jueves, 9 de octubre de 2014

LA LEYENDA DEL RÍO HABLADOR


El río Rímac (Lima - Perú).
Hace mucho, pero mucho tiempo, vivía en la corte celestial del dios Sol, conocido también como Inti, un joven de gallarda figura y sumamente bondadoso llamado Rímac. Bajaba este, de cuando en cuando, al mundo de los humanos a contarles las más bellas historias, por lo que era muy querido y reverenciado.

Un día que, acompañado de los demás dioses, miraba hacia la Tierra por las ventanas del palacio dorado, vio que los llanos junto al mar eran azotados por una grave sequía: las hierbas, las flores y los árboles se marchitaban, y los hombres y los animales morían de sed.

Los dioses se alarmaron y acudieron al dios Inti, su padre, a pedirle que librara a los hombres de la costa de aquella horrenda sequía. Pero Inti les dijo que le era imposible, pues, según las leyes celestiales, solo sacrificando a uno de ellos en el altar de fuego podría conseguir agua.

Los dioses callaron. Sin embargo, ante la sorpresa de todos, Chaclla, la más bella y virtuosa hija del Sol, poniéndose delante de su padre, se ofreció valientemente al sacrificio.

Rímac, que adoraba a su hermana, se arrodilló implorante y pidió a Inti que lo sacrificase a él en vez de ella. Pero Chaclla, aun cuando agradeció su gesto, no aceptó, aduciendo que los hombres echarían de menos las bellas historias que aquel sabía contarles.

Mas Rímac insistió.

Finalmente, a ruego de ambos y ante la resignación de Inti, los dos se dirigieron al altar del fuego para el sacrificio.

El dios Sol pudo así hacer llover sobre la Tierra.

Agradeciendo a los cielos, los yungas –los antiguos hombres de la costa- recibieron el agua, jubilosos.

Rímac y Chaclla, envueltos en infinidad de gotas, caían sobre las montañas cercanas al gran valle de Lima, y convertidos en un torrentoso río corrían, jugando y riendo, hacia el mar. Una vez allí, elevándose en forma de nubes, persiguiéndose, llegaban al cielo para precipitarse de nuevo.

Pero eso duró solo cuarenta días y cuarenta noches, al cabo de los cuales Chaclla quedó convertida para siempre en lluvia, y Rímac en el más bullicioso río de la costa peruana.

Cuenta la leyenda que, quienes suelen sentarse a orillas del Rímac y se ponen a escuchar sus murmullos con atención, perciben claramente que el leve ruido de sus aguas se disuelve en una voz humana, cálida y confidente, que cuenta bellísimas historias de este y de antiguos tiempos. Es por esta razón que los limeños, muy orgullosos, lo siguen llamando “el río hablador”.  
                                                               (Oscar Colchado Lucio, Leyendas de la costa del antiguo Perú).

La lectura mencionada arriba, está en el libro de Comunicación del 5° del nivel primaria en la página 142 distribuida por el MINEDU. Ciertamente que el análisis que se hace a continuación no se ha tratado en ningún modo con los niños del grado correspondiente sino que responde a las inquietudes propias del bloguero.

Esta leyenda la puedo observar como a un Frankenstein histórico, es decir, que está compuesto de hechos o pedazos históricos tomados de diferentes periodos o épocas y de diferentes contextos que no necesariamente se corresponderían con la realidad Inca o específicamente Pre-Inca.

Menciona a una “corte celestial” en alusión a la concepción filosófica griega de los dioses del olimpo (“acompañado de los demás dioses, miraba hacia la Tierra por las ventanas del palacio dorado”) que a mi modesto modo personal de ver las cosas, en el Perú no existió el politeísmo (análogo al griego o egipcio) propiamente dicho sino solo el monoteísmo con arraigo en el Sol como Dios único, pese a conocerse por parte de la élite que astronómicamente el Sol no era la única fuerza creadora del mundo pero que a pesar de ello era la fuerza principal que regía los destinos de la Tierra y de los seres que habitan sobre ella.

Introduce fragmentos religiosos de la cultura judía como el de los cuarenta días y cuarenta noches de lluvia en alusión al diluvio universal que se menciona en el antiguo testamento propio de la cultura e idiosincrasia judío hebrea. Intenta darle una coherencia histórica de simultaneidad de hechos entre ambas racionalidades, habida cuenta que solo se trata del que propone a su propio parecer el autor del texto.

Dice en sus propios términos lo siguiente: “Pero Inti les dijo que le era imposible”, “y ante la resignación de Inti”, denotando una suerte de concepción del Dios como mediocremente humano, incompetente, sujeto no a “las leyes celestiales” como menciona, sino a la concepción filosófica del pensamiento del autor del texto (que podríamos generalizar a todos los hombres religiosos seguidores del cristianismo, judaísmo, islamismo y similares) para el que el Sol no es más que un astro de nuestro sistema solar como lo es cualesquier estrella en el espacio sideral. La resignación no es un atributo propio de un Dios, solo es factible en la racionalidad humana. La resignación es un atributo cristiano que acepta el fundamento del sacrificio humano para la salvación de los pecados como lo fue la crucifixión de Jesús a instancias de su Dios Padre (debemos entender que los Incas sustituyeron los sacrificios sanguinarios humanos públicos, como en los de la culturas Maya y Azteca, por el de las llamas; aunque según parecen sugerir algunos antropólogos, la seguían practicando clandestinamente) al que muchos denominan como Yahvé o Jehová (el Dios creado por Moisés y sus antepasados). De modo análogo a la racionalidad judía y cristiana, presenta al Dios Inti como una suerte de sanguinario y bondadoso, es decir, sujeto a los exabruptos de la racionalidad y las necesidades del pensamiento humano (por no decir: “miren humanos como sacrifico a mis hijos por ustedes”, “alégrense o solácense”) básicamente como expresiones propias de la degeneración del control del poder (político-religioso) de los hombres sobre los hombres.

La idea cristiana de la ofrenda del Cristo Jesús se reelabora mimetizadamente en la ofrenda de los dos hijos del Dios Inti (“solo sacrificando a uno de ellos en el altar de fuego podría conseguir agua”). Es la idea hebrea que persiste vía el asesinato o el homicidio religioso de los hijos en manos del padre como un acto noble (para la salvación de la humanidad) que se intenta ajustar a la situación pre-Inca (para aliviarles de la sequía). Tengamos en cuenta que según vestigios óseos de la cultura Nazca, se afirma que se habrían hecho sacrificios voluntarios de personajes de alta jerarquía para suplicar por agua o lluvias.

Lo único original que puedo apreciar en el texto es la conversión de Chaclla en lluvia y la de Rímac en el agua del río más bullicioso de la costa peruana. Sobre los antecedentes históricos de esta leyenda y de su contenido original habría que indagar más profundamente, ya que al igual que algunas historias de otras regiones, éstas muy probablemente han sido acomodadas o cambiadas al contexto y a las necesidades de los conquistadores y de sus aliados en el Perú. Un producto del mestizaje y sincretismo social y cultural en la historia del Perú no necesariamente propio de la racionalidad pre-Inca o Inca.