domingo, 26 de enero de 2014

A PROPÓSITO DEL PRÓXIMO FALLO DEL TRIBUNAL DE LA HAYA DEL DIFERENDO LIMÍTROFE ENTRE PERÚ DE FUJIMORI, TOLEDO, GARCÍA Y HUMALA Y CHILE



NOSOTROS TAMBIÉN SABEMOS MUY BIEN DÓNDE ESTÁN LOS LÍMITES DE NUESTRO PAÍS

En una reunión en La Moneda de Chile entre la nuevamente electa presidenta Michelle Bachelet y Sebastián Piñera dijo respecto al fallo de la Haya en ciernes:
"Nosotros siempre hemos dicho que aquí tenemos que tener una política de Estado que se base en el Derecho Internacional y en los intereses superiores de Chile (...) Esperamos que sea un fallo ajustado a derecho, porque Chile tiene una clara opinión y muy unánime de dónde están los límites de nuestro país”.

Lo único que podemos esperar de Chile y de los chilenos, al margen de la putería que muestran en estos momentos determinados periodistas peruanos, es esto:

(Héroes chilenos muertos en Concepción)


Como peruano sé que nuestra frontera con Chile no solo es geográfico y marítimo, el que es ésta y siempre lo será:

RECORDEMOS LA BATALLA DE CONCEPCIÓN:

TOMADO DE WIKIPEDIA. Solo en algunos pasajes, específicamente de los enfrentamientos en Concepción en la región Junín.

A principios de marzo de 1882, la tensión entre los pobladores de la sierra central y las fuerzas chilenas había aumentado considerablemente, así lo señaló el corresponsal del diario chileno El Coquimbo refiriéndose a los sucesos de Sierralumi:
...enviar otra expedición a esos lugares sería infructuosa porque las alturas en que los enemigos estaban colocados eran inaccesibles... los indios de diez leguas a la redonda, soberbios y envanecidos con los últimos sucesos esperaban resueltos nuestro ataque... han llevado su insolencia hasta desafiar a todo nuestro ejército... Amenazaron con arrasar la guarnición chilena de Concepción, y estaban resueltos a hacerlo, aunque nuestro ejército entero los atacara... escarmiento severo y terrible necesitaban esos serranos.
Corresponsal del diario El Coquimbo, Huancayo, 15 de marzo de 1882.

PRIMER ENFRENTAMIENTO

…El sábado 8 de julio las fuerzas de Gastó y Salazar partieron de Comas, llegando en la noche a San Antonio de Ocopa, donde acamparon. Allí, el obispo Manuel Teodoro del Valle les informó sobre los movimientos de las fuerzas chilenas en Concepción. El 9 de julio marcharon a Santa Rosa de Ocopa, pasando por Alayo, Quichuay y Lastay. Allí, Salazar decidió atacar Concepción sólo con las fuerzas a su mando, la columna Cazadores de Comas y la guerrilla de Andamarca. El coronel Gastó decidió apoyarlo en el ataque. El mismo día se sumaron las guerrillas de Vilca y Quichuay al mando de los hermanos Salazar y la guerrilla de San Jerónimo al mando de Melchor Gonzáles.

La división chilena de Del Canto, después de abandonar Huancayo, fue atacada por las fuerzas peruanas de Cáceres retrasando su retorno hacia Concepción. Además, a las 13:30 del mismo domingo, Del Canto recibió una nota de Carrera Pinto que no indicaba problemas en Concepción.

El 9 de julio se celebraba el día de San Feliciano en Concepción, por lo que los pobladores realizaron la procesión acostumbrada al santo del pueblo. Los oficiales chilenos fueron invitados por los italianos a un almuerzo en el hotel Huilfo.

El capitán Carrera Pinto desconfió de ambos sucesos ya que esperaba un ataque en esos días, mantuvo a la tropa acuartelada y acondicionó defensas en la plaza. Once de sus soldados estaban enfermos de tifus. Asistió al almuerzo que finalizó violentamente y el estallido de un disparo activó su plan defensivo en la plaza.
Eran las 14:30 cuando las fuerzas peruanas aparecieron por la cima de los cerros Piedra Parada y El León de Concepción.

Los habitantes de Concepción empezaron a salir del pueblo a resguardarse porque el combate podría extenderse a todo el poblado.

