lunes, 12 de enero de 2015

EL PROFETA MOISÉS YA NO ESTÁ EN FRANCIA, SOLO ESTÁ AL QAEDA


 
El siguiente artículo pretende emular novelescamente a la Biblia en cuanto a ciertos hechos históricos de la formación de la cultura de los judíos y de sus grandezas.

En los países potencias actuales ha surgido, después del 11S (atentado a las Torres Gemelas) y ahora con la expresión (más que la simple declaración del 2008) oficial de la crisis global, un problema de índole poblacional social y los vinculados a ello. El apogeo del desarrollo económico de estos países potencias provocó que miles o cientos de miles de inmigrantes ingresaran legal o ilegalmente a dichos países provenientes de otros diversos circundantes a ellos.

A Francia ingresaron africanos principalmente de diversos países que profesan la religión musulmana como los que ahora se quiso despreciar y rechazar luego de los sucesos recientes con lo de los Charlies Hebdos principalmente.

Durante el apogeo del reino de los Faraones, se trajo de todas partes del Medio Oriente a esclavos, pastores, gitanos y toda suerte de individuos (sin patria) afines que por razones de la indefinición territorial limítrofe y geopolítica (por conflictos permanentes) en el que se vieron inmersos terminaron migrando a Egipto para ponerse a disposición de las necesidades constructoras mega dimensionales de los faraones quienes en su afán personal de trascender a su condición de animales intentado alcanzar a sus dioses estelares los convocaron por la fuerza o voluntariamente.

Por un salario que consideraron suficiente o motivador, estos trabajadores sirvieron durante décadas a los propósitos de los egipcios sin quejas e incluso sirvieron para conformar y detentar cargos para la administración política de estos mismos individuos (tales como el caso de José que fue vendido por sus hermanos para servidumbre de los faraones).

No todo tenía porqué durar así con el transcurso del tiempo. Diversas situaciones confluyeron para que ese apogeo y desarrollo se acabara o se ponga en peligro. Décadas en las cuales la población de los inmigrantes creció fuera de control pero que no era percibida perniciosa mientras contribuían al crecimiento y fortalecimiento de la economía egipcia.

Lamentablemente, los sacerdotes egipcios (asesores del faraón) entendieron que el crecimiento poblacional sin control de los migrantes foráneos ya establecidos alrededor de las ciudades centrales de Egipto podría significar un peligro latente a la Seguridad del Estado egipcio, sea por revueltas o por copamiento de las estructuras del poder egipcio que podrían provocar la desaparición de los propios egipcios (la ‘raza pura’ egipcia) a lo cual era necesario realizar censos permanentes y aplicar las medidas de control necesarias.

No es casual que se asociaran matanzas de niños con sucesos astronómicos tales como eclipses, paso de cometas (la estrella de Belén para el caso del censo ordenada en tiempos de Herodes y que sirvió para que justificara la matanza de niños inocentes en su pretensión de eliminar al que se le decía sería el ‘Nuevo Rey’, obviamente un hijo del vecino para Herodes) u otros fenómenos que bien conocían los astrónomos egipcios servidores del faraón. Ese aprendizaje venia de tiempos inmemoriales y que se instrumentaron para el control mental de la población, el gobierno y organización de los mismos (la sociedad Chavín en el antiguo Perú hizo algo similar).

En Egipto se asesinó si bien impunemente, en términos de nuestra consciencia moral y legal actual, pero que se sustentaba en la creencia incuestionable (fanática y autoritaria) de la Fe, de la religión y de sus dioses. Es decir, la instrumentación para fines políticos y que en razón de ello se consolidó una alianza entre Estado e Iglesia (Estados religiosos tal y como se caracterizan muchos países árabes en la actualidad y los del EI o ISIS que está en la misma línea) la misma que se intenta hacer perdurar en nuestros tiempos en nuestro país (ni para hablar del Ministerio que el denominado monseñor Juan Luis Cipriani Thorne quiere que se cree para que los miembros fascistas y genocidas de la extrema ‘derecha’ del Opus Dei tengan en esos términos el poder legal para interferir moralmente en la organización social de nuestro país como si fueran la gran cosa, la panacea). Sentado en una letrina, un pordiosero puede creer que puede ser Rey, sino Dios.

