viernes, 18 de noviembre de 2011

DEFINICIÒN HUMALISTA, A FUERZA DE LAS CIRCUNSTANCIAS

El proyecto de Ollanta Humala es un proyecto personalista y figuretero, donde cabe cualesquier improvisación y reacomodo según la tendencia institucionalizada de la gerencia de los gobiernos de turno (en relación al desarrollo económico) y cómo evolucione el escenario global.


Tragarse tanta mentira ilusoria “nacionalista” durante una campaña electoral es solo dable en el imaginario peruano sadomasoquista dado su afán de “creer” en algo que suene y haga concordancia con sus necesidades y expectativas. No diré lamentablemente pero lo acontecido con Humala es más de lo mismo. Si los que votamos por él creímos que era una candidatura de cambio y transformación profunda de la sociedad peruana, del sistema peruano, estaban pues elucubrando mal.

Las afirmaciones de Antauro respecto de su hermano presidente dicen mucho de quien lo conoce muy bien y del fiasco que representa el presunto “nacionalismo” que Antauro para rescatarlo lo encuadra dentro de un etnonacionalismo trasnochado y carente de soporte ideológico-político y social más que solo en la verborrea de líderes que se las quieren traer cultamente todas.

Humala es uno más de los que se decepcionan de sí mismos y uno más de los que carecen de la voluntad y la fuerza política necesaria para hacer los grandes cambios y transformaciones que requiere nuestro país. Alan García es la viva muestra de lo que afirmo y que no estuvo ni está a la altura política de su jefe y mentor Haya de la Torre quien habría recalado en las mismas vicisitudes de Humala de haber llegado a la presidencia del país (cuyas expresiones la hemos visto con los dos gobiernos de García, la fama de Haya es similar a la de las glorias de la guerra del pacífico, por que no vencieron).

Ahora Ollanta Humala acaba de descubrir una “nueva realidad” distinta a la realidad que con tanto empeño y entusiasmo defendía como en el caso de sus promesas electorales con respecto al sector minero. Una cosa es el chongo revolucionario, radical y nacionalista y otro el chongo presidencial gubernamental dentro del sistema.

Lo suyo es solo un caso anecdótico en la historia de nuestro país. Nada puede alterar radicalmente más que solo hacer uso de lo ya estructurado económica-financieramente y soportado por las fuerzas armadas a los que él contribuyó a consolidar con su participación en la lucha contra la guerrilla maoísta de Sendero Luminoso con la desaparición forzada de ciudadanos (sospechosos o no) en casos similares a los de Madre Mía de los que no se ha podido probar las acusaciones en su contra (o no se ha querido) dados en un contexto de guerra interna donde la verdadera personalidad de Ollanta Humala ha sido puesta de manifiesto allí como para habernos impresionado durante la campaña de primera y menos de la segunda vuelta electoral.

No es que carezca de los profesionales y de los líderes para consolidar su gobierno como algunos argumentan sino que carece no solo de la capacidad para llevar a cabo sus propuestas ideológicas “nacionalistas” y que el cuco que ellos inventaron estaba muy lejos de la realidad puesto que correspondía solo con su afán politiquero neoliberal neocolonial de súbditos del imperialismo norteamericano y la necesidad de que fuera elegida Keyko Fujimori para evitarse “sorpresas” que no las iban a haber.

Dado a que ha comprendido que no tiene representatividad ante las masas y el proletariado, más que coyunturalmente, bajo un estado de indefinición personal política e histórica, Humala se ve en la necesidad de recalar en las posturas sociales democráticas (similares inevitablemente al del aprismo garciísta segundo gobierno), dándonos a entender mucho la condecoración de Bedoya Reyes en la orden de Gran Cruz como queriendo seducir a los reaccionarios del PPC (metida de mano bajo las faldas de Lourdes).

Hay tanto idiota ilustrado en este país que estúpidamente se atreve llamar a este gobierno de “izquierda”, con el que se verá enfrentado si no cumple mínimamente con sus promesas ridículas pero resultado encantadoras para amplios sectores de la población ansiosos de cambios y de lo que el gobierno hoy llama “inclusión social” como mentira piadosa. Humala (o cualesquier otro) no tiene más capacidades que los que le otorga el sistema soportado militarmente más que por las FFAA sino por el Comando Sur norteamericano.

Algo deberíamos de aprender muchos de los peruanos de izquierda, no le debemos de creer a nadie que como Humala (o el García de su primer gobierno) nos venga a vender la salvación con sus palabras y presunciones, ya está recontra confirmado más de una vez (es algo que las generaciones olvidan, no recuerdan o no la saben), que las elecciones no resuelven nada concreto sino es nada más que vendernos la ilusión de la participación ciudadana que sí la ejercemos en las calles, en las protestas sociales, como hoy sucede en Cajamarca, en Andahuaylas entre otros, donde se seguirá poniendo de manifiesto la miserable posición de los empresarios mineros de querer llevarse lo máximo dejando lo mínimo satisfactorio.

No caigamos en el tráfico-venta de propuestas ilusorias electoreras (de ningún lado) que “la realidad” del sistema no pueda soportar. Si elegimos a Humala no es por sus cualidades de líder equilibrado y moderado (en palabras de Bedoya Reyes), ni por gran revolucionario transformador ni nada por el estilo, sino tan solo por evitar que la hija del delincuente y mafioso de Alberto Fujimori junto a sus secuaces vuelvan a sus andanzas de pervertir nuestro país (incluido con el terrorismo intervencionista) del que pese a nuestras falencias y otros deseos hemos contribuido de uno o de otro modo a construir y que hoy paradójicamente hoy la defienden. Veamos sino el caso reciente de la actitud puramente politiquera y mediocre de Fuerza 2011 respecto de su propuesta actual última de la eliminación del CAS (Contrato Administrativo de Servicio, que en el sector educación liquida la estabilidad laboral y que el SUTE-HVCA también exige su eliminación como parte de su plataforma de lucha en un paro de 48 horas convocados para los días 29 y 30 de noviembre 2011 –Decreto Nº 001-2011-CER-SUTE-H-) que fue implementado como parte de la política neoliberal peruana para la flexibilización laboral iniciada con el gobierno del súbdito imperial Alberto Fujimori Fujimori (provocando algo más que urticaria en los propios fujimoristas y reaccionarios los que lo atribuyen a un presunto lapsus), expresión propia de una campaña deforme electoral con miras al 2016, mentirosa y contradictoria como ya está de moda en un contexto de incertidumbre global y de tendencias presuntamente populacheras y emboscadoras con el simple afán mediático politiquero y electoral (recordemos la yuca de Fujimori). No sé por qué los peruanos se sorprenden de tantas mentiras electorales si eso es lo que les gusta, necesitan de ello como parte del show electoral, recordemos el dicho ese de: “prometer y prometer y una vez metido, olvidar lo prometido”, o de: “promete incluso hasta lo imposible, a la gente le va a gustar el dedo en el poto y su dedo en el pomo”.

Humala siendo un reaccionario con piel de cordero (y con apellido etnonacionalista) hace demasiados quiebres para definirse. Solo le bastaría hablar más claro y definido y no estar yéndose por las ramas como con “el oro y el agua” (como si dijera “con los ricos y con los pobres”) pues es una tomadura de pelo nada más (al lado de una clase empresarial mercenaria irresponsable nacional y extranjera al que se le pretende imponer condiciones que ni siquiera en un mejor contexto económico –hasta el 2010- pudieron o se les pasó por la cabeza el cumplirlos, más falso que cucaracha con canto de grillo). Muchos intelectuales respetables (como Julio Cottler) simpatizantes de este supuesto “nacionalismo” humalista (dizque “de izquierda”) pretenden arrastrar, ajustar y someter las protestas reivindicativas sociales (expresadas en los más de 200 conflictos sociales) a las necesidades dubitativas y todavía amorfas de este desabrido gobierno nacional-posibilista bajo la presunción, ya debelada, de ser la expresión electoral de las mismas.