martes, 16 de julio de 2013

LA “MEGACOMISIÓN” ENTRE OTRAS “INVESTIGACIONES” SOLO SON UN LASTRE MEDIÁTICO POLITIQUERO QUE DEBE CARGAR EL GOBIERNO APRO FUJIMONTESINISTA DE OLLANTA HUMALA



Desde nuestro punto de vista, en el ejercicio de la libertad de pensamiento y de expresión, el gobierno de Ollanta Humala en lo que va de su gobierno se está caracterizando por hacer toda una finta de responsabilidad y lucha contra el narcotráfico, la delincuencia y la corrupción. Del ex candidato de la “Gran Transformación” social para el pueblo que lo eligió no queda absolutamente nada.

Ahora nos quiere convencer que su gobierno de la ruta neoliberal en todos los sectores es la más apropiada, la más coherente con la realidad que le hicieron heredar Los EE.UU. a través de Fujimori, Toledo y García, la que como cachaco tomó y hace respetar también.

Ahora le quiere hacer creer a las masas que las leyes en ciernes son las más adecuadas y pertinentes para ellos. Viniendo desde su tan alta investidura debe de ser así aunque la gente diga otra cosa o lo contrario. Trata de convencerlos de que sus razonamientos y preocupaciones de pueblo no tienen razón de ser, que solo de unos cuantos congresistas y la suya son las más atinadas y legales. Que es la ilustrada personalidad que garantizará que no se despedirá masivamente como si tuviera la capacidad real y concreta de hacerlo tal como él mismo se la cree (él mismo se creyó el cuento de la “gran transformación” para después decir que “esa no era la realidad y que estaba muy equivocado”). ¿Habrá ingenuos que le crean semejante barbaridad?

En este país, incluso desde los albores de la invasión española (para no ir más atrás en lo que se refiere a las mentiras piadosas, bondadosas de la religión para consolidar y motivar la Fe católica específicamente), está institucionalizado el engaño y principalmente la mentira como logro supremo de la democracia electoral peruana hasta hoy.

Los últimos presidentes no escapan a esta regla. Extraño sería que un presidente en el Perú no siguiera esta tradición democrática peruana. Lo que no es extraño es que somos defensores de muchos de estos individuos y aceptamos las mentiras en la práctica, aunque sea pura demagogia electoral presuntamente verdadera la que aceptamos y elegimos.

Elegimos a nuestros verdugos como presuntos salvadores en nuestra presunta libertad para elegir. Nos equivocamos y tal parece que no nos queda más que seguir equivocándonos e incluso asumir posturas mediáticas, oportunistas y clienteleras políticas con nombre de “cambio” y “asimilación” para sobrevivir. Según parece, ya estamos habituados y el “cambio” no va por allí bajo riesgo de ser catalogados como subversivos o ‘terroristas’.

Dado y definido a pie juntillas el statu quo neoliberal que ahora enarbola Ollanta Humala (eso de justicia social e inclusión son solo cojudeces mediáticas y politiqueras), es poco o nada lo que conseguirán hoy las masas descontentas en este país si es que no hay sacrificios ni víctimas. Habría que preguntarse si las masas están dispuestas a asumirlas o de mala gana a ‘aceptar’ (‘apelar’) lo que se les imponga y se le ‘garantiza’ en nombre de la democracia digitada desde los EE.UU. de norte américa y administrada desde el Congreso peruano en nombre de todos los peruanos incluyéndome a mí.

Dado la responsabilidad que representa (todavía no diré chulillo) y en el contexto concreto en el que se halla, el verdadero rostro del Ollanta Humala Tasso recién va a aflorar y Nadine Heredia no estará a la altura siquiera para maquillarlo ni los medios de comunicación como para refrendarlo(la) y darle el soporte social que ya no tiene (salvo vía las encuestas orientadoras de opinión de Datum, CPI, Quanto, X, X, etc., etc.).

Ollanta en vano pretende hacer pervivir su ‘nacionalismo’ de marras, por lo demagógico y absurdo, y en lugar de asumir su postura de ‘hombre fuerte’, pretende jugar al gato y al ratón lo que también le hace ver la ‘necesidad’ de postergar algunas de las leyes (tal como lo hicieron Toledo y Alan García en cuanto a leyes en el sector educación a los que criticó Humala por no terminarlas y dejárselas para él, obviamente porque tenían políticamente mucho que perder).


Como diría Melcoloco: ¡Si no nos quieren!, ¡no inviten! Pues no tengo sangre de héroe como para terminar en sacrificio como borrego ni en genocidio sin riesgos, negado e impune, a propósito de la matanza de los penales del 18 y 19 de junio de 1986 que paso a reproducir en el artículo de Luis Arce Borja en:

 http://www.eldiariointernacional.com/spip.php?article3702



MEMORIA HISTÓRICA: MATANZA DE PRISIONEROS, ALAN GARCÍA Y LA IZQUIERDA PERUANA
Por: Luis Arce Borja.
Jueves 11 de julio de 2013