Carrera Pinto no podía abandonar Concepción, la superioridad numérica de los peruanos le era desfavorable, y tendría que defenderse a la espera de Del Canto. Carrera Pinto ordenó dividir a sus tropas en tres secciones para defender las entradas a la plaza: en la esquina del norte, Pérez Canto, en la del noroeste, Cruz Martínez; en la del sudeste, Montt Salamanca; y en el sudoeste el mismo Carrera Pinto, dividiendo las tropas proporcionalmente en cada posición. Envió a un cabo y dos soldados hacia Huancayo para avisar de su situación. Los jinetes fueron muertos cuando llegaban al barrio de Alapa.

Las fuerzas peruanas empezaron a bajar de las alturas en dirección a la plaza. Los guerrilleros con Ambrosio Salazar por el sur desde el cerro El León y los soldados de Juan Gastó por el norte desde el cerro Piedra Parada, cercando el pueblo, asaltando la plaza y atacando las posiciones chilenas. Las fuerzas chilenas mezclaron ataques a la bayoneta con fuego de sus rifles, los que generaban bajas en las guerrillas que no contaban con armas de fuego sino con rejones.

Juan Gastó se instaló en la casa Valladares como puesto de comando para dirigir sus fuerzas y centro de socorro a los heridos. El ataque peruano continuaba, incluyendo francotiradores en los techos y ventanas, hasta que los chilenos retrocedieron hacia el centro de la plaza donde, por ser una posición muy expuesta, se replegaron ordenadamente al cuartel que tapiaron con muebles. Allí los soldados ocuparon posiciones defensivas, incluidos los heridos.

Eran las 19:00 cuando llegaron la guerrilla de Orcotuna al mando de Teodosio López y la guerrilla de Mito al mando de Aurelio Gutiérres. En la oscuridad de la noche, las fuerzas chilenas intentaron salir hacia Huancayo, lo cual no lograron, retrocediendo hasta el cuartel.

El coronel Gastó envió un emisario solicitando la rendición de la guarnición con la siguiente nota:
    Señor Jefe de las fuerzas chilenas de ocupación.- Considerando que nuestras fuerzas que rodean Concepción son numéricamente superiores a las de su mando y deseando evitar un enfrentamiento imposible de sostener por parte de ustedes, les intimo a deponer las armas en forma incondicional, prometiéndole el respeto a la vida de sus oficiales y soldados. En caso de negativa de parte de ustedes, las fuerzas bajo mi mando procederán con la mayor energía a cumplir con su deber. Dios guarde a usted.
    Juan Gastó.

Carrera Pinto respondió en la misma nota de la siguiente forma:
    En la capital de Chile y en uno de sus principales paseos públicos existe inmortalizada en bronce la estatua del prócer de nuestra independencia, el general José Miguel Carrera, cuya misma sangre corre por mis venas, por cuya razón comprenderá usted que ni como chileno ni como descendiente de aquél deben intimidarme ni el número de sus tropas ni las amenazas de rigor. Dios guarde a usted.
    Ignacio Carrera Pinto.

SEGUNDO ENFRENTAMIENTO

A través del capitán Revilla, el coronel Juan Gastó informó a Ambrosio Salazar que se retiraba por instrucciones superiores y además porque el teniente coronel Francisco Carvajal había sido herido, dejándole a Salazar la toma del cuartel. Se sumaron al ataque de Salazar once pobladores de Concepción con sus respectivos rifles, como el doctor Santiago Manrique Tello.

Carrera Pinto ordenó una carga para forzar la salida. Fue herido en el brazo izquierdo al regresar al convento con el resto de la tropa chilena.

Ambrosio Salazar ordenó a Pablo Bellido y Cipriano Camacachi rociar con combustible los techos del convento para obligar a salir a los chilenos, quienes respondían desde las ventanas del edificio. La cantinera que estaba en parto tuvo un niño.

El cuartel en llamas fue abandonado por las fuerzas chilenas a las 12 de la noche, ocupando el local contiguo a la iglesia. En esa acción, fue muerto Ignacio Carrera Pinto. Así el mando recayó en el subteniente Julio Montt Salamanca.

Durante la noche, los ataques fueron a intervalos. Los guerrilleros de Salazar ocuparon los techos y las paredes atacando a los chilenos en su última posición, quedando apenas 9 al mando del subteniente Luis Cruz Martínez y las cantineras.

A las 07:00 del lunes 10 de julio de 1882, llegaron la guerrilla de Apata al mando de Andrés Avelino Ponce y la guerrilla de Paccha al mando de Andrés Bedoya Seijas. Los guerrilleros empezaron a abrir forados en el local que defendía Cruz Martínez. A las 10:00 ya no contaban con municiones, el fuego y el humo les obligaban a salir del recinto.

Dado que no hubo sobrevivientes chilenos, no existen testigos de esa nacionalidad. Sin embargo, las fuentes chilenas, en base a lo contado por dos testigos extranjeros a Del Canto cuando llegó al pueblo, indican que el subteniente Cruz Martínez, mediante el grito «¡Los chilenos no se rinden..!», junto a cuatro soldados sobrevivientes cargaron a la bayoneta y fueron muertos al salir por las fuerzas de Salazar:

    Como a las nueve de la mañana del día 10, no quedaban sino el teniente Cruz y cuatro soldados que defendían la entrada al recinto del ya quemado cuartel. Se noto a esa que ya habían agotado todas sus municiones, porque no hacían ningún disparo, y entonces algunas voces peruanas, le gritaban: ¡Subteniente Cruz, ríndase hijito, no tiene para que morir! A lo cual él les contestaba: ¡Los chilenos no se rinden jamás! y volviéndose a su tropa les preguntaba: ¿No es verdad muchachos? Los soldados respondieron afirmativamente y entonces el oficial mando a calar bayoneta y se fueron furiosos contra las masas indígenas. Fatigados, tuvieron que rendir su vida, quedando algunos clavados en las lanzas de los salvajes. Al subteniente Cruz se le aplico un tiro por la espalda. Refirióme el español que cuando no podían hacerse rendirse al subteniente Cruz, hicieron llegar al cuartel a una jovencita, a quien el oficial saludaba siempre con cariño, para que fuera a rogarle que se rindiera y el oficial la rechazó indignado. Los dos últimos soldados que escaparon después de la muerte de Cruz se refugiaron en el atrio de una iglesia y allí se noto que hablaban. Luego se abrocharon el uniforme, se pusieron el barboquejo y se lanzaron sobe la turba para morir rifle en mano.
    Descripción del coronel Estanislao del Canto Arteaga.

El soldado chileno Marcos Ibarra Díaz en su diario de campaña describe así lo que pudo haber sucedido al final de la batalla:

    El capitan Carrera Pinto le ordeno a los Oficiales Clases i Soldados no hai que rendirse nunca quemar hasta el Ultimos cartuchos i atacar ala Bayoneta calada el capitan Carrera le ordenaba al corneta tocar fuego imas fuego no hai que bolver atras jamas no abandonar la plaza i morir peliando cinco Chilenos quedaban enel cuartel peliaban como unos Leones sin abandonar el cuartel un soldado de los cinco chilenos se subio arriba del techo iclavo el hasta de Bandera tricolor chilenos queno dejara de flamiar la vandera el enemigo Insendio el cuartel estaba al lado de la Iglecia
    Marcos Ibarra Díaz, soldado chileno. Concepción, 11 de julio de 1882 (ortografía original).

Las fuentes peruanas, tanto primarias como secundarias, indican que depusieron las armas pero fueron muertos y descuartizados por las guerrillas de Ambrosio Salazar. El capitán Carrera Pinto, el subteniente Cruz Martínez y nueve soldados más fueron fusilados en la plaza de Concepción en represalia al saqueo e incendio de Huaripampa y la muerte de los familiares de los guerrilleros.

    Concluída la operación de los forados por varias partes y viendo los enemigos que el peligro era inminente, izaron un pañuelo blanco, símbolo de paz; creyendo los nuestros que ya se redirían, avanzaron sin hacer fuego, hasta medio patio, donde fueron recibidos con una lluvia de balas, no sin causarnos numerosas bajas [...] En el acto se abalanzaron 50 hombres al recinto de los enemigos, como una jauría de tigres, y ultimaron á éstos después de una resistencia verdaderamente horrible. El capitán Carrera Pinto, subteniente Cruz y 9 soldados sacados de trinchera, fueron fusilados en la plaza; los subtenientes Pérez Canto y Montt sucumbieron en el fragor de la lucha dentro de aquella.

    Ambrosio Salazar y Márquez. Parte oficial de la batalla de Concepción. Concepción, 10 de julio de 1882.
    El comandante Lago quiso conservar la vida de 15 soldados chilenos que se habían entregado a discreción, pero los guerrilleros implacables en sus represalias, los ultimaron al grito de ¿dónde estan nuestras fatigas? ¿dónde estan nuestras mujeres y nuestros hijos? Grito de desesperación salido del pecho de las víctimas de Huaripampa, pueblo saqueado e incendiado por los chilenos... Era la ley de Talión... Los guerrilleros han estado fuera de la ley, se les ha desconocido su caráter de beligerantes como ciudadanos que defienden a su patria. Todo el que era capturado se le pasaba inmediatamente por las armas. Les toco su turno y entonces exigieron ojo por ojo, diente por diente, devolviendo mal por mal.
    Manuel F. Horta, corresponsal del diario El Eco de Junín. "La contraofensiva de julio", 26 de agosto de 1882.

EPÍLOGO

Tras el combate, el parte oficial de la batalla de Ambrosio Salazar indicó que «toda la guarnición chilena de Concepción, de capitán á tambor, [formada por] 79 [sic] hombres [había] sido totalmente exterminada, después de 17 horas de combate casi incesante». Además, añadió que «fueron muertas también dos mujeres de los soldados, de tanto coraje, que en lo más recio del combate, animaban á los suyos en alta voz que continuasen peleando [y que había] sido encontrada muerta entre los montones de cadáveres una criatura recién nacida» y que otra, gemela de la anterior, había sido salvada viva por un vecino de Concepción, aunque esto no se ha comprobado hasta la fecha. Asimismo, informó que las fuerzas peruanas habían tenido «más de 40 bajas, entre muertos y heridos»1 que fueron auxiliados en el convento de Ocopa. Por otro lado, el comandante de la resistencia Andrés Avelino Cáceres, en sus Memorias, señaló que «no se salvó ni uno solo de los 76 [sic] hombres que componían el destacamento enemigo».

A las 18:00,8 aparecieron las fuerzas al mando de Del Canto que, al ver a sus compañeros muertos, ordenó el fusilamiento de 18 de los 20 habitantes que habían quedado en Concepción y el saqueo e incendio del pueblo.
    En la ciudad apenas habían quedado 20 habitantes, de los cuales 18 fueron pasados por las armas inmediatamente, entre ellos un anciano señor Salazar, escapándose a los cerros dos. Todas las casas fueron saqueadas e incendiadas por los chilenos al abandonar la población.
    Manuel F. Horta, corresponsal del diario El Eco de Junín. 26 de agosto de 1882.

Del Canto ordenó recuperar los corazones de cuatro oficiales: El capitán Ignacio Carrera Pinto, el teniente Montt, los subtenientes Pérez Canto y Luis Cruz Martínez y enviarlos a Santiago en alcohol, los que se encuentran en la catedral de Santiago.
    Mí coronel Canto ordeno a los Doctores Cirujanos que sacaran los corazones a los valientes Oficiales de la 4ª Compañía del Batallón Chacabuco 6º de Línea estos corazones fueron colocados en un frasco en alcohol para traerlos a Chile y las demás víctimas que perecieron en el combate fueron sepultados al día siguiente ordeno mi coronel Canto que Incendiáramos el pueblo la Concepción y fuera reducido a cenizas a as 11 a.m. estaba todo terminado en el mismo día seguimos en marcha ajauja llegamos en la noche llegamos al pueblo de Talma alas 6 a.m.
    Marcos Ibarra Díaz, soldado chileno. Concepción 1882 (ortografía original).

El mismo domingo 9 de julio de 1882, Cáceres atacó la división chilena Santiago en los poblados de Marcavalle y Pucará.
En 1912, sobre el terreno de la iglesia que se incendió, se levantó un obelisco que indicaba:
    Aquí yacen los héroes del Centro, los que cayeron sobre le escudo, los que sin elementos de guerra antes, lo improvisaron todo en el momento álgido del peligro, por salvar la dignidad nacional, y exterminaron en leal combate a la 4ta compañía del batallón Chacabuco, en la tarde y en la noche, en la madrugada y en el día del 9 y 10 de julio de 1882.
    Coronel La Combe. Segunda Región. 1912.