lunes, 11 de febrero de 2013

KATHRYN BIGELOW, NORTEAMERICANA HOLLYWOODENSE NACIONALISTA SIN ESCRÚPULOS



La productora hollywoodense reclutada por la CIA-PENTÁGONO, Kathryn Bigelow pretende diseminar a través de los cines y afines películas mediocres a la altura de los requerimientos terroristas e intervencionistas del capital judío, sionista árabe. En este blog resulta absurdo hacer diferenciaciones entre varones y mujeres para quien entiende bien la naturaleza humana (es decir, de la materia) y no está plagado de prejuicios esnobistas y de género propias de gente programada neurolingüísticamente para percibir al mundo de modo parametrado (en términos de diferenciación de género-sexual me refiero también).
 (Tomado de Internet, AFP)
Su imagen pareciera decir: “defenderé a mi país así tenga que destapar toda la inmundicia del mundo (eso sí, pero no el de mi país) como el de la Triple Frontera”, “lo haré así convierta la vida de los sudamericanos en un infierno por causa de mi país”, “si lo hicimos en Irak, ¿qué de extraordinario tienen los sudamericanos?”, “nosotros tenemos, tomamos siempre la iniciativa”, ¿se atrevería hacer una película sobre el trabajo suyo y de otros personajes afines al PENTÁGONO que se suman al plan intervencionista de administración-uso del terrorismo en el mundo en complicidad de los terroristas árabes (por ejemplo el caso iraquí)?, obviamente que no, sería como desenmascararse públicamente y mostrar sus inmundicias no de mujer sino de norteamericana y del poder. En el caso iraquí solo vemos por la pantalla mediocres películas norteamericanas a la altura de los judío sionistas árabes que muestran de modo cínico su manera supuestamente “cristiana” de ver al prójimo como lo intentó manipular Bush cuando habló de “cruzados” en la efervescencia genocida aun impune, es decir, que los norteamericanos alaban y cobijan alegremente a un delincuente genocida (pese a haber hecho lo que hizo por todos ellos). Bush debiera estar pudriéndose en una cárcel como Fujimori, Abimael, Alan García, o cualesquier otro, motivo por el que los norteamericanos carecen de todo valor humano, cultural, moral o lo que fuera para pretender que debamos consumir toda la porquería que producen en Hollywood sea hecha esta por una mujer como Bigelow.
Obviamente nadie es perfecto. Se trata de imponer “valores” de unos sobre los “valores” de otros y eso también es pasible de juicio a cualquiera incluyendo al autor de este blog que bien bajo circunstancias morales como las de Bigelow podría hasta defender a Abimael Guzmán a capa y espada. Pero bien que sabemos, incluyendo a Bigelow, que antes que personajes (como los de su película y el de su ex presidente George Bush) están los sagrados intereses de nuestros países primero.
Tampoco vamos a insinuar actos terroristas como por ejemplo incendiar cines; eso ya tiene EEUU como hecho concreto por parte de presuntos “desquiciados”, “psicópatas”, “anormales”, “enfermos”, que recurriendo a sus “valores” propios engendrados en Norteamérica recurren a actos homicidas como los que el año pasado pudimos ver por la TV y el internet. Batman aquí ya no es un héroe, aquí solo es un murciélago chupasangre que convive con George Bush en New York al amparo de la democracia norteamericana.
 Aquí reproduzco el artículo copiado de http://cajaencrisis.blogspot.com/2013/02/desde-anos-atras-se-dice-que-se-trata.html Los norteamericanos deberían hacer algo más inspirador que seguir aupándose del argumento invasor cínico y mediocre del “terrorismo”.
En este artículo, el caso mencionado de las islas argentinas de las Falklands podría resolverse llevando argentinos de toda índole a esa isla y “mestizar” a los lugareños puesto que pedirles que se vayan o sacarlos de allí de retorno a su país sería un despropósito (similar al que intentan los palestinos con los invasores judíos israelíes). De algún modo nosotros también hemos corrido similar suerte por el que aquí hablamos eso de que “quien no tiene de Inga tiene de Mandinga” (alusión al mestizaje con negros africanos y/o peruanos autóctonos) y no hablamos de cojudeces como de la “raza pura”, salvo solo puras mierdas y puro chongo (sin películas o films) que nos permite el lenguaje por eso de las circunstancias de la vida.

