sábado, 15 de octubre de 2011

DÍAS Y HORAS PERDIDOS

Cuanta masa-energía movilizada por el cerebro en vano
como si hubiésemos regado todo el mundo con banalidades
cuando finalmente lo único que importa es el hambre
del que afloran todas las voces, las lágrimas, las risas, la poesía, los lamentos
y arrojan sus semillas para perennizarse.
Tengo hambre, aun no he comido lo necesario
para así poder sentir que estoy vivo, que no nací muerto
y que al menos algún resto del Dios todavía pueda quedar tirado por allí
puesto que también soy solo una palabra que camina
y crece aunque sea en vano.