitaciones de la parroquia de la Iglesia de la ciudad o en la casa de algún hermano del párroco de Huancavelica donde puedan pasar “más caletas” aunque con el riesgo de que los señalen sus pares como pendejos, inmorales, putos, cochinos, podridos, etc. tal y como acostumbran a señalarnos a nosotros los comunistas.
Asumo que los comuneros de este lugar deberán tener una reunión donde se ha de ver este asunto de amor transaccional a escondidas y no terminemos pasando el papel higiénico y llevando el agua para que estas “gentes bien” que incluso nos cholea se limpien y se laven las partes por las que definen sus personalidades y su racionalidad aquí en Huancavelica. Si a los de la ciudad les gusta exponer a sus mujeres y a sus hijas es cosa suya. Aquel iluso que creyó que sacarlas de la ciudad a la periferia, es la solución, está más arrecho que un caballo loco. Como reza el dicho, la mujer del César no solo debe ser digna sino que también debe parecerlo.