Los hechos sangrientos ocurrieron entre el 18 y 19 de junio de 1986. En tres prisiones del Perú (Lurigancho, El Frontón y El callao), fueron asesinados más de 300 prisioneros del Partido Comunista del Perú (PCP) más conocido como Sendero Luminoso. Alan García Pérez era presidente y fue el principal responsable de este abominable crimen. Pero si bien es cierto que García fue el actor principal, no actúo solo. Para ejecutar su plan criminal contó con la complicidad de Izquierda Unida (IU) conformada por el partido comunista ex pro soviético, Patria Roja, PUM, Unir, y otros. En esta matanza también participaron como cómplices la alta jerarquía de la iglesia católica y una serie de organizaciones no gubernamentales (ONG) ligadas al dinero de la socialdemocracia europea y fundaciones de los estados unidos.
¿Por qué Alan García Pérez ordenó a las fuerzas armadas y policiales exterminar a los prisioneros maoístas?
Esta sanguinaria acción no fue un error de cálculo ni un exceso del gobierno y de los militares, como posteriormente se dijo. Esta matanza se había preparado minuciosamente y con mucha anticipación. En 1986 el Estado y sus fuerzas represivas perdían la guerra frente a la subversión maoísta. Desde julio de 1985 cuando García Pérez asumió el gobierno, con el apoyo de la izquierda legal (Izquierda Unida) se comprometió a terminar con la subversión en 100 días. Como señaló el mismo PCP, el gobierno de García y las clases políticas del Perú, habían soñado con “sangrientos y negros planes de un golpe devastador, decisivo que llevara al aplastamiento de la guerra popular”.
La matanza de junio 1986 fue calculada como parte de la guerra contrainsurgente. Las fuerzas maoístas desde 1980 crecían y se desarrollaban vigorosamente en todo el territorio peruano. Así los militares que no ganaban una sola batalla contra los guerrilleros, en solo dos días eliminaban a más de 300 prisioneros desarmados y encerrado en espacios reducidos. El problema para García Pérez y sus aliados políticos de izquierda y derecha, era que Sendero Luminoso amenazaba con traerse abajo el frágil andamiaje del Estado y todo su sistema parlamentario y judicial corrompido. Ni las tropas policiales ni las fuerzas armadas eran capaces de contener el avance de la subversión senderista. En 1988 el general del ejército Adrián Huamán Centeno, jefe del Comando Político Militare de Ayacucho en 1984, admitía que no se precisaba ser un estratega para darse cuenta de lo que estaba pasando, y que la ausencia de democracia y de autoridad estaba siendo llenada por Sendero luminoso. La revista SI en abril de 1987 decía “silenciosamente Sendero luminoso está ganando la guerra”. “Perdemos la guerra” decía la misma revista en abril de 1988
¿Por qué referirse a estos hechos que constituyen parte de la historia de la lucha del pueblo peruano?
Han transcurrido 27 años de estos hechos sangrientos y desde la derecha y la “izquierda” se pretender tergiversar los hechos y borrar de la memoria histórica de esta matanza. Por una parte Sendero Luminoso (SL) principal víctima de esta masacre ahora convertido en Movadef (Movimiento por amnistía y derechos fundamentales) ha cambiado de rumbo y sus consignas de 1986, “genocidio que el pueblo no olvidará y que sólo él sancionará!” y la “sangre derramada jamás será olvidada” han sido reemplazadas por su slogan “solución política, amnistía general y reconciliación nacional”, lo que significa el perdón de los criminales de la prisiones en 1986, incluido Alan García Pérez, que sin ninguna sanción penal, se prepara para ser nuevamente presidente del Perú en el 2016. Por su parte los personajes de lo que fue Izquierda Unida (IU) sin remordimientos de por medio se presentan como si alguna vez habrían estado contra el crimen de los penales. Ellos fueron cómplices de Alan García y encargados de santificar a García cuando ya se había consumado el crimen masivo de prisioneros.
Como lo denunció el PCP mediante un documento del 1986, la dirección de Izquierda Unida y principalmente Alfonso Barrantes, su líder, fueron “corresponsales y cómplices de esta matanza”. En efecto, días antes de los hechos de los penales el presidente García consultó su plan criminal con los representantes de las organizaciones políticas. Alfonso Barrantes Lindan, jefe de IU y en nombre de todas las organizaciones de este grupo dio su aprobación y se comprometió a defender al presidente. Hay que recordar que para la época IU y el gobierno estaban unidos en un “frente antiterrorista”. El objetivo era la derrota de sendero Luminoso. Posteriormente a la matanza IU publicó un comunicado (26 de junio 1986) y pedía al parlamento controlado por el APRA la formación de una “comisión de investigación”. La “Comisión Investigadora” se formó y la presidencia recayó en un funcionario de IU. En su conclusión final alegó que el presidente García no tenía responsabilidad cabal en estos hechos, y que en todo caso fue un error entregar los “penales a los militares”.
Izquierda Unida apoyo la candidatura electoral de Alan García en 1985. Pero no hay que creer que los hechos abominables de los penales disuadieron a los jefes de la izquierda legal de alejarse de García. Nada de eso.
Esa santa alianza prosiguió cuando ya el gobierno aprista había cometido cientos de crímenes, no solo en penales, sino también en los pueblos alejados de la capital. Así por ejemplo, un año después de la matanza de las prisiones, Jorge del Prado, un “encallecido revisionista” como era conocido en los predios de la izquierda, decía en 1987 que “la aplastante derrota” de los dos partidos de la derecha (Acción Popular y el Partido Popular Cristiano) fue una acción concluyente “en apreciable medida, aunque con distintas alternativas, Izquierda Unida y el Partido Aprista”. Del Prado hacía referencia a las elecciones de 1985 que ganó el APRA y García Pérez y haciendo abstracción de la realidad y en exceso de oportunismo seguía repitiendo que el jefe del APRA no era de la derecha peruana, sino más bien de izquierda. (Jorge del Prado, informe del 28 de mayo de 1987).