domingo, 9 de noviembre de 2014

UN OMBLIGO MARCA LA DIFERENCIA: ¿ADÁN O EVA PRIMERO?







La creación de Adán es un fresco de la Capilla Sixtina pintada por Miguel Ángel (Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni).






Es tan precavido pero tan precavido el Dios que creó a Adán con ombligo, es decir, que ya sabía que debería de nacer de una mujer, es decir, que lo primero que concibió como lo más importante de su creación fue a la mujer. Creo que por ser varón el Dios creó primero a Adán y no a Eva.

Otra de las cosas que vemos es que Adán tiene tetillas y no es precisamente para dar de lactar. El ano se podría prever y se supone que el pene le iba a servir solo para miccionar y no precisamente porque al Dios le sobró material. Definitivamente el Dios de los humanos (monoteísta o Dios único) no tiene ombligo y mucho menos ano, pene ni testículos. De estos cuestionamientos sí que estaban libres las religiones politeístas o de varios dioses.

¿No será que el Dios es mujer y travesti?

El lector comprenderá que en el blog (dado que tenemos otra estructura mental recientemente construida, no se si más adecuada, eficiente o todo lo contrario o lo que fuera) no caben los razonamientos propios de la tradición religiosa humana y que la idea del Dios de los humanos no se refiere a una forma humana (que pretende representar el Cristo) más que solo con fines coyunturales propios e inherentes a la especie dominante actualmente sobre el planeta Tierra. Bien que la habrían hecho los dinosaurios de haber evolucionado inteligentemente. Un Dios coyuntural hipotético.

Ese podría haber sido el gran dilema de Miguel Ángel de quien se dice era homosexual. Eva (la mujer) está escondida detrás de Adán (el varón) y sí que lo sabía muy bien… como para haberle puesto ropas al Dios que asumimos no los necesita, aunque es bien sabido que las ropas fueron añadidos posteriormente por eso de las consideraciones filosóficas modernas de un Dios más ideal y abstracto que uno con pene como originalmente lo pintó Miguel Ángel (no creo que solo por consideraciones morales y púdicas).

Tremendo dilema del pintor y de los filósofos religiosos.