sábado, 10 de diciembre de 2011

SE ENFRIÓ LA EXCITACIÓN GUBERNAMENTAL DE SALOMON LERNER

En una actitud que va acorde a su postura política ideológica (casi una cuestión de orgullo político y de principios personales) Salomón Lerner presentó su carta de renuncia irrevocable al cargo de Primer Ministro. Dudo que sea ratificado en su cargo dado que no está respondiendo con esta actitud a los retos o desafíos que representa el incipiente gobierno del señor Ollanta Humala.

Sus últimas actuaciones no se correspondían con la postura tradicional de un funcionario, valga la redundancia, “tradicional”, el de la etiqueta, de las posturas shik, de la elite que toma decisiones tradicionales, es decir, al margen de la consulta popular, por decisión de los grupos de poder estructurados para los fines del poder que ahora no han estado resultando de ese modo, puesto que no resulta cómodo tener que estar reunidos con la marabunta social y tomar decisiones presionados por las circunstancias, situaciones que se desdicen de la politiquería tradicional y tecnócrata de nuestro país (tecnócratas que hoy les aprietan el cuello a los ciudadanos de a pie a escala global para intentar salir de la crisis que a muchos les suena más bonito el negarla o no mencionarla como tal).

Él supuso que desde el inicio de su premierato las cosas deberían significar simplemente algo más que el continuismo del modelo neoliberal con la inclusión social como algo accesitario (derivado, por el sentido común neoliberal), postura que avalaba Alejandro Toledo y Mario Vargas Llosa. Lamentablemente el caso más patético para Salomón Lerner (y la política tradicional) fue el de Conga en Cajamarca que ha provocado su renuncia irrevocable. Debió sentirse utilizado por las circunstancias más que por el señor Ollanta Humala.

Lerner es consciente de la situación más difícil de manejar en que se está convirtiendo el escenario político-social en el contexto de la crisis global con sus ya repercusiones en el país que se irán agudizando poco a poco. Continuismo neoliberal y la definición actual de la inclusión social son incompatibles y de persistir en lo mismo conllevará a situaciones similares como las que hoy deja de lado Lerner, que pese a sus antecedentes izquierdistas, apristas, etcteraísta que se le atribuye no está preparado como para desempeñarse en una situación como la que le ha tocado vivir.

Las indefiniciones matan. Eso está por manifestarse en este gobierno con más fuerza y que debe de estar provocándole a Humala inmensos dolores de cabeza. Las “amenazas” de Alejandro Toledo si escoge “la gran transformación de la primera vuelta” y si deja la “hoja de ruta de la segunda vuelta”, con eso de “ponerse la vincha” al estilo de la marcha de los cuatro suyos del 2000 se corresponde con unas relaciones tirantes entre los aliados mediáticos. De ser así, Toledo tendrá que movilizarse a la cabeza de los fujimoristas, de los apristas y de toda la ultraderecha puesto que las masas que lo acompañaron en el 2000 no necesariamente lo seguirán sino que le saldrán al frente a pararle lo macho cabrío de su “revolución democrática” al estilo del medio oriente.

En razón de aquello, el “nuevo” gabinete ministerial no tendrá muchos giros o cambios drásticos. Con Humala o sin él el continuismo neoliberal en nuestro país tendrá que sufrir un cambio radical en sí mismo (para Toledo habría sido ideal que él lo hubiera realizado de haber sido elegido presidente para una re reelección al estilo Alan García o como ya daba ciertas manifestaciones “populistas” la Keyko Fujimori en su oferta electoral) pues persistir en lo mismo es conducir a una radical polarización del país donde un gobierno de la derecha maquillada (como Toledo) aplique todo lo que saben aplicar casi por manual (algo que hoy chocó con las redes neuronales y la paciencia de Kiko Salomón Lerner, ¡chusma, chusma!).

Humala no tiene nada que perder con sus decisiones puesto que lo que tiene que suceder en nuestro país no está sujeta a las elucubraciones mentales de unos iluminados positivistas o pesimistas.

En educación, a mi modo de ver Ollanta debería de eliminar por un periodo de diez años la ley de Carrera Pública Magisterial (CPM) y uniformizar los sueldos (con tendencia hacia un promedio general digamos mejor), evaluar los resultados de esta CPM y de programas tales como PELA (programa de estafa a los alumnos), actuar “radicalmente” sobre los órganos de dirección a todo nivel (especialmente en las Instituciones Educativas) con criterio pedagógico y social-magisterial (en razón a que se están convirtiendo en órganos parasitarios y mediocres al Estado al creer que enfrentando a los padres de familia politiqueramente y en razón del logro de una presunta calidad educativa acosando soterradamente a los maestros les hará ver como que están “cumpliendo” “su trabajo” educativo asignado tal y como sucedió en el gobierno de Alan García Pérez), poner más celo en los concursos de nombramiento, insistir en la obligatoriedad del Programa Juntos principalmente al Nivel Inicial pero no solo como un mero formalismo de asistencia del educando, etc. No hacerlo es continuismo neoliberal, es decir, ir a la deriva en un escenario global y nacional cada vez menos adecuado para el gobierno (y para el país) del que muchos ministros ya están queriendo sacar cuerpo a tiempo.