BIGELOW EN LA TRIPLE FRONTERA
Por José Pablo Feinmann

Las potencias occidentales tienen que tener controles sobre todos aquellos territorios que suponen sospechosos de cobijar terroristas. Ignoramos cuántas bases tiene EE.UU. a lo largo del mundo. El único modo de saberlo sería acceder a los satélites que dejan caer sus miradas sobre el planeta y saben hasta dónde uno guarda sus calzoncillos, sus revistas pornográficas, el revólver que compró para matar a los potenciales malvivientes que arrasan el país o suicidarse. Pero los satélites les pertenecen. Ningún otro país está en condiciones de tenerlos y echar una mirada a lo que ellos hacen. En Guantánamo, por ejemplo, o en el corazón del devastado territorio de Irak. O a qué hora toma el té en los jardines de su palacio la reina Isabel.
La otra obsesión de EE.UU. es crear bases en que asentarse y penetrar en continentes que parecieran estarle negados. El ejemplo, en Medio Oriente, es el Estado de Israel, cuya agresiva ala derecha está conducida por Benjamin Netanyahu, actual primer ministro, que nació en Tel Aviv y se educó en Harvard, por eso es como es. En Sudamérica está Colombia y, en manos de ese formidable socio que es el Reino Unido, las islas Falklands, que nosotros llamamos Malvinas, haciéndolas nuestras al menos desde lo nominativo. Lo que no sabemos de esas islas –de lo que ahí está ocurriendo– es tanto que asusta. Inglaterra las necesita (el Imperio las necesita) pues se requiere tener una base desde donde controlar esa región. Se dice con insistencia que hay ahí cargamento nuclear y ya no es necesario insistir tanto en decirlo porque sí, hay.
Dentro de esta política de asentamientos colonialistas surge poderoso el tema de la Triple Frontera, codiciado desde hace tiempo por los halcones y las palomas del Imperio, que siempre coinciden en estas cosas. Desde años atrás se viene sugiriendo (por usar una palabra suave) que se trata de un sinuoso, sórdido territorio de trata de blancas, prostitución y narcotráfico. De ahí a añadirle a ese cóctel explosivo terroristas hay un solo paso. Ese paso se dio. La Triple Frontera queda así estigmatizada como un abismo de la condición humana, una letrina moral, un espacio de aventuras innobles y –como todo ese tipo de aventuras– fascinantes. Esta es una de las excusas de la distinguida Kathryn Bigelow, célebre propagandista de la tortura a partir de su reciente film Zero Dark Thirty. Bigelow ya tiene el presupuesto para el film, que será costoso y difícil. Asombra la facilidad con que esta mujer consigue sus presupuestos. Acaso porque sus fondos provienen de arcas insondables que se ponen a su disposición. Entre lo que filmó en Zero Dark Thirty y la rapidez con que se armó este film y la necesariedad del mismo queda poco margen de duda para erosionar una certeza: Bigelow filma para las necesidades estratégicas de la CIA, que le proporciona gran parte del material bélico –sobre todo los dos enormes helicópteros futuristas– para llevar a cabo el film sobre Bin Laden.
La Triple Frontera está delineada por las ciudades de Foz do Iguaçu (Brasil, estado de Paraná), Ciudad del Este (Paraguay, departamento de Alto Paraná) y Puerto Iguazú (Argentina, provincia de Misiones). Los candidatos para encarnar al héroe que transitará por esas azarosas latitudes son Harrison Ford, Sean Penn y Brad Pitt. Qué pasará. Difícil saberlo. Posiblemente Argentina se oponga. O Paraguay. Improbable Brasil. Pero –si la poderosa Bigelow se empeña– raro sería que alguien pudiera frenar el film. De hacerse, se mostraría al mundo que cualquier intervención de EE.UU. en ese sitio del Mal estaría justificada. No mucho más hay para decir por el momento. Mujer activa, temple de acero, Bigelow ya estuvo varias veces en el lugar. Si estuvo es porque ese proyecto la atrae con fuerza. Si así la atrae nada podrá impedir que haga lo que quiere hacer: un film en una Triple Frontera plagada de todas las plagas necesarias, pero sobre todo la mayor plaga que a EE.UU. le interesa exterminar: el terrorismo. Si no consigue el permiso con la amplitud y el poder que necesita, Bigelow ya declaró muy calma que reconstruirá la Triple Frontera en cualquier lugar del mundo. Algo que revela una realidad. Eso (el mundo) es casi todo de ellos y el proyecto final es que lo sea. No creo que Bigelow llegue a hacer este film. Salvo que incluya a muchos chinos en papeles protagónicos.