miércoles, 4 de febrero de 2015

INSALUBRIDAD GENERALIZADA EN EL PERÚ: NO SOLO ALIMENTARIA. TODO POR HACER ‘PLATA FÁCIL’


El presente artículo no es solo por referirme al caso de la cucarachita alegre incrustada en la pizza de la empresa Domino’s Pizza (cuyo propietario sería, entre otros, el ex funcionario gubernamental del Fujimontesinismo Carlos Boloña Berh), o el de aquellas ratitas que se paseaban por entre las butacas de un cine en el norte de Lima mientras los cinéfilos disfrutaban de la película comiendo sus canchitas (les ofrecieron lo mismo para que no hagan escándalo), o el de la hoja de afeitar incrustada en un pan proveniente de una panadería en Villa El Salvador, entre otras tantas cosas que pasan desapercibidas todos los días.

Ni tampoco me anima recordar los días en que llegué a esta tierra Huancavelicana y, casi sin exagerar, casi a diario encontraba en mi plato de comida toda suerte de desperdicios tales como: palitos de fósforo, pedazos de plástico, trocitos de papel, pelos, pedazos de uñas, pedacitos de madera, retacitos de trapos, toda suerte de cosas que pudiera imaginar. Dada la coyuntura de indefinida ‘persecución’ sometida sobre mi persona por aquel entonces, llegué hasta interpretar como que era de manera sistemática, una suerte de acoso, peor si el cocinero había combatido en el VRAEM contra el PCP. El haber formado mi familia simplificó mucho de este trajinar casi como suplicio en restaurantes públicos.

No era ‘novedad’ aquello ni cosa que se circunscribiese a mi persona sino que traspasaba el ámbito nacional en cuanto a los turistas que también entraban a los restaurantes céntricos de la ciudad y se encontraban con toda suerte de porquerías. Ya hasta habían ‘marcado’ lugares a los que no deberían entrar. Durante una de las ‘redadas’ municipales clausuraron restaurantes donde encontraron excrementos  de ratas y a aquellos animalitos. Lamentablemente aquello se hace siempre solo por la peliculina, por cumplir, por obligación, por presión y circunstancialmente.

La preparación de alimentos en todos los restaurantes del país deja mucho que desear. Los utensilios no siempre son bien lavados y reemplazados cuando deberían serlo.

Las panaderías y pastelerías proceden de maneras insalubres pero bajo apariencias y formalidades de salubridad.

Hasta las chinganas se consume bebidas alcohólicas donde se supone no son adulteradas y combinadas dentro de lo permisible.

La preparación de cebiches se hace sin las condiciones de higiene adecuadas peor aún si la venta es libre, al paso, al paso de las moscas y demás insectos.

Las clínicas odontológicas no realizan una limpieza diaria ni permanente del material que utilizan para las curaciones dentarias. No lavan ni siquiera los vasos que surten de agua para los enjuagues bucales (ni para pensar en aquellas personas con infecciones bucales o similares). Utilizan los mismos taladros para la atención 'en masa'.

Los locales de reuniones públicas (caso de los cines) no son limpiados en el momento oportuno dado que la continuidad del servicio y la necesidad de ingresos en el más breve tiempo son la guía de la operación.

Los buses de transporte interprovincial apestan a orines, y sudor hediondo. Entre los asientos y las aberturas de soldadura del ensamblaje del chasis y diversas partes, se pasean, se esconden cucarachas que se dan el gusto de viajar de la costa, a la sierra y hasta la selva y viceversa, si es que no se te suben por entre las piernas. Mojar el piso con petróleo resulta insoportable pero es ’mejor’ a tener que oler lo anterior. Los cinturones de seguridad están casi totalmente inoperativos por no decir que estorban, ya los funcionarios del ministerio de transporte se cansaron de joderles la vida a los transportistas y ya ni suben a estos buses quizá por temor a represalias y en casos extremos a atentados.

Hasta los centros de entrenamiento técnico alimentario en los institutos y en las universidades dejan mucho que desear pero que se encubren convenientemente por eso de del ‘desarrollo de la ciencia y la tecnología’, por ser centros de formación de profesionales que necesita el mercado y porque consigan empleo.

Ni hablar de las peluquerías, las máquinas no son reemplazadas o siquiera lavadas, los usuarios no asisten aseados (grasa, piojos, ácaros), servicio a lo que venga, sin recomendaciones para el uso, entre otras cosas.

Todo trabajador que pasa por estas empresas se convierte en testigo involuntario de las condiciones insalubres en los que operan estas empresas (grandes, medianas y pequeñas), no se atreven a denunciar estos casos y si bien ponen al tanto a los administradores de dichas empresas que al parecer por cuestiones de desidia, negligencia ‘obligada’ o por cuestiones de ‘costos’ deciden seguir operando entre ratas, cucarachas y demás alimañas, dichos trabajadores se habitúan a este modus operandi en razón de percibir un salario mensual para el sostenimiento familiar o personal.

La metodología de permisos sanitarios o autorizaciones por parte de las entidades gubernamentales competentes para el funcionamiento no son mecanismos suficientes para garantizar un adecuado prestamiento de servicios por parte de las entidades que la solicitan. A los que las autorizan solo les orienta una mentalidad de recaudación de impuestos y supervisiones a la ligera. Se presentan solo cuando hay escándalos (como los actuales) y luego se desaparecen, sino es para siempre.

Bajo un razonamiento de hacer ‘plata fácil’ sin importar la salud de los usuarios en nuestro país se opera de manera a la ligera, sin supervisiones mensuales ni programadas. No es por ello ‘casual’ que hasta las empresas de gran prestigio se vean envueltas en escándalos que lamentablemente no pasarán de meras ‘anécdotas’ que la población olvidará.

Es por esta razón que en este aspecto y entre otros, nuestro país todavía no deja de ser un país chicha e informal y que las ‘supervisiones’ en lugar de corregir, asesorar, aportar y monitorear solo sirven para hacer peliculina de ‘cumplimiento de trabajo’ y para escandaletes o poses para la televisión nacional.