viernes, 16 de diciembre de 2011

LA LEY MORDAZA DE LOS OSCURANTISTAS CONGRESISTAS DEL PERÚ CONTRA LA VERDAD

Una cuestión mediática y oportunista. Hecha para que todos los que están ejerciendo la función pública conciliadamente puedan protegerse (blindarse) de cualesquier escándalo que los ponga de manifiesto y nos muestren al país una imagen falsa de lo que no son, es decir, mentiras, puras mentiras.

Todavía me parece fresca (aunque ya no tanto, que difícil recuerdo por estar lejos de la inmundicia y los devaneos de la gente) los días de estudiante de pre grado en la universidad donde en plena efervescencia de la Guerra Interna y la actividad estudiantil se tomaba mi vida privada (si se le puede llamar así lo que ahora me resulta jocoso pues eso es de lo de menos) de una manera casi irresponsable, maniqueísta, sin responsabilidad más al contrario con excitación vulgar y política por llevar hasta la mofa y el ridículo como parte de un contexto de ejercer violencia bajo diferentes modalidades como expresión de la agudeza mental de quienes lo hacían no solo por bloquearme sino por anularme social, profesionalmente (como en cierto modo lo lograron con mi abandono forzado de mi actividad universitaria aunque lo nieguen hasta por los codos, “si ya no hay dictadura”). Divulgando mis expresiones, mis actos, gestos, opiniones, mi vida familiar de modo casi sistemático, muchas veces distorsionados incluso con motivaciones calumniadoras (por ambos lados).

En esas condiciones quizá habría dado mi opinión a favor de que se promulgue esta ley (la de sancionar a quienes difunden conversaciones privadas que se conceptualiza segmentada-elitizada como “audios privados” en el congreso por el hecho de haber sido grabados legal o ilegalmente lo cual no tiene importancia para mí). “Audio” es lo que se escucha y lo que luego se dice o se comparte en el entorno social, es una imprecisión que busca encubrir a la temerosa clase política y volverla intocable por así decirlo, algo característico de la corrupción fujimontesinista de la década de los noventa para ilustrar. Es además una aberración puesto que lo que se difunde a través de estos audios son temas relacionados con personajes de carácter PÚBLICO, servidores públicos propensos en razón de su condición en sujetos de escrutinio, manoseo, fiscalización o lo que fuera más aun en razón de lo que “dicen”. Si no quieren que se difundan sus audios entonces que los del gobierno se larguen a sus casas, los del congreso que se vayan a la mierda, que los funcionarios públicos de toda índole se vayan al carajo.

Las cosas que se dijeron de mí respecto de mis “audios”, bien o mal intencionadas pese a su nocividad incluso de carácter homicida, en cierto modo han influido en mi personalidad (no lo puedo negar) y me han dado la fortaleza y la “sabiduría” para comprender mejor la naturaleza material humana y social. Si no hubiese ocurrido eso me habría cerrado totalmente en una coraza, es decir algo así como metido en una concha que me hubiera servido de “imagen” personal, falsa por supuesto, fingida, hipócrita, cínica que es la característica típica de la clase política de nuestro país.

Habría bien el lector en leer a Manuel Gonzales Prada respecto a este tema de lo público y lo privado para ilustrarse mejor. Que si no quieren que los escuchen entonces que se larguen del sector público y su función que aquí no hay intocables, gente light, de la élite, non plus ultra además porque sus decisiones nos involucran directamente y tenemos el derecho de defendernos o enfrentarlos. Ese fue el caso de Lourdes Flores Nano y el audio que la mostraba en una etapa de su personalidad que desconocíamos (siendo una persona pública y que pretendía gobernarnos) y solo veíamos el maquillaje, la sonrisa a flor de labios. Orgullosa debería sentirse esta señorita de saber que la conocemos como realmente es y que es de valientes el saber asumir la sinceridad y la claridad de sus palabras y emociones que bien nos puede hacer ganar mucho o nos puede hacer perder demasiado, razón por la que siempre ha sido rechazada sin siquiera haberse escuchado con anterioridad sus audios en mención. Mienten descaradamente los que piensan que esta señorita perdió las elecciones (finalmente perdió algo más que eso) con la difusión de este “audio privado”. Se ve terrible que el Premio Nobel de la Literatura peruana (del que dijimos no le correspondía) también esté de acuerdo con penalizar la difusión de audios privados, como para limpiarse el órgano de la des alimentación, es un decir.

Este Congreso ha dado la primera muestra de lo mucho que va a dejar desear en cuanto a la actividad personal y política de sus miembros, que tratar de diferenciar en ellos entre lo público y lo privado ya pierde total validez y que pretende equipararse con el estatus del que goza el “soldado desconocido” que recibe la admiración o el reconocimiento de ambos lados por igual. ¡Quien nada debe, nada teme!

Esta ley no debería de durar más de una semana solo para experimentar lo sinvergüenzas que pueden ser los políticos de nuestro podrido país que también se han iluminado con la mentada función sacerdotal del ex militar Ollanta Humala (que operó en el Huallaga con el sobrenombre de Capitán Carlos según determinadas fuentes diversas y se le atribuyó la desaparición de personas). Al menos en algo ha habido unanimidad de criterios entre los miembros del Chongreso (la “inauguración”) de nuestro país a excepción de seis de ellos lo que denota que está de cabeza.