jueves, 27 de febrero de 2014

(PARTE IV) FORMACIÓN DE IDEAS RELIGIOSAS DESDE FINES DEL NOMADISMO Y PRINCIPIOS DEL PERIODO ARCAICO EN PERÚ: LA IMAGEN DEL “DEGOLLADOR” O ‘DECAPITADOR’



PARTE IV:

LA FORMACIÓN DE LAS IDEAS RELIGIOSAS DESDE FINES DEL NOMADISMO Y PRINCIPIOS DEL PERIODO ARCAICO EN EL PERÚ: LA IMAGEN DEL “DEGOLLADOR” O ‘DECAPITADOR’

El presunto “hombre-bestia” nómade desde su aparición en Latinoamérica lo hizo en ‘manadas’ ‘salvajes’ como las demás bestias salvajes y en competencia con ellos por los alimentos a libre disponibilidad.

Ni durante el periodo nómade final ni durante el periodo arcaico inicial ni intermedio (antes del periodo formativo como se le hace corresponder a Chavín), desde mi punto de vista, la religión como expresión filosófica ni conceptual todavía no emergía. El hecho de enterrar a los muertos cubriéndolos con tierras de colores diversos o cenizas para evitar su descomposición y el de envolverlos con esteras o similares no indica ni confirma la presencia de ideas religiosas propiamente dichas ni la presencia de la creencia de la vida ultraterránea (el ‘otro mundo’) sino tan solo el afán de preservación de los cuerpos por motivaciones personales, familiares o asociadas a los grupos, que se establecieron posteriormente como costumbres.

En los periodos finales del nomadismo en el Perú (periodo arcaico temprano), el desarrollo del pensamiento conceptual humano de carácter naturalista ya estaba bien desarrollado en términos del uso del lenguaje hablado como herramienta de comunicación y como medio de comprender el entorno. El uso de herramientas de palo y de piedra así como la de técnicas rudimentarias de caza, preparación de alimentos y el uso de vestidos rústicos ya se habían consolidado en todo el antiguo Perú anterior a Sechín.

Ya domesticador de plantas y de animales es que emerge la observación metódica de los astros (principalmente del Sol) como medio de relacionar los ciclos estacionales y los fenómenos de la naturaleza con los movimientos del Sol y de las estrellas. Registros o evidencias de esas observaciones las podemos ver en los geoglifos de Yaután en Ancash como presuntos predecesores o antecesores al de las observaciones astronómicas en Chavín donde el Sol continuó siendo el eje conceptual central, como Dios, de la vida del hombre sobre la naturaleza. Solo así se explica que en los grupos humanos que conformaron a Caral, a Sechín y posteriormente a Chavín se haya definido específicamente el seguimiento de las salidas del Sol por el horizonte terrestre.

Puede sonar a elucubración producto de mucha imaginación del autor del presente blog pero la siguiente figurita de uno de los geoglifos de Yaután (petroglifo de Pallca) guarda correspondencia con las observaciones astronómicas en Caral, Sechín y correspondientemente en Chavín. Digamos que podría ser el ‘antecesor’ bestial y primigenio de la Estela Raimondi propio del periodo de las manadas humanas.
Figura 1: Petroglifo de Pallca en Yaután, Casma, Ancash, Perú. Se observa al ’degollador’ y su relación directa con el poder de los ‘seguidores’ del Sol denotado por el gorro en forma de ‘corona’. Tomado de internet (Primer encuentro de arte rupestre EPAR-1,  2004, y Taller de teoría, metodología e investigación. UNFV.). La gorra de uno de los ‘seguidores del Sol’ con forma de ‘corona’ de dos puntas en alusión a los dos puntos extremos de salidas del Sol por el horizonte. No presenta el gorro (‘corona’) con los 3 cuadraditos propios de los seguidores del templo de Sechín Alto lo que indica que es anterior a ellos quizá contemporáneo a Caral en relación a la plaza circular de las dos escalinatas. La representación del Sol y de la línea vertical en relación a la línea recta imaginaria de las salidas del Sol por sobre el horizonte terrestre con una raya horizontal casi al centro denota que ya hay un conocimiento del punto medio o central del Este geográfico de salidas del Sol por el horizonte, quizá solo de modo referencial descriptivo. La boca todavía no tiene ninguna relación con el significado simbólico de las bocas del año Caral (la boca de perfil del ‘hombre que habló de las salidas del Sol por el horizonte’ en el geoglifo de Chupacigarro) ni del año Sechín ni de la iconografía del año chavín (representado en la boca del Lanzón).