Por datos históricos sabemos que miles de niños fueron asesinados en manos de los soldados egipcios, decapitados o destripados casa por casa, de los migrantes foráneos establecidos allí por lo que servía a la gente para escarmentar y repensar su decisión de crecer poblacionalmente. En esas circunstancias es que emerge la imagen del líder hebreo llamado Moisés y toda la historia construida metafórica y literariamente alrededor de él.

Estos individuos arribistas se alienaron (parece chiste pero suena a ‘alien’) con las costumbres, modismos, expectativas y compatibilizaron con determinado sector religioso específico de los egipcios, es decir, de los promotores del monoteísmo (egipcios adoradores del primigenio Dios Sol o Dios Ra, el que similarmente era para los pre-incas e incas en el antiguo Perú) más permisibles a la permanencia de dichos individuos en Egipto (la ‘izquierda’ egipcia).

Moisés debió convencer al faraón inteligentemente y en una circunstancia económica especial que motivó que los grupos de poder egipcios (la ‘derecha’) permitieran la salida de estos foráneos sin patria, ya sin tierras, casi sin nombre.

Tuvieron que salir buscando la “Tierra Prometida” (que según ellos, en imitación de los usos y costumbres aprendidos de la religión y de la Iglesia egipcia, “su Dios les había prometido” como mecanismo conceptual manipulatorio para justificar el robo ‘necesario’ y la exacción territorial e invasión, tal y como se viene haciendo hoy en día en Palestina) en un contexto geopolítico y territorial indefinido y en constante cambio. Tuvieron que guerrear con diversas tribus sedentarias o fijas y también con grupos nómades o errantes buscando los mismo, un lugar ‘definitivo’ para vivir. En manos de Moisés estuvo la responsabilidad de cientos de muertes entre los suyos y miles de los ajenos.

No es precisamente que se quiera consolidar lo mismo que se logró en la Torre de Babel donde los que la construyeron terminaron confundiéndose en palabras y en genes cuyo producto bien que podría haberse llamado posteriormente como ‘raza pura’ (como el que quiso construir Adolf Hitler) o ‘el pueblo elegido por Dios’ (el de los judíos israelíes, los hebreos de Moisés).

La inteligente pero desesperada extrema ‘derecha’ de Francia (sino todavía otros países en situación similar pero que le van a entrar al cuento por mutuo consenso tal y como lo hicieron en la guerra intervencionista en el Medio Oriente para conquistar mercados territoriales y consolidando estados lacayos con el cuento trágicamente real del terrorismo) nos está enviando ese mensaje terrorista con el ataque terrorista de sus mercenarios de Al Qaeda.

En el contexto geopolítico actual, lamentablemente en Francia no hay ni habrá un Moisés que les libre de los foráneos (principalmente musulmanes) dado que ya no hace falta un líder así; cada inmigrante tiene su país de origen y allí podrían volver, tienen a dónde llegar, a dónde regresar.

Por la modalidad y el propósito de la acción, a los miembros de Al Qaeda bien que podríamos compararlos con los soldados de los faraones de Egipto (o los soldados del Rey judío Herodes que estaba al servicio del Emperador Romano) que actuaban genocidamente (como mecanismo de control de la población en el amplio y total sentido de la palabra) bajo sugerencias de los sacerdotes egipcios, es decir, de los asesores de la inteligencia política de Egipto. Esa fue la razón por la que consideré a los miembros de la ‘red’ de Al Qaeda, inmediatamente después del atentado del 11S en las Torres Gemelas, como la avanzada del imperialismo sionista y árabe. Enfermos mentales que dicen ‘defender a su Dios’, un Dios conceptual individualista y perverso, siendo realmente su verdadero y práctico Dios el capital, es decir, los grupos de poder oligárquicos del planeta Tierra que quieren remodelarla a su capricho y requerimientos.

Es el mismo cuento de la historia de la humanidad, la de siempre, como dicen en mi tierra y sin ánimos de ofender, la misma chola pero con diferente calzón (en el futuro será, el mismo androide con diferente CPU) forever and ever (filosófica y tecnológicamente un desarrollo en espiral pero en la práctica humana parametrada, en círculo vicioso).