viernes, 28 de octubre de 2011

CASO CIRO ROJO Y ROSARIO

Lo que a continuación voy a escribir lo hago desde mi perspectiva personal del conocimiento de la fuerza direcccionadora de lo que se llama el “cuarto poder”, más que el periodismo, la opinión pública.
Lo manifestado por la señorita Rosario ante la ausencia del cuerpo de la víctima nos sonó a quimeras, divagaciones, mentiras. A nosotros en general nos ocurrió un fenómeno social al que llamé homicidio conciliado, es decir, la necesidad de creer que hubo un asesinato o similar en la víctima llamada Ciro y que su acompañante era simplemente una asesina.
A eso contribuyeron determinados medios de comunicación en general que intentaron hacer primar su opinión y su sentido común al igual que la población en general (incluyendo a quien escribe). Situación al que contribuyó de manera negligente la señorita Rosario.
Quizá nos debió de haber sonado o sentido creíble las palabras de esta chica pero con llanto en sus ojos y no con la aparente frialdad con la que se expresaba. O sea, algo así como el llorón ladrón ese que robó las joyas de la cruz de Chalpón (Motupe) y en un video del hallazgo de los restos de aquellas maderas al muy cretino se le vio llorando desesperado por aquel evento, luego sería detenido el bicho ese.
A estas alturas y luego del hallazgo del cadáver de Ciro suenan congruentes las afirmaciones de Rosario. Que se haya equivocado en ubicar determinados lugares es congruente y corresponde a esas situaciones en que se olvidan los eventos y lugares donde uno pernocta (más aún si se está por única vez) lo que llamaré como pérdida de la orientación geo-espacial por la poca capacidad del cerebro de procesar o guardar información (trascendente y/o intrascendente) que no cabe en el cerebro por la amplitud geográfica. Lo sé por la experiencia de mis paseos por los cerros de mi ciudad natal.
Hay algo de similitudes entre la vivencia de Rosario con la mía (excepto que no hay víctima alguna en mi caso). Determinados miembros de las fuerzas policiales (en contubernio con los civiles en el contexto de la guerra interna en nuestro país) generaron opinión en mi contra relacionándome con la subversión y el terrorismo en nuestro país (como ya conté) y qué duda cabe quién puede dudar de las palabras de los policías y/o miembros de seguridad del estado frente a un tipo que tuvo directa o indirectamente “vínculos” con la subversión durante su permanencia en la Agraria La Molina. Si bien hoy ya casi no queda nada de aquello y existe la tendencia de que me señalen como “loco” por decir o seguir diciendo lo que dije hace muchos años (lo del binomio imperio-terrorismo lo que alegremente llamaron como “teorías de la conspiración”).
Existe un término jurídico que se llama “presunción de inocencia” (no presunción de culpabilidad), o sea, que todos son inocentes hasta que se les demuestre lo contrario. Este debe de ser el denominador común en la población respecto de la persona de Rosario y no creer que se tenga la razón solo porque sí o por que suponemos que así deben ser las cosas o que así quiero que sean las cosas. Increíble lo que sucede en este país, la gente común y corriente quiere resolver los casos sospechosos de homicidio simple (o similar) y no las autoridades, funcionarios u organismos profesionales pertinentes con las evidencias y las pruebas suficientes.
Por eso, mientras Rosario sea abarcada por la presunción de la inocencia, a la gente no le debería quedar más que morderse el culo de la rabia o de la indignación, así de simple.
Algo es evidente en este caso aunque se quiere negar (quien no conoce a los estudiantes universitarios de la Agraria creería que son unos angelitos pobrecitos mucho más si son de la rama forestal -salvo algunas ínfimas excepciones-), el vicio (drogas, marihuana, alcohol o la porquería que sea) no es una buena consejera puesto que o bien te conduce al cementerio o bien a un centro psiquiátrico o bien al rectorado de la UNALM por no tomar como referencia al delincuente de Alberto Fujimori Fujimori ex rector de la UNA.
Si a Rosario se le hallase responsable de homicidio, tírele piedras si quiere, escúpale o sino entréguele todo su amor.