Podemos observar al denominado “degollador” (como comúnmente se le conoce) sosteniendo en sus manos una cabeza y una suerte de cuchillo en pose presuntamente similar al del hombre de la Estela Raimondi. A su lado el Sol con una línea que a mi modo de ver alude a los puntos extremos de salida por el horizonte terrestre con el ‘punto medio’ que denotaría el dominio y uso, aunque rústico e incipiente, del calendario solar de salidas del Sol por el horizonte terrestre.
Figura 2: Petroglifo de Shupcap, Yaután, Casma, Ancash, Perú. Nótese las cabezas sin cuerpo con el gorro de dos puntas casi similar al del ‘degollador’ Pallca. La boca de ambas cabezas sí tienen la forma característica (de modo similar pero más rústico) de las bocas de las cabezas de Caral, de Sechín, de Chavín (la boca ‘sonriente’ del Lanzón) e incluso de Mochica. Las orejas también se parecen a las figuras de diferentes épocas. Ambas figuritas serían la representación simbólica humana de los dos puntos extremos de salidas del Sol por el horizonte, es decir, una cabeza correspondiente al punto Nor-Este geográfico de salidas del Sol y la otra cabeza al punto Sur-Este geográfico de salidas del Sol relacionados a sus correspondientes eventos naturales característicos. Con un ‘rey’ me dirijo hacia la costa y con el otro me dirijo a la Selva buscando el calor benéfico del Sol. No son precisamente cabezas decapitadas tal y como se cree con las cabezas del templo Sechín Alto. Es probable que desde Caral e incluso desde mucho más antes hayan predominado las cabezas como representaciones simbólicas de la medición del tiempo en periodos cíclicos del Sol o anuales como lo conocemos. Tengamos en cuenta que en Caral, el geoglifo de Chupacigarro denota 3 cabellos gruesos y largos ondeantes que salen de su cabeza en alusión a los 3 puntos específicos de salidas del Sol por el horizonte terrestre. Estas 2 cabecitas (incluyendo al del ‘degollador’) no presentan los cabellos de las cabezas de barro  de Caral ni de Sechín. Esos detalles podrían indicarnos que dichos geoglifos si bien podrían ser considerados como contemporáneos a Caral o a Sechín o posterior a ellos, en términos de la evolución progresiva de las ideas y como reformulación de conceptos y de símbolos iconográficos nos sugieren que podrían ser anteriores a Caral o a Sechín, quizá ideas ya predominantes desde los periodos del nomadismo que servían empíricamente para orientar a los grupos de nómades en el Perú arcaico (o anterior a ellos). Dichas puntas podrían indicar también cierta relación con las plaquetas del caimán al igual que el degollador de la figura 3.

En términos de los individuos con racionalidad europea hispana u occidental de nuestro siglo, se podría aseverar a simple vista, respecto de estos petroglifos, desde sus propios puntos de vista que dicho ‘degollador’ lo que tiene en la cabeza son los ‘cuernos del Diablo’, es decir, los seguidores del demonio, de Lucifer, los enemigos del Cristo y del cristianismo (de los cristianos). Quien desconoce el carácter evolutivo de las ideas de los antiguos peruanos y de las funciones del “degollador” en diversas etapas de desarrollo humano en el antiguo Perú, al observar por ejemplo a simple vista la imagen de la figura 3 (degollador o decapitador Mochica) deduce a priori que se trata de alguna ‘divinidad’ (perversa o no) en relación a sus propias experiencias, conocimientos y prejuicios adquiridos. Otros podrían decir que los gorritos de los petroglifos de Shupcap (figura 2) y de Pallca (figura 1) son los gorritos trapezoidales de los Sechín pero aplastados por el centro y el que lo ha dibujado y perfilado es un personaje que desconoce dicho detalle imprevisto o que en todo caso este geoglifo bajo esa racionalidad fue elaborado en el periodo de la presencia española en el Perú (para justificar la evangelización y la extirpación de idolatrías por ejemplo). Dicho sea de paso, en dichos periodos pre-hispánicos o pre-Chavín en el Perú no teníamos animales con cuernos enemigos del hombre como para asociarlos a estos, excepto las orejas y cuernos de las tarucas o venados andinos de los que se alimentaban los antiguos peruanos (los nómades incluidos) y las antenas de determinados insectos. No hay vestigios iconográficos en todo el Perú que nos indique que ‘adoraban’ a estos animales en templos especiales o algo así, salvo las representaciones de cérvidos de las cavernas del Perú y en algunos huacos de moda representativa de los recursos de la naturaleza.

