sábado, 31 de mayo de 2014

LA ENSEÑANZA DE LA CREENCIA HUMANA DEL CIELO Y EL INFIERNO



Desde que el hombre comenzó a tener uso de razón  dedujo en determinado momento al observar el inalcanzable espacio diurno y nocturno (culturas tales como los sumerios, los griegos y otros) que había sobre ellos un lugar distante adonde se aspiraba llegar y conocer.

Derivaciones cognitivas se lograron mediante las observaciones astronómicas de aquellos tiempos. Así, se consagraron los astros a diversos personajes sean estos sus descubridores o no.

Dichas ideas evolucionarían en un ideal de consagración, de aspiración al reconocimiento, a la adoración, es decir algo así como un lugar especial al que anhelaban llegar (como aspiración) los hombres para disfrutar de sus beneficios. Muchos ciudadanos comunes y corrientes tendrían la máxima aspiración de servir en los templos en razón a que en estos lugares se concentraban la mayor cantidad de recursos al amparo del desarrollo cognitivo mental de las creencias, ideas religiosas y la Fe, es decir, los mentefactos como herramientas del poder en la antigüedad.

El ‘Cielo’ emergería posteriormente como el lugar de consagración de los dioses, de los personajes más iluminados de la Tierra (tal el caso del profeta Elías que se dice ascendió al cielo montado en un carromato jalado por unos caballos voladores) al que bien podrían acceder todos para realizar una que otra acción. Los Incas tenían la idea del otro mundo al que iban después de la muerte para realizar las mismas funciones que tuvieron en la Tierra (como expresión de la necesidad de un total dominio religioso y por ende político del pensamiento humano afín a los intereses del poder de determinados grupos). El ‘Cielo’ tendría que virar en sus significados a través del tiempo. Lo mismo se dice del cuerpo y espíritu del Dios Jesucristo que narra la ‘Ascensión’.

En los tiempos de los actuales viajes espaciales, dichas ideas están perdiendo sustento concreto, necesitan ser reacomodadas para su prevalencia y función religiosa (básicamente de carácter moral pues otra razón no la asiste). Las sondas lanzadas al espacio por el hombre deberán tener cuidado con atropellar a algún incauto ángel o arcángel o con arrugar o estropear el manto de Cristo o del Dios de los judíos o de cualesquiera que hay. Los niños con los que interactúo en los últimos grados del nivel primario, sonríen al respecto pues ellos han crecido con la idea social de que cuando se mueren, sus espíritus se van al cielo que es el lugar donde están los diversos dioses y el Dios cristiano.

En la anterior institución educativa donde laboraba existía la misma idea en los niños y niñas. Con respecto a los niños donde laboro actualmente aparentemente solo hay una diferencia en cuanto a dónde está el ‘Infierno’. Mientras que aquí hay la creencia de que el infierno está en nosotros, sobre la superficie de la Tierra, en la anterior institución educativa los niños afirmaban categóricamente que el infierno estaba, dentro o debajo de la Tierra, es decir, una idea mutada del legado pre-Inca e Inca de que debajo de nosotros existe el ‘Otro Mundo’ al que íbamos después de la muerte, idea que fue tergiversada convenientemente por las ideas de los españoles conquistadores en el Perú lo que devino en esa idea o creencia al afirmar que dentro de la Tierra estaba el infierno y ello avalado con la actividad sísmica y volcánica.

Según el criterio e ideología hispano, era pues insostenible el ‘Otro Mundo’ pre-Inca e Inca, contradictorio con la cultura que ellos manifestaban (para los antiguo peruanos no existía el ‘cielo’ como ideal).

Pero pese a ello, en razón de la búsqueda de “lugares físicos” para el cielo y para el infierno, la idea ancestral peruana del anterior mundo terrestre como el ‘Otro Mundo’, el ‘infierno’ (después de la conquista o desde 1532 para adelante), persiste no solo en los niños de Huancavelica. Se sabe que la fiesta del primero de noviembre de Todos Los Santos en el Perú tiene por costumbre la de expresar (de manera modificada) un legado de las antiguas y ancestrales procesiones de los muertos que eran desenterrados para cambiarles de ropas, limpiarlos y ofrecerles comida entre otras cosas para luego volverlos a enterrar hasta el próximo ciclo del Dios Sol asegurando así su continuidad física y espiritual en el ‘Otro Mundo’. Ello con los españoles sufrió cambios de procedimientos a manera de reacomodo cultural. En la actualidad en la región sierra principalmente, las ofrendas de comidas subsisten aunque con significados rituales diferentes, los que son colocados sobre mesas por todo el día y la noche a la espera de que los ‘espíritus’ de los difuntos vengan (bajo la forma de moscas o similares) a comérselos y disfruten de tan variadas ofrendas. Lo que se hace actualmente en los cementerios solo es la evocación de la memoria de los difuntos, cantando y bailando con la idea de divertirse a expensas suyas.

No fue casual el ahorcamiento del Inca Atahualpa, menos su decapitación y posterior incineración puesto que así se truncaba su resurrección y prevalencia en el ‘Otro Mundo’ al que iba a ser enterrado con su séquito de sirvientes con comida, ropas, herramientas diversas y demás accesorios. Más que una guerra de hombres, fue una guerra de ideas.

Interrogando a los niños al tratar sobre el tema de las capas de la Tierra del mes de mayo luego de elaborar una maqueta en yeso (cortado en una porción para visualizar las capas internas con una bolita interior moldeado en ella y pintado de diferentes colores) por grupos en lo que constituye la geósfera, saben que la Tierra tiene un núcleo interno constituido de níquel y hierro que hace que al generar el campo electromagnético de la Tierra en conjunción con el del Sol permite que nuestro planeta se mantenga orbitando alrededor del Sol (para evitar terminar como un simple meteorito gigantesco perdido por el espacio), es decir, que el infierno al que ellos hacen referencia permite que sigamos viviendo, que se sostenga la vida, ende que sea fuente de vida, que sostenga nuestro mundo en contraposición a la idea cristiana hispano-judío de que el infierno es fuente de muerte y castigo donde las almas malas y perversas se queman y se retuercen de dolor (al respecto también les pregunté si el alma o el espíritu puede sentir dolor y que respondieron que no y luego que sí y luego que no). Los niños de aquí donde actualmente laboro si bien algunos tienen similar idea, la mayoría ya argumentan que está sobre la Tierra, entre nosotros. Un cambio de percepción nos indica esa idea lo que confirman nuestras observaciones sobre las capas de la Tierra.

Surge nuevamente la pregunta: ¿y dónde está entonces el infierno? O mejor aún, ¿dónde está el cielo?

Jesús diría: “mi reino no es de este mundo” al menos se dice que él lo dijo en base a los que registraron su mensaje y a sus conocimientos sobre el profeta Elías. Y ¿dónde está su reino?, obviamente no está en ningún lugar del espacio sideral (o como diría una niña del quinto grado: “entonces el cielo está más allá del espacio no profesor”, ello después de ver un vídeo bajado de YouTube sobre el origen de nuestro sistema solar y del planeta Tierra).

Entonces ¿en dónde están el ‘cielo’ y el ‘infierno’?, definitivamente no son ningún lugar como hasta Jesucristo pudo haber creído desde su niñez.

Esa es una de las ideas incongruentes del pensamiento filosófico religioso (parte de las históricas mentiras piadosas que la sostienen traducidas como actos de ‘Fe’) que resolví en base a mis propias experiencias, primero en mi fase de ateo renegado y luego tomando la ciencia como herramienta para explicación de los fenómenos naturales y humanos. Luego de una infancia y adolescencia atroces, de carencias de toda índole, y de una juventud contradictoria muchas veces ‘casi pervertida’ alimentada por una neurosis (que se podría denominar trastorno cognitivo bipolar) incubada desde mi infancia en el violento entorno familiar, potenciada por la incongruente prédica religiosa y las contradicciones del entorno social, comprendí aquella frase que lanzó un periodista norteamericano: “Marx ha muerto, Dios ha muerto, y sin embargo no me siento bien”.

Ciertamente, Jesús el Cristo había muerto definitivamente dentro de nosotros, como para no explicar esa frase lanzada por un sobrino mío del de “asesino de dioses”.

En mi condición de profesor de aula emergieron así una serie de dudas respecto a si el área de educación religiosa debía estar a cargo mío o a cargo de algún patán o quizá de algún ilustrado profesor de educación religiosa dado que los sacerdotes se hacen a los cojudos por no asumir responsabilidades directas inherentes a su prédica en razón a los riesgos a los que estarían afectos dada la endeble naturaleza de los niños y púberes.

Comprendí que como valor moral, guía espiritual, deconstructor de la mente humana, la idea del Dios Jesús debía ser enseñada desde otra perspectiva, que si bien para mí no era necesaria, para otros sí lo era. Eso acepté incluso para con mis hijos en abierta tolerancia a la Fe de mi esposa, familiares diversos y de quienes ejercen influencia sobre ellos.

Así entendí (al margen del significado científico cognitivo bipolar) que debería de haber “un lugar” donde debieran estar el ‘infierno’ y el ‘cielo’, es decir, en nuestros cuerpos, en nuestro corazón, en nuestra mente, en nuestros genitales incluso. Una concreción de la idea religiosa del ‘templo del Dios’, la ‘casa del señor’ en boca de los creyentes religiosos y no una construcción de piedra y barro mal o bien decorado donde hasta un sátrapa como yo bien pudo haber sido ‘sacerdote’.

Evocando a Sigmund Freud (sustentado por la naturaleza animal del ser humano) cuando se refiere a los niños como “puerquitos sexuales” al igual que muchos de nosotros (no de los demás por supuesto), muchos niños bajo nuestra responsabilidad atraviesan por dicho corral humano (circunstancias similares), es decir, que están cohabitando muy probablemente en el ‘infierno tradicional’ (mental) y es de necesidad que aprendan a descubrir el ‘cielo’ (mental) y llegar a ella a través de las enseñanzas morales del Cristo dejando de lado pendejadas infantiles tradicionales como esa la de: “el Diablo es el culpable de lo malo que hago” o el de la “tentación del Diablo” propias del de la edad de las cavernas (ciertamente, según disposiciones del MINEDU, el tratamiento de las desviaciones sexuales o de la personalidad en los niños están a cargo solo de especialistas psicólogos y neurólogos que brillan por su ausencia en las instituciones educativas de todo el país).

Es decir, encontrar el ‘cielo’ en uno mismo como desafío de vida pues es fácil seguir repitiendo convenidamente la misma monserga que se sigue difundiendo, ende, seguir produciendo todo el estiércol humano que a veces dice no serlo, que incluso enseña como educador, que gobierna y dirige, que bendice armas y cosas por el estilo ya que creo que ese es el verdadero sentido concreto de las palabras y enseñanzas del Dios cristiano de ustedes, Jesucristo, que lo demás corre por nuestra cuenta y responsabilidad.