martes, 11 de diciembre de 2012

RECORDATORIOS DE PROMOCIÓN CON ERRORES ORTOGRÁFICOS DE IMPRENTA


Desde hace mucho tiempo a esta parte uno ha sido testigo de cómo los erorres de inprenta pueden provocar más de una respuesta según el tipo de persona “favorecida”. Solo hay que ver los productos de dichas imprentas tales como tarjetas de invitación, recordatorios y toda suerte de medios que sirven (o al menos intentan servir) para intentar perennizar eventos y hechos diversos para en nuestro caso específico en el sector educación.

Desde hace muchos años he podido ver en mcuhos recoradtorios y tarjetas de invitación los errores cometidos quizá por la premura de los eventos. Que el error sea del cleinte quizá sea aceptable pero no sucede así. Parece ya un error generalizado de las imprentas que elaboran productos ortográficos de muy mala calidad y lo peor sea que tengamos que aceptarlo sin tener la oportunidad de que se corrijan y sea el vendedor quien asuma con los costos y consecuencias de sus propios errores.

Es lamentable que eso esté sucediendo en todo nuestro país pese a que los diseños, el tipo de papel, la coloración y toda suerte de adornos tengan las caracteristicas deseadas o superen a lo deseado. Lo peor de ello es estar acostumbrando a la gente a tener que aceptarlo todo por el compromiso o el cumplimiento del mismo.

No hace mucho vi en la fiesta de promocion de mi hija, cómo una madre rompía el marco y vidrios del recordatorio elaborado con tanto ahínco por la profesora y madres de familia de algunas de las aulas de dicho jardín de infancia para quedarse solamente con las fotografías. Es comprensible dicha actitud más si el nombre completo de tu hijo o hija no le corresponde por los orrores (herorres) ortográficos que no identifican a la persona que se supone pretende designar, “perennizar” y hagazajar.

Lamentablemente los errores debidos a la imprenta (que tanto trabajo también emplean) sean los determinantes de situaciones que ellos no consideran de responsabilidad y los toman como hechos irrelevantes habidas cuentas sin asumir costos algunos y no exista legislación para ello pues así se ha generalizado en el escenario nacional y que se traduce como la aceptación de hechos de falta de confianza y de productos de mala calidad en general. ¡Oye choche, no me envidies la camioneta 4x4 full equipo, ah!, ¡fracasao!

Muchos de los que elaboran estos recursos mediáticos recurren al empleo de computadoras para estos menesteres “modernistas y de última tecnología”. Lamentablemente las computadoras tienen una programación determinada y “no piensan” ni discriminan consideraciones del tipo humano y las maneras de pensar de los mismos puesto que se rigen tan solo por parámetros específicos y limitados, muchas veces lógicos, en los que los diagramadores no recalan ni ponen celo. Es el caso de los nombres caprichosos que solemos poner a nuestros hijos cambiando muchas veces los tipos de letras convencionalmente empleados y que suelen producir errores interpretativos en los empleados y dueños de imprentas que creen o asumen que es como es y debería ser, alterando así situaciones correctas con otras aparentes situaciones “correctas”. Errores como cambio de letras, omisión de algunas, separaciones indebidas, etc., todos ocurridos incluso simultáneamente en el mismo producto.

Si el cliente es el que se equivocó, no hay por qué hacer tanta alharaca de dicha situación, asumirá o no los costos de las correcciones. Pero si el vendedor se equivoca no me parece correcto que tengamos que dejar pasar dichos errores solo por que salgan del paso y nos haga un descuento agradable sin pensar en la calidad del producto terminado en sí.

Para el caso de este blog, los errores ortográficos (intencionados o no) son considerables pero no recala en darse valor por el mismo sino por otras consideraciones no ortográficas y dado que no tenemos un carácter oficial no asumimos responsabilidades por ellos sino por las consecuencias sociales y legales que pueda provocar. Aquí si estamos dispuestos a asumir los costos ¡¿?!

Básicamente, a todo nivel, nos quieren imponer un tipo de producto de mala calidad ortográfica (ni para hacer mención de los productos de mala calidad estructural) y lo peor no es que se superen dichos errores sino que estamos aceptando bajo diversas circunstancias dichos errores como parte de nuestra racionalidad cotidiana, de nuestro convivir, de nuestro relacionarnos. Por ejemplo eso lo podemos ver en el propio dizque presidente de la República que resulta en un gran fiasco de gran transformación, un error posible, tan igual como significará su propio hermano de incurrir en campaña presidencial (salvo que quiera hacer verdaderamente una revolución y no “la gran transformación” al estilo de la de su hermano Ollanta).

La experiencia nos enseña que debemos, como clientes, poner mucho celo en el producto que se nos está ofreciendo como terminado y no tomar la decisión de compra y cierre de trato por lo que aparenta, peor aún si estamos en un país de la cultura bamba (caso del Presidente bamba) y de bajo costo (pero de alto riesgo) para satisfacer necesidades y expectativas.

¡Pobrecito el señor, por una letrita o una palabrita no voy a hacerle problemas! Sin entender que el problema no se le está haciendo al cliente sino al beneficiario final de dicho producto dado que no se toman en cuenta en ese momento el malestar a posteriori que se generará aunque devenga finalmente en un simple hecho anecdótico que se olvidará con el tiempo (o al menos hasta que se extingan los propios rollos mentales generados en las partes involucradas).

De allí frases conciliadoras y oportunas como: “pero si tan solo es una invitación”, “pero si solo es un recordatorio”, “bueno pues, los errores siempre suceden”, “tanto problema por una o dos letritas” (siempre que no sea tu nombre o se refieran a ti por supuesto).

Al final, solo somos juzgados más por lo que hacemos que por lo que decimos. Aparentemente los sentimientos involucrados, generados y enfrentados (caso de docentes y padres de familia), por el hecho de ser emociones no cuantificables o medibles, no tienen costos, ¿será? Personalmente asumo que sí pues afecta el estado de ánimo de las personas, puesto que todo estado de ánimo es un estado fenómeno netamente material que ocurre en nuestra masa cerebral integrado con el cuerpo en general (no es que sea “subjetivo” ni espiritual banal “abstracto” como piensa el común de la gente, dizque ajeno a la materia y sus expresiones; un error posible del pensamiento).