No es difícil imaginar que por intereses políticos y económicos (en términos de la disponibilidad de recursos) o de diversa índole afines al control y al poder sobre los demás, los guías o líderes constituidos desde los periodos del nomadismo (incluso desde el periodo de homínido) en la figura central del “degollador” hayan adoptado la figura de ‘determinadores’, de ‘controladores’ de los ciclos estacionales y posteriormente consolidándose en “representantes voceros” de las fuerzas de la naturaleza, específicamente de las fuerzas del Sol para determinar las actividades agrícolas y de diversa índole involucrando a todos los demás hombres.

Antes de constituirse los individuos en ‘seguidores metódicos del Sol’, el “degollador” solo era el guía, el líder más prominente y destacado de los grupos humanos que los organizaba en razón a sus conocimientos de la naturaleza y de sus fenómenos al azar o por asociación de eventos naturales, a su ferocidad y fuerza, el animal más experimentado, de gran astucia e inteligencia que garantizaba la sobrevivencia de la manada humana y posteriormente de las pequeñas bandas y los clanes (ello en función al crecimiento demográfico y a la especialización).

Quizá entre los hombres nómades del antiguo Perú pre-Sechín hayan habido individuos o grupos pequeños no móviles relativamente asentados en diversas áreas como suerte de primeros ‘colonizadores’ los que habrían dado una forma más detallada a las observaciones astronómicas y principalmente del Sol del que manejaban los líderes de manadas humanas nómades. Estos individuos posteriormente pasarían a constituirse en los ‘oradores’ (llámese si se quiere ‘oráculos’) de las  rústicas y todavía no definidas plazas públicas de primitivos asentamientos humanos las que ellos mismo estaban en capacidad de constituir (la plaza circular de Sechín Bajo de 3500 años a.c. del que se asevera más antiguo que Caral habría tenido dicha finalidad) en cualesquier lugar del territorio peruano. Es muy probable que las cavernas distribuidas por todo el territorio nacional hayan servido para estos fines desde hace más de 10000 años a.c. atrás, las que se convertirían en los primeros indicios de semi sedentarismo tanto en la Costa, en la Sierra como en la Selva peruana (más que simples dibujos artísticos, el arte rupestre de muchas cavernas en el Perú es más probable que hayan tenido una función asociada al de los guías y orientadores de manadas).

Algo a tener en cuenta comparativamente con la función de los geoglifos de Yaután es la interpretación de los ceques durante el incanato (más de 2000 años después de los petroglifos y del arte rupestre del antiguo Perú). “El sistema de ceques que es una descripción ideal del Cusco y sus alrededores repertoriado por los cronistas Cobo, Molina y Polo, quienes describen 328 lugares sagrados o huacas que tenían una significación particular en la historia de los Incas. Cada ceque era un santuario, un hito geográfico, un conjunto de espacios sagrados que estaban dispuestos en una línea imaginaria en forma de rayos, estas líneas totalizaban 41, partían y a la vez convergían en el centro del Cusco. El culto de cada ceque o huaca como su mantenimiento estaba asignado a determinados grupos sociales o ayllos, y a los linajes o panacas. Estos ceques servían también para efectuar observaciones astronómicas y para fijar casi de manera cartográfica, el sitio exacto donde se encontraban los puntos, los pozos, las vertientes o los ojos de agua utilizados en el sistema de irrigación. Los ceques representan un mapa en el cual se ubican las aguas y los terrenos que pertenecían a cada panaca y ayllu. El estudio pormenorizado de los ceques ha permitido descubrir los principios de la organización social incaica, tales como la tripartición, la cuatripartición y la decipartición, así como ha posibilitado el reconstruir el calendario inca de 13 meses, las ceremonias ligadas a ellas y los sacrificios respectivos. Los Incas, observaban en el mes de octubre la salida del Sol, su ascensión y su paso por el zenit; a partir de ello podían anunciar la estación de lluvias y el inicio de las celebraciones de sembríos. En las noches, igualmente observaban la constelación de las Pléyades, su desaparición en abril marcaba el inicio de la estación seca; su reaparición en los primeros días de junio marcaba la fiesta de las cosechas y también el inicio del calendario inca” (Zuidema 1989, Sherbondy 1986, mencionado por  Olinda Celestino Investigadora del CNRS en el Laboratoire d'Anthropologie Sociale. París. Gazeta de Antropología, tomado de http://hdl.handle.net/10481/13567).

