martes, 18 de octubre de 2011

LOS INDIGNADOS DEL GLOBO Y OMAR CHEHADE

Comencemos a exponer que la indignación es propia e inherente a cualesquier ser humano sea este incluso o no un delincuente (hasta Fujimori se indigna de su situación), es decir que la indignación no es un buen referente de que las cosas se están tomando con seriedad, con sentido político e incluso ideológico. Es utilizar el recurso de la catarsis social para desfogar las frustraciones pacíficamente evitando así la violencia, una forma de maniqueísmo político que no lleva a ninguna parte coherente.

Lo podemos ver en la indignación de Lourdes Flores Nano respecto de los tres niños muertos en Cajamarca como consecuencia de negligencias a todo nivel que bien pudieron evitarse, en la indignación del general Arteta al denunciar tardía y cuasi vengativamente que el hermano de Chehade (el vicepresidente del país) le propuso que intervinieran en la toma de una azucarera bajo control de los trabajadores a favor de un grupo empresarial peruano (aclaremos que lo de peruano es solo pura formalidad pues así se le consideraba a la Inca Kola hasta antes de que pasara a ser propiedad de empresas extranjeras).

No sabemos a ciencia cierta si lo que dice el general es verdad, medias verdades o simplemente mentiras. La policía de nuestro país no es un buen referente serio y de alta credibilidad respecto de hechos que ocurren en nuestro país tal y como podría ser el caso de los resultados del PRONAA Cajamarca. Todavía es urgente la intervención en la Policía Nacional del Perú al margen de si Chehade es inocente o culpable.

Al parecer los cuestionamientos reflejan actitudes propias de quienes están acostumbrados a actos mafiosos en temas de gran trascendencia política y social y todo esto al más alto nivel que intentan que la corrupción institucionalizada no sea tocada. Sería muy saludable para todo el país que todos los generales sean como el general aprista Arteta y no solo un aparente lunar oportunista que intenta blindar a Alan García Pérez desde adentro o desde afuera. Con gente así haríamos patria por estos lares.

Lo que sí sería grave para los intereses del país (específicamente de un sector del proletariado) es que se ande diciendo palabrería barata de nacionalismos y se haga todo lo contrario (o se pretenda). Veamos nomás la cercanía de policías ligados al aprismo que le han tendido una celada a Chehade (no sé si voluntaria o ingenua) que nos diría que el vicepresidente desconoce demasiados aspectos de temas policiales y militares o que en definitiva todo el sistema (la estructura política peruana llamado democracia) está definitiva y confirmadamente podrido y apesta ante el cual Ollanta Humala no puede ya hacer nada.

La indignación de fujimoristas y apristas (a todo nivel y tipología) me sabe a porquería completa, a basura que apesta, como para limpiarse el culo. Los funcionarios de este gobierno si realmente tienen buenas intenciones de combatir a la corrupción deberían por empezar a actuar con más seriedad y responsabilidad y no como lo ha hecho hasta ahora supuestamente el vicepresidente Chehade de Gana Perú.

Haría mal este gobierno en colocar como cabeza de la comisión investigadora de los actos de corrupción del podrido y genocida Alan García Pérez y su gobierno a un personaje como Chehade, aparentemente doble filo y más falso que documento de Azángaro.

De demostrarse responsable de vínculos en el tráfico de influencias Chehade debe de renunciar u Ollanta debe de renunciarlo y a la vez comenzar a actuar sobre todas las instancias policiales, militares y judiciales de nuestro país con mano dura pues denota la presencia de personas inescrupulosas, mafiosas y oportunistas como el general Arteta que hoy se pasea alegremente por los pasillos del Circongreso con su rostro adusto y sereno como un “indignado servidor de la patria” más enfrente a tanta alimaña putrefacta que se les llama “padres de la patria”.

El gobierno de Humala tiene enfrente un gran desafío, es decir, la de contradecirse abiertamente respecto de su perorata nacionalista populista (dado el contexto de la creciente y inevitable crisis financiera-económica global que se agudizará más y ya repercute en nuestro país) y la de hacer primar el lado neoliberal toledista para reconvertir empresas inoperativas como las de la azucarera Andahuasi que está en crisis hasta ahora irresoluble y en manos de sus trabajadores. Las intenciones de Chehade en este asunto por querer favorecer a capitales peruanos nacionales (por ahora) y así consolidar a Andahuasi como parte del escenario productivo azucarero nacionalista (de un gobierno nacionalista) está chocando con la corruptela mafiosa y chantajista que pervive aún incluso, paradójicamente, a costas de este gobierno. La pretendida actitud presunta de proteger los intereses de los trabajadores de Andahuasi por parte de apro fujimoristas (“la oposición” en ciernes) lindan solo con el oportunismo y la conveniencia (durante el gobierno aprista García no hizo nada absolutamente concreto por definir esta situación sino al contrario de ir en contra de azucareras bajo tutela de los trabajadores, es decir, la de privatizarlas rematándolas al mejor postor al que nos opusimos y nos seguiremos oponiendo). Generales como Arteta que antes apoyaban acciones privatizadoras con los ojos cerrados (no olvidemos lo de Bagua) hoy se lanzan ferozmente en contra de acciones similares y en “defensa de los intereses de los trabajadores”.

El nacionalismo Humala-toledista suena a nacionalismo chicha, a ni fu ni fa más aún en razón a las presiones mediáticas de los defensores de la “democracia” neoliberal como los de la SIP que intentan ponerle una soga al cuello del gobierno peruano chantajeándolo con “libertades” en riesgo y similares en el afán de no perder el control del poder en el que la actitud del general Arteta es una muestra pequeña pero significativa. No quieren el cambio en lo estructurado ya, en definitiva se resisten a las exigencias de la población que así lo refrendó en estas elecciones presidenciales (al que hoy intentan “impresionar” con sus actitudes, como el del general Arteta), eso se puede ver y Humala todavía quiere conciliar al que se está atando de manos voluntariamente por las circunstancias especiales que hoy le ha tocado vivir.

Dije antes que no era el momento para Humala (sí el 2016) pero ya está en marcha y no hay marcha atrás, en un gobierno muy amorfo, deforme, indeciso, blandengue por el tipo de pactos que hizo tan solo por llegar al gobierno. ¡Y ahora, ¿quién podrá ayudarnos?!, es una exageración por supuesto para quien sabe y quiere resolver los problemas x.