jueves, 13 de diciembre de 2012

FIN DEL MUNDO, LA MUERTE DE NOSTRADAMUS


Desde los tiempos primigenios dela humanidad, sectores sociales específicos ligados al poder y al direccionamiento de los grupos humanos según intereses particulares, implementaron toda suerte de adivinos, esotéricos, astrólogos, entre otros asociados a las observaciones de los astros, estrellas y demás objetos del espacio sideral.

Dada la exclusividad del conocimiento de determinados grupos de poder ello facilitaba el direccionamiento y el control de los demás sectores humanos. Era tal la manipulación mental que se inducía hasta al suicidio, incluyendo al homicidio.

El temor inconsciente, el miedo engendrado desde la ignorancia de la mayoría de la población, pese a los avances en ciencias y la tecnología, persisten hoy en día en un sector demasiado considerable de la población mundial que se traga con zapatos y todo este cuento manipulatorio del apocalipsis y demás tonterías inventadas por ciertos "iluminados" tales como sucedió con el tristemente célebre Nostradamus. A este individuo, los grupos de poder y ayayeros que instrumentan la manipulación mediática de “predicciones” lo han utilizado-asociado en casi todos eventos modernos e intentarán hacerlo con otros por venir pues hay gentes ignorantes, por no decir estúpidas, idiotas o imbéciles (incluso voluntarios) que se dejan meter el dedo ajeno por el poto y sentir un placer incierto de éxtasis alimentado con su miedo, un miedo producto de su ignorancia de la naturaleza y sus fenómenos (incluyendo los del pensamiento).

Gente así con la que me cruzo por el camino ya no los observo con desprecio como lo hacía antes; ahora lo hago con cierto sentimiento de compasión por la comprensión de lo miserable e insignificante que puede ser el género humano y en general toda forma de vida sobre nuestro universo y demás universos. A pesar de ello, un hecho probable, factible, algo que es evidente y sensible.

No me admira el miedo que se denota en los individuos cada vez que se habla de este tema (del 21 de diciembre del 2012) puesto que la naturaleza de la materia no está ni vivo ni muerto como conceptualizamos; la materia solo está organizado temporalmente de un modo específico por un periodo breve de tiempo al final del cual perderá dicha forma para disgregarse o descomponerse pero con la salvedad del recurso genético-memorístico de reproducir dicha forma de la materia carente de esencia real. Quien tiene una idea clara de la organización evolutiva de la materia, desde las partículas elementales (quark) hasta los organismos más complejos como nosotros, comprenderá esta aseveración que en los demás individuos netamente subjetivos-conceptuales sonará a un absurdo (pues para ellos es más fácil rellenar los vacíos existenciales con la idea-concepto del Dios que “todo lo resuelve” –específicamente desde sus ideas primigenias desarrolladas por los primitivos grupos humanos-).

De miedos y temores (inevitables por la condición humana y de todo ser vivo en general) engendrados en estos contextos es que se alimentan las supercherías, las “predicciones”, las "aseveraciones" tales como los de Nostradamus y los de las religiones como lo formulado en el Apocalipsis de Juan en el libro registro cultural religioso filosófico denominado como la Biblia del Nuevo Evangelio, de una forma de pensar (al fin y al cabo parametrada también) de la población judío-cristiana católica-apostólica-romana etc., etc., en un sector considerable de la población mundial. La impotencia de Juan de lograr una justicia social se tradujo en desear una justicia de carácter “divino” que le sirviera como una suerte de justicia final en un “juicio final” hipotético asociado a sus conocimientos de astronomía, de fenómenos sociales y de la naturaleza. Un consuelo de tontos tal como expliqué en otro artículo.

Dado lo impredecible de los fenómenos de la materia-energía (como unidad dialéctica) en el universo, nadie sabe realmente la fecha del fin del mundo. Quizá podamos predecirla con uno, dos o más años de anticipación (“a lo Nostradamus”) dado los avances en las ciencias en general y principalmente a las observaciones astronómicas. Solo así podrá usted suicidarse por televisión o por internet.

El caso de las “predicciones” Mayas no puede tomarse con mucha seriedad ni menos a la broma pues después de tanta alharaca global se pintará, se divulgará como opinión, que los Mayas fueron una suerte de “floreros” o farsantes y eso no podemos permitirlo tampoco. Debemos guardar las distancias, la comprensión (aunque no la tengan) de legados de observaciones astronómicas históricas, la cordura y al menos parecer menos estúpidos de lo que demuestran ser. No le hagamos el juego inocentón a los retrógrados grupos interesados y a los grupos de poder global; que si determinados individuos quieren morirse, que se mueran pero sin tanto show (si quieren podemos darles una última empujadita, solo avisen).

Pase lo que pase o no, el único que creo morirá el 21 de diciembre es Nostradamus. Dicho día se produce el cambio de estación; de primavera a verano en nuestro hemisferio. La aseveración del supuesto “alineamiento” entre el Sol, la Tierra con el centro de la Galaxia o algo por el estilo, son solo tremendismos arrogantes de quienes creen que pueden definir alineamientos en este caso en nuestra Galaxia Vía Láctea sin considerar hechos determinantes como desviaciones de la luz por causa de las demás estrellas y la presencia de estrellas-“agujeros” negros, los millones de años luz de distancia, defectos y deficiencias de percepción visual (aparentemente solucionados con el Hubble), entre otros. No existe la certeza demostrable ni menos probable de que suceda que al disparar un rayo de luz, que una instantáneamente el centro del Sol y el centro de la Tierra, pase siquiera cerca del centro de la galaxia. En similar criterio se basa la “alineación” entre el Sol, la Tierra y la Constelación de las Tres Marías (constelación de Orión) que se asoció con el nacimiento de Jesucristo en el mes de diciembre.

En fin, en esos temas el lector puede divagar o navegar por el basto mar de internet si lo desea.

Solo falta que el atorrante Benedicto XVI salga a proclamar al mundo que gracias al nacimiento de Jesucristo el 25 de diciembre (según el calendario gregoriano), no sucedió el fin del mundo de Nostradamus, ni de los Mayas ni el apocalipsis de Juan. ¡Gracias señor!, ¡gracias diosito lindo!, toda una cuestión de Fe (idea-concepto), de aceptar conceptualmente como "verdadero" o "cierto" dicha afirmación.