sábado, 9 de mayo de 2015

IMPLICANCIAS DE UN TRASPLANTE DE CABEZA-CUERPO O DE CUERPO PROPIAMENTE DICHO

Aunque no lo crean él es idéntico a mí. Si le pasara algo malo a él o a su cabeza (no lo deseo), podría bien en donarme su cuerpo para reemplazar mi famélico cuerpecito.

Lo más claro y evidente es que no sería para cualquier persona sino para aquellos que necesiten salvar su cabeza, su cerebro y no su cuerpo, veamos por qué.

Muchas y muchos de los lectores que por la experiencia propia hayan podido darse cuenta de lo adjunto y accesorio que representa el cuerpo con respecto al cerebro del cual éste se vale para alimentarse, protegerse, movilizarse, entenderán de lo que hablamos aquí; es decir, que un trasplante de cabeza no sería la expresión más correcta sino un trasplante de cuerpo pues un trasplante de cabeza ya no es lo mismo dado que el cuerpo tiene aparentemente menos valor que la cabeza.

Es en el cerebro donde se construyen, se desarrollan y se establecen las identidades de las personas, cada uno de nosotros somos lo que nuestro cerebro es.

La discutida unidad dialéctica filosófica entre la cabeza y el cuerpo (cerebro-cuerpo) hasta mientras no se hablaba de trasplantes de cabezas ha sido defendida de una manera muy vaga puesto que se cree incluso hoy en día que cabeza y cuerpo son uno solo, sin diferencias distinguibles o notables, pero que los moviliza un espíritu, un alma en el conjunto de la expresión del pensamiento religioso humano. Cabe aclarar que históricamente no han existido diferencias ni distinciones entre cerebro y cuerpo excepto en el contenido religioso espiritual y que el común de las personas ni siquiera han recalado en la diferencia cabeza-cuerpo o cerebro-cuerpo.

Dicha diferencia ha promovido a través de la historia de la filosofía la diferencia entre ‘idealismo’ y ‘materialismo’ como dos corrientes filosóficas antagónicas que surgieron conceptualmente para explicar el origen de la vida, de las cosas.

Pocos sabemos hoy en día que solo son posturas ideológicas contradictorias y antagónicas más con un carácter político de manipulación (histórica evolutivamente de demostración de poder sobre los demás) e interpretación mental sin un verdadero sustento dialéctico filosófico y principalmente científico, una heredad de las civilizaciones mentales culturales del pasado (antes del siglo XX).

ROBOCOPS Y TRANSFORMES CIBERNÉTICOS

Nos preocupamos por un trasplante de cabeza cuando el desarrollo combinado del estudio de los materiales inteligentes y de la nanotecnología nos está conduciendo a construir un cerebro artificial o bio-sintético e incluso no necesariamente bio en el sentido del material orgánico que conocemos sino incluso con materiales que consideramos como inorgánicos e incluso metálicos, y es en ese sentido en que va la ‘necesaria’ evolución de la humanidad. Es más factible la implantación de partes bio-sintéticas al cerebro que la sustitución del mismo pero que no se debe descartar.

Si se produjeran células y luego cerebros, la construcción de robocops sería un hecho al igual que la de transformes cibernéticos. Al parecer no hay mucho mérito en reproducir copias biológicas de la evolución natural que en crear otras con materiales ajenos a la concepción de ‘vida’ natural y convencional.

Pero al margen de elucubraciones filosóficas extraordinarias y científicamente válidas, hay algo elemental y esencial (por ahora) que no se puede reemplazar y ésta es la reproducción de los seres vivos en general, algo en que no hemos recalado desde el inicio del artículo. El cerebro no puede reproducirse por sí solo, la capacidad reproductiva está en el cuerpo, en los genitales. El cerebro está estrechamente ligado con el cuerpo y funcionan como una unidad funcional (ya no diremos única).  La formación de los óvulos y espermatozoides están en estrecha relación con la composición y estructura corporal misma, no son ajenos ni independientes, determinan toda la estructura del ser vivo. Habría que ver qué consecuencias (biológicas y culturales) se producirían si el