viernes, 18 de julio de 2014

CÓMO SE “DEBE” EVALUAR A LOS EDUCANDOS EN EL ÁREA DE EDUCACIÓN RELIGIOSA: ¿CIENTÍFICA O RELIGIOSAMENTE?



Desde mi perspectiva de profesor de aula ha emergido una circunstancia diré especial en cuanto a cómo debería evaluar los logros de los niños en el área de Educación Religiosa. ¿Debería evaluarse sólo como conocimientos o conceptos de la Fe?, ¿sólo como un acto de Fe?, o ¿sólo como conductas coherentes y correspondientes con los principios ideológico-religiosos?

Debemos entender que en las respuestas elaboradas por los niños y niñas a las preguntas adecuadamente formuladas en cualesquier cuestionario escrito u oral, se están poniendo de manifiesto las situaciones de sus propias experiencias y vivencias personales (pros y contras), su propia comprensión de los eventos religiosos y de la Fe religiosa (según el nivel en el que se hallen).

Para quien entiende la evaluación sabe que se debe evaluarlos desde todas las premisas arriba mencionadas y no por separado. Le dicen evaluación integral o algo así.

Sin embargo, desde mi modo de ver las cosas, en mi propia comprensión de los fenómenos del pensamiento y de la naturaleza como medio circundante, de predominio en mí de las concepciones científicas a las religiosas, he llegado a la percepción que: sobre las conclusiones científicas y demostrables de las ciencias en general, predominan los de la Fe de las personas, es decir, que pese a que las respuestas en cuestiones religiosas de los educandos no guardan correspondencia con las verdades científicas y se aceptan como mentiras llámense piadosas, los educandos no pueden ni deben ser desaprobados puesto que priman las cuestiones de la Fe por sobre las verdades científicas, así de simple.

Les dije que el Cielo y el Infierno están dentro de nosotros mismos y pese a ello ratifican que está fuera de la Tierra (el Cielo) y en el interior del mismo (el Infierno), una enseñanza que deriva de la religión pese a que hemos aclarado cómo es el espacio estelar, las capas internas de la Tierra y su función como soporte de la vida sobre la misma y además de su traslación alrededor del Sol (sostenida por este).

En la evaluación del primer trimestre se han puesto de manifiesto las situaciones de desazón y de desconcierto natural que se generan a partir del apego por lo conocido, por lo ya ‘experimentado’, por lo ya aceptado como verdad ‘incuestionable’ los que les sirven como parámetros de conducta y de pensamiento; inconsistencias cognitivas (y emocionales) provocadas por el todavía incipiente nivel cognitivo científico en ellos. Además de una suerte de sectarismo inherente a dicha situación que a muchos educandos les obliga a rechazar cerradamente las verdades científicas y a defender a toda costa las ‘verdades’ de su Fe como lo han puesto de manifiesto la mayoría de los mismos.

Sobre ese aspecto, hemos conversado que pese a que más del 80% tiene desaprobado el cuestionario en cuestión y no aceptado como válidos las conclusiones científicas, ninguno de ellos en Educación Religiosa será calificado con menos de “A” para las notas que se pondrán en el SIAGIE. Es decir, nadie será desaprobado en razón a que priman las cuestiones de su Fe y el respeto a las mismas pese a que hay más que evidentes contradicciones entre aquella y las Ciencias en general.

Cierto, vendrán otros temas y circunstancias que tendrán diferente evaluación y que se corresponderán a cuestiones más sociales, psicológicas y emocionales, que no ponen en tela de juicio los preceptos o cimientos de la Fe que a todas luces tienen pies de barro y que no están al nivel del desarrollo de las ciencias en la actualidad. No por esas razones se puede rechazar totalmente a esta área educativa en razón a que dichas evidentes e indiscutibles contradicciones (incluyendo la de aquellas que se suceden dentro de los mismos preceptos religiosos que se van acomodando y modificando conforme las ciencias avanzan) han llevado erróneamente a muchos maestros del país a proponer que la Educación Religiosa no deba ser enseñada en las instituciones educativas.

Queda a libertad de los educandos el decidir sobre las cuestiones de su Fe (o de los que deciden por él). Si en determinado momento de su nivel de experiencias personales y sociales, le lleva a defender y sostener su Fe, debe ser respetado y no contradecido arbitrariamente. Bajo esa misma premisa, si el educando halla la necesidad de apoyarse en las premisas científicas, del mismo modo debe ser respetado como así la de aquellos que decidan dejar de lado dichas cuestiones religiosas temporal o definitivamente. Pero, lo mismo no debe suceder con aquellos que intentan conciliar Religión y Ciencia en todos los términos dado que es falso pues que no haya contradicciones o antagonismos entre las cuestiones de la Fe y la Ciencia, al menos en los fundamentos básicos del origen de la vida y de la organización de la materia. Quizá no la haya en las expresiones del pensamiento como fenómeno cultural-religioso social y/o bioquímico-conceptual de la materia.

No se les puede exigir a los educandos más de lo que pueden ser, pueden dar o lo que necesitan ser según sus propios contextos y niveles de desarrollo. No en vano se hace referencia de los ritmos y estilos de aprendizaje y en el área de la Educación Religiosa no puede haber excepciones.

Tampoco se pretenda pues formar educandos exclusivamente religiosos o exclusivamente científicos ni mucho menos creer que deben ser ateos por una supuesta verdad científica o no. Eso los propios individuos y las sociedades mismas lo irán resolviendo progresivamente. Dado la inestable naturaleza humana y de su pensamiento, nunca se ha de llegar a resolver estas contradicciones ni menos creer ingenuamente que se puedan uniformizar los pensamientos en torno a un solo criterio sea este el científico y/o el religioso.

Desde esa perspectiva también, el mensaje de la frase asignada por los hombres al Dios de los humanos de “no deberán comer del fruto del árbol prohibido” politiqueramente reformulada a través del tiempo como “no deberán comer del fruto del árbol de la ciencia” están sujetas al maniqueísmo político de los hombres según sean estos los intereses del poder (de la ‘Fe’) o el interés social. Contradicciones interpretativas existentes más dentro de la propia Fe y la religión que con los preceptos de la Ciencia en sí. Lamentablemente, la obediencia al Dios pasa por la obediencia a los hombres de las Iglesias en general puesto que la supervivencia de dicho Dios está sujeta a la Fe y a las necesidades de estos.

En las circunstancias en que venimos recién conociéndonos este año, los educandos bajo mi cargo son conscientes ya de la necesidad de respetar la libertad de pensamiento y de aceptarnos con nuestras ‘virtudes’ y defectos, lo que no nos hace menos ni más que los demás.