El hallazgo en Sechín Bajo de una plaza circular (según análisis realizados se ha determinado en 5500 años a.p.) de una probable antigüedad mayor que la de Caral (más de 500 años más antiguo que Caral) nos indica que las observaciones de seguimiento de los movimientos ‘ondulantes’ o ‘bamboleantes’ del Sol por el horizonte terrestre ya se venían haciendo como resultado del semisedentarismo o del incipiente sedentarismo en el antiguo Perú, es decir, basándonos en las clasificaciones actuales, correspondería al periodo arcaico temprano (10000 años a.p. hacia adelante). Sechín Bajo corresponde al periodo arcaico tardío.

En la vida humana en las cuevas o en las cavernas (en todo el territorio peruano tales como las del hombre de Lauricocha, Toquepala, Piquimachay, Guitarrero, entre otros) nos podría llevar a suponer que en estos periodos ya habría surgido empíricamente el seguimiento de las salidas del Sol por el horizonte. Dicho sea de paso, se habría dado la consolidación y acomodamiento del “degollador” como líder de los que algunos historiadores denominan como bandas o primeros grupos humanos, al que denomino como líderes de las manadas de los primeros animales con características y hábitos humanos que llegaron al Perú (no hay restos humanos que indiquen que aquí haya evolucionado alguna clase de homínido como los que se han encontrado en el África).

De dichos líderes, ‘cabezas guías’ o “degolladores” pocos rastros o evidencias hay más que solo los que nos dan evidencia los que corresponden presuntamente a Sechín por los grabados en piedra, el de Caral por el geoglifo de Chupacigarro y figuras similares en mates o calabazas. No existe en ellos rastros de divinidad alguna (en los términos de cualesquier concepto del Dios por más simple, salvaje y rudimentario que éste sea) en razón al papel sangriento pero necesario que tenían acorde con la forma de vida casi bestial y competitiva propia de las manadas de animales de la naturaleza o del entorno. Los presuntos sacrificios de niños (como en la cueva de Lauricocha 10000 a.c.), enterramientos con el evidente interés por conservar los cuerpos nos dan un indicador de que el pensamiento del hombre estaba tomando sus primeras formas humanas en el buen sentido de la palabra diferenciándolos del de los demás animales con los que convivía y competía (los mismos que como animales ‘irracionales’ tienen también su propia organización y sus líderes de manadas como lo evidencian investigaciones recientes, dicho sea de paso aunque suene descabellado, la de los chimpancés es casi idéntica a la conducta de los hombres motivo por el que se pidió recientemente en los EEUU que se les declarase como ‘personas’) para sobrevivir.

En relación al sedentarismo y a la complejidad social de las relaciones humanas derivado del incremento poblacional de los grupos, el surgimiento de la especialización o funciones específicas dentro de dichos grupos sociales cada vez más grandes, determinaría la pérdida progresiva de la importancia del ‘degollador’ el que pasaría a segundo plano ajeno a las innovaciones conceptuales de índole social y espiritual de beneficio de los demás miembros del grupo. En el periodo arcaico tardío de Caral y Sechín se habría dado forma inicial y rústica pero efectista a la idea de “los hijos del Sol” en las clases privilegiadas o dirigenciales que se configuraron en épocas posteriores tanto en Chavín como en los Incas. Es decir, el ‘degollador’ no era el personaje central de dichas culturas sino un personaje necesario y coyuntural durante periodos de crisis y de conflictos tanto internos como externos y para garantizar el ordenamiento social vigente y del sistema construido. Es difícil asumir que este individuo haya contribuido a crear la idea, el concepto social del Dios Sol y mucho menos contribuido a su reformulación conceptual a través de la complejización social y filosófica de un Dios creador dador de la vida, del pensamiento (emocional y conceptual) y de todas las cosas circundantes.

