viernes, 29 de marzo de 2013

EL LOCO DE LA CATEDRAL



Escuchando las noticias creí que se referían a Juan Luis Cipriani ese al que denominan cardenal, pero no, se referían a Gerson Urrutia Machuca, aquel personaje que irrumpió en un ambiente contiguo a la Catedral de Lima haciendo disparos y portando un simulador de bomba la que asustó a todos los asistentes a dicha boda.

Es bien cierto que su accionar puso en riesgo la vida de más de uno de los presentes allí. Las motivaciones solo radican en su cerebro y su nivel de experiencias. Al parecer por las pocas evidencias mostradas, quiso hacer experimentar el mismo temor que inspira la religión y los predicadores de la Iglesia ante su persona; es decir, algo recíproco. Cree ingenuamente que la Iglesia como institución mental se puede destruir, como él dijo en un vídeo, demoliendo sus muros o paredes, matando a los sacerdotes y seguidores, error que le observó indirectamente la madre de uno de los novios en el momento de los hechos.

Si situación está entre la mantención de la cordura y la derivación a la locura. Se dice que ha estado siendo tratado por esquizofrenia e incluso internado en un centro de salud mental (que todo indica la Iglesia no se la dará ni menos el Dios). Su encarcelamiento es de las más inapropiadas y peor todavía el querer ‘hospitalizarlo’ en un centro psiquiátrico, un despropósito.

Este personaje necesita básicamente el apoyo familiar y la asistencia de especialistas adecuados que le ayuden a resolver sus problemas (al margen ese de su deuda con alguna entidad bancaria que bordearía los 300 mil soles y que estaba pagando con un negocio en el Real Plaza).

Redundar en las circunstancias de su irrupción en la catedral es por demás absurdo ya, los afectados mediáticos tendrán que asimilar la situación vivida. Es un caso ‘especial’, ideal sería que a todos los individuos con problemas económicos los asistan y faciliten el pago de sus deudas, quien no.

La policía está haciendo todo un show ridículo, chistoso e innecesario con su detención e internamiento penitenciario. Dependiendo de quién se trate el personaje en cuestión y de dónde se cometa el “delito” pareciera ser el estímulo para aplicar la legislación. Solo veamos a Alberto Fujimori en su “cárcel” en el cuartel de la DINOES en Ate para ver la doble racionalidad política y legal de dicha policía.

Para variar, haría bien el sacerdote que oficiaba la misa de matrimonio el pedir su liberación y asistencia inmediata puesto que no se sabe si dicho personaje será el único o simplemente fue el primero que anda a ciegas y por ello ingresó a dicha Catedral (quien ve no tiene la necesidad de entrar a dichos lugares salvo para hacer turismo vivencial).