viernes, 18 de julio de 2014

DE LA CRIOLLADA ESTADÍSTICA CATÓLICA DE JUAN LUIS CIPRIANI A SU POSTERIOR ACCIÓN SOCIAL COHERENTE



Basándose en la evaluación censal del año 2007 sobre la religión profesada por los habitantes del país (Perú) y habiéndose llegado a la cifra nacional del 72% como católicos, 12% como evangélicos y 6% como ‘otros’; dichas cifras son utilizadas por Cipriani para intentar sorprender a la opinión pública nacional e internacional respecto a que debido a la existencia de esa cifra estadística aplastante de católicos en el país, intenta hacerla corresponder con la voz de la Iglesia del país en cuanto a la oposición al aborto terapéutico que se intenta aprobarse en el Chongreso.

Es un manejo muy burdo y simplista de la información dado que para el caso de la aceptación o rechazo del aborto terapéutico para correlacionarla correctamente con la real opinión de los católicos debería haberse realizado una encuesta nacional sobre el respecto y solo así poderse afirmar si dicha cifra se corresponde o no con ese tema.

Todos los católicos del Perú no coinciden necesariamente con Cipriani y sus monsergas. Por ejemplo, grandes sectores católicos de la izquierda peruana ni siquiera aceptan la presencia de este personaje en la dirección de la Iglesia católica en el país mucho menos si ni siquiera han participado en su designación (a dedo por supuesto desde el Vaticano), es decir, que Cipriani a estos peruanos los quiere tomar por cojudos en aras de la religión y la Fe en cuanto a la oposición al aborto terapéutico (como para no mencionar los temas de la unión civil entre ciudadanos del mismo género). Lo peor de ello es que asumen ingenuamente que debemos de creerle esa mentira como a las mentiras piadosas a las que tiene como fundamentos la Fe y la religión católica en el globo.

No dice nada de aquellos católicos que pese a su condición religiosa sí están de acuerdo con dicha medida médica en extremo para salvarle la vida a la madre gestante.

Obviamente, para un puto y achorado país en ciernes e individuos ‘profesionales’ pendencieros y adeptos también de las criolladas peruanas, dicha legislación bien que podría utilizarse para implementar el aborto como algo natural y ‘aceptado’ por ley. Oponerse bajo esa premisa sí que es racionalmente válido pero no el hecho de estar mezclando las cuestiones de la Fe, es decir, recurrir a la populachería (en términos de populismo) cuando es oportuno y despotricar contra ella cuando no es adecuado o no está acorde a las exigencias del también modelo neoliberal de la Iglesia católica, o sea, pasarlos por alto y restarles cualesquier valor legal o moral.

Lamentablemente las cuestiones de la Fe en cuanto a temas como el aborto terapéutico se manejan desde varias perspectivas muy cuestionables incluso desde la misma Iglesia católica.

Por ejemplo, en cuanto al tema de la famosa píldora del “día siguiente” la que consideré como abortiva pero que la Iglesia por cuestiones de control poblacional, la de darse de tenedores de la verdad, del poder y/o de aceptación oficial de la Santa Sede o por lo que fuera, aceptaron dicha píldora argumentando pendencieramente de que mientras el huevo o zigoto no está formado no es ningún ser humano (ni siquiera ‘criatura’ del Dios ese), solo porque no tiene la forma de ser humano (ojo, se habla solo de formas y no de esencias), por ende se puede eliminar, abortar. Eso demuestra la también doble conducta moral, la actitud cínica, pendenciera y de criollada de los miembros de la Iglesia católica que en el mismo decir de Cipriani, en sus términos, diremos que son de todos los miembros de la Iglesia católica del Perú y por qué no del mundo sin ninguna excepción.
Desde el mismo instante en que se une el espermatozoide (23 cromosomas) con el óvulo (23 cromosomas) y se combinan sus materiales genéticos (46 cromosomas), desde ese mismo instante se ha constituido un nuevo ser concreto a partir del cual derivamos todos, lo resto que viene solo es la forma  en desarrollo de aquel ser, algo trivial y secundario que se interrumpe sea con la píldora del ‘día siguiente’, con el aborto terapéutico o el aborto ilegal. Los filósofos de la Iglesia son simple basura humana que en sus degeneraciones mentales manifiestan incluso su rechazo a la unión civil entre individuos del mismo género (después de haberles garantizado su desarrollo y supervivencia en el vientre de sus madres). Desde mi propia racionalidad, a todos los miembros de esta ridícula Iglesia católica bajo ningún aspecto los puedo tomar en serio ni mucho menos en broma.

A partir de esa cínica e hipócrita doble conducta o razonamiento moral y ético, es también putería barata, mediocre y pervertida la opinión que emerge de boca de los miembros de la Iglesia católica en estos temas, no se puede, no se debe tomar en serio. Asumen arbitraria y concertadamente que lo de la ‘píldora del día siguiente’ es un caso ‘especial’ dado que pasa solapa nomás debido a la aceptación de los “defensores de la vida” y de la Fe de la Iglesia católica, de los colegios de médicos del país y de los negociantes de medicamentos. Lo digo sin reparos así se me califique en los mismos términos y no tenga ni ‘la autoridad moral’ para hablar ni comentar al respecto.

Tampoco voy a mencionar a los católicos que están desarrollando alguna neurosis o enfermedades mentales (que podrían derivar en ateos sin dejar de ser católicos o que pueden reincidir) a los que bien les podría caer la aceptación del aborto (sea cual sea este) pero que siguen considerándose católicos por eso de no ser rechazados por su condición de presuntos inadaptados o enajenados mentales de la moral de la sociedad y la religión. Ni para mencionar a aquellos que dicen serlo solo por las apariencias pero que en su práctica social les llega hondamente los preceptos de la Fe y del catolicismo.

Del rebaño del pastor Jesucristo lo tenemos bien claro. Pero, el rebaño de Juan Luis Cipriani Thorne es pues variopinta por no decir cachacienta, más o menos de uno de sus católicos lo alabaría a rabiar y más o menos de uno desearía pisotearlo en vida (sino pregúntenles a los familiares católicos de los miembros del MRTA asesinados traicioneramente en la Embajada Japonesa, los que Cipriani incluye en sus ‘estadísticas’ de catolicismo y como evidencia de apoyo o soporte religioso a su rechazo al aborto terapéutico).

“Los católicos somos más” dice el señor. “Eso dice el señor”.

Habida cuenta de la necesidad de reforzar sus “estadísticas” de “poder popular”, Cipriani ha buscado el apoyo de diversas organizaciones religiosas en el país con los cuales manifestar su disconformidad y rechazo exclusivamente politiquero (lo moral deviene en un innecesario acto absurdo que no cabe mencionar aquí ni en el que se debe insistir puesto que nadie lo tomará en cuenta) por parte de los miembros de la Iglesia católica al aborto terapéutico en el país. Afirmar y defender lo contrario a lo que manifiesto, son solo mentiras y fanfarronadas.

La respuesta a la pregunta ¿en qué momento se jodió el país?, tiene  sus respuestas no en los que obedecen parámetros, órdenes y Fes ciegas sino en quienes las formulan y las pretenden seguir manteniendo cínica e ingenuamente como ‘actos de Fe’.

A estas alturas de mi tardío desarrollo físico y mental, me siento feliz, alegre y contento de haber arrojado de mi estructura mental toda esa basura religiosa católica que más que guiarme, educarme y hacerme crecer como un ideal ser humano, solo ha producido desviaciones, exabruptos, vergüenzas y ‘abortos’ indeseados. De haber permanecido en ella, solo me habría conducido al hospital psiquiátrico, a la cárcel o al cementerio, o ¡por qué no!, ¡quizá me hubiera llevado a ser Cardenal de la Iglesia en el Perú!, ¡qué bueno haberme muerto a tiempo!

Podría creerse una tomadura de pelo, pero no; Cipriani me tendrá como un individuo incondicional más a favor de su posición anti aborto e ¡incluso anti gay!, ¡tampoco, tampoco, horrorrrrr!, si es que reconoce públicamente y hace una defensa cerrada de que la píldora del ‘día siguiente’ es abortiva (contradiciendo su versión inicial que ha dado luz verde a su comercialización), que se comete un asesinato contra la vida de un ser humano como ‘creación’ de su Dios (en boca de ellos mismos); sino, junto a su Iglesia, simplemente que se vayan a la misma mierda. Así fabricaremos algún día una marca de delicado papel higiénico llamado “Cardenal” o “Iglesia” o quizá finalmente “Profesor”. De lo contrario, (mirando el escenario peruano) su Dios para sí mismo se estará diciendo: “¡estos curas sí que me han resultado una sarta de pendejos!”, “¡urgente, Juan Luis Cipriani para mi Papa!”. 

¿Este es el Reino del Señor aquel?: ¡carajo, pobre hombre!...