sábado, 15 de octubre de 2011

DESTINOS

El nunca acabar de los inexpertos adolescentes y jóvenes; comenzar a recorrer el mismo camino del de los adultos, buscar un no se qué, quizás la felicidad que no existe ni existirá.
Recorrer las mismas infames miserias y dudas, las mismas lacerantes torturas existenciales de la vida y la materia halladas por el hombre al tratar de descubrir el peso de su ignorancia.
Buscar un algo pero nunca encontrarlo, la sabiduría quizás, negando al animal bestial y poco angelicales que somos, a un montón de materia desordenada armónicamente.
Ignorar que de adolescentes y jóvenes perdemos tiempos preciosos queriendo vivir aventuras ciegas, a veces estúpidas, torpes, sin dirección, pero que sin vivirlas no seríamos nada ni nadie.
Volver a la absurda y humana discusión de si se es tonto o no por el placer y los goces, cuestión de idiotas ilustrados y de ilustrados idiotas que andan gozándose y sufriéndose a sí mismos como excrementos de la naturaleza.
Pensar que la vida la perdemos estúpidamente en hechos fatuos que para muchos del común de las gentes es la cúspide de su historia con toda la razón del mundo y sin nada de ella también.
Sembrar incansablemente deseos y expectativas en la realidad social, viviendo torturándonos, terminando ahogados, asfixiados por ellas, cosechando de las expectativas infelicidad que nos impide cambiar, crecer y vivir.
Ignorar que el presente es lo único realmente valioso y que el pasado hoy no existe mas que solo en la memoria, navegando como rémora si se le permite, pero que en la lucha por el hoy se define si el futuro será cierto o incierto.