Aquí quería colocar la foto del presunto “degollador” del templo Sechín Alto pero no lo encontré en internet cogiendo con su mano una cabeza decapitada con su cuchillo que al parecer no la hay y que solo se ha presumido en base a las presuntas cabezas de humanos “degollados” a sus alrededores. Solo conseguí el de la cultura Mochica y de Paracas que es muchísimo posterior a Sechín y a Chavín.
Figura 3: Decapitador o degollador Mochica con la sola condición de ‘matarife’ al servicio del templo, la aristocracia y la organización social moche. Su relación directa con el poder político y religioso de su época está denotado por las plaquetas de caimán y los dientes de felino. La disposición de las plaquetas a ambos lados de la cabeza (figura posterior a Chavín) es análogo a la del degollador del petroglifo de Pallca (anterior o contemporáneo a Chavín).

El “degollador” siempre ha sido la parte visible de los grupos humanos, aquel utilizado para amedrentar o simbolizar como guía político y militar, como presunto ‘guía espiritual’ ante los demás o principalmente como muestra de liderazgo, organización y control. La Estela Raimondi de Chavín tuvo presuntamente dicha similar función pública.
Figura 4: Cerámica Paracas. El degollador y su relación con el poder central denotado también por el cuerpo espinudo (plaquetas) del ‘caimán’. Otro matarife política y socialmente aceptado de la época.

En la Estela Raimondi Chavín anteriores a los Mochica, el cuchillo en la mano derecha y la cabeza degollada en la mano izquierda no figuran en representación alguna dado que se refieren a personajes, ocupaciones específicas y significados diferentes. Contrario al decapitador, el hombre de la Estela Raimondi posee dos ‘varas’ o puntas de lanza indicando menos rastros de bestialidad (pese a la expresión de los dientes caninos de la boca que tienen otro significado) bien definida los que solo se han trasladado a aspectos expresivos simbólicos como los dientes y garras; un vuelco conceptual que bien podría haberse iniciado en tiempos de Caral como lo indican los dos muros de piedra paralelas al lado del geoglifo de Chupacigarro.
Figura 5: Fragmento de calabaza (pre cerámico) hallado en Caral. Al extremo izquierdo de dicha figura de hombre felino hay como escalones presentes en las plazas circulares, es decir, el significado del hombre que habla de las salidas del Sol todos los años y/o en meses específicos en las plazas frente a los templos o cuartos de observaciones astronómicas.
Figura 6: Tomado de una revista nacional. Representación felínica hallado en Caral en un fragmento de mate de calabaza. Nótese el presunto “diente” medio de la boca del ‘gatito’ que se halla también en representaciones de Chavín. El gorro de forma no definidamente trapezoidal como en Sechín sino casi triangular. Es la representación de un hombre que se encarga del seguimiento de las salidas del Sol por el horizonte terrestre y de las observaciones astronómicas en los templos o escuelas de enseñanza en Caral y que habla de ello. Sus orejas son las de los típicos felinos peruanos. 2 pares de dientes caninos a cada lado de los ‘dientes’ medios. Primigenio ‘seguidor del Sol’. Similar al de los ‘guerreros’ de Sechín Bajo representados en los muros del templo. El seguimiento de la constelación del jaguar está indicado por los dientes caninos y las orejas. No hay en esa época fundamentos conceptuales ni simbólicos suficientes como para considerarlo una ‘deidad’ pero que muestra la evolución de ideas básicas que se difundirían por todo el territorio nacional y las que se reformularían a través de los siglos.

Solo el Lanzón monolítico de Chavín (el Dios Hombre-Sol) no tiene los rudimentos característicos y asociados al “degollador” (las manos están libres o sin accesorios en aparente ‘señal de saludo’) dándonos la idea que el Dios Sol (específicamente ya el Dios Hombre-Sol) no tenía funciones de castigo, de sanción ni de manoseos de ninguna índole más que solo el de representar al Sol como dador de vida y soporte del mundo cognoscible (las cabecitas de felinos, cabellos de serpientes, las garras de caimán, los dientes de felino, los aretes, solo son rudimentos asociados a las representaciones simbólicas de la medición del tiempo a través de los movimientos del Sol, de las estrellas, de la Tierra, de la luna y de algunos planetas).

En la portada del Sol, el “degollador ancestral” propio de las manadas humanas, digamos que aquí ha alcanzado el máximo nivel de refinamiento escultórico y conceptual filosófico ya sin rastros de bestialidad característicos acorde con civilizaciones sociales más complejas, evolucionadas y organizadas. Los Nazca, Paracas, Mochicas y los Chimú tenían también su propio Dios Hombre-Sol característico que a pesar de ser diferentes hombres y racionalidades regionales coincidían en la misma idea básica del Dios Hombre-Sol ajenos al de la función del ‘degollador’.

De acuerdo a sociedades más complejas, el “degollador” como actividad sanguinaria y homicida directriz solo habíase trasladado a funciones meramente sociales rústicas, rituales costumbristas y ajenos a la evolución del pensamiento filosófico religioso perdiendo su valor ancestral derivando o degenerando en casos como los del Pishtaco saca grasa (por motivaciones económicas diversas, político politiqueros o de los mataporgusto en la actualidad).

Luego vendría la sustitución y superposición filosófico religioso del Dios Hombre de los cristianos (el ‘taita’ o ‘señor’ de los europeos) con la invasión y conquista española al Perú por la de los Dioses Hombre-Sol regionales de los antiguos peruanos, Dios Hombre cristiano, el mismo que evolucionó y se creó por el desarrollo evolutivo del pensamiento humano de un modo análogo en el viejo continente. Caso contrario, bajo el mismo criterio, habría emergido en estos lares un Dios propio similar al de los musulmanes, al de los cristianos, al de los judíos o al de los asiáticos.

No niego que (incluso más anterior) en Caral, Sechín o en Chavín haya existido la función del ‘degollador’ pero no estaba asociado directamente al trabajo específico de los promotores de la política y las prácticas rituales y religiosas incipientes de estas culturas, es sí más probable que, ajeno desde siempre a cualesquier expresión de divinidad, el ‘decapitador’ o ‘degollador’ haya tenido el poder absoluto en los tiempos del nomadismo y sobrevivido como poder central y directriz solo hasta inicios del semisedentarismo en el antiguo Perú.

Ideal hubiera sido analizar toda la vertiente del corredor Sur-Este desde el Centro del país en relación a la procedencia del bloguero. Creo que estudios sobre ello hay y no hay disponibles en internet. Estudios sobre estos temas los hay pero no comprendemos cómo es que hasta en los libros oficiales todavía se habla absurdamente de politeísmo en el antiguo Perú, de ‘decapitadores’ de naturaleza divina al ser presentados como ‘dioses’ o ‘deidades’ y cosas por el estilo que distorsionan la verdad y la historia, es decir, quizá mentiras bien estudiadas y formuladas que lamentablemente se enseñan en las escuelas y colegios del país de los que nos quejamos de la baja calidad de la educación en el Perú.

En conclusión, el degollador a través de la historia del antiguo Perú nunca ha tenido significado de divinidad alguna aunque ha contribuido a dicha definición y otorgándole soporte tan igual como sucede en la actualidad con las fuerzas armadas de cualesquier país que le dan soporte militar a las ideas religiosas y filosóficas de muchas tendencias.

BIBLIOGRAFÍA:
- Primer encuentro peruano de arte rupestre EPAR-1,  2004, y Taller de teoría, metodología e investigación. Mónica Suárez Ubilluz. UNFV.
- Fotos e ilustraciones de internet.
- Wikipedia.
- Transformaciones religiosas en los andes peruanos. Olinda Celestino Investigadora del CNRS en el Laboratoire d'Anthropologie Sociale. París. Gazeta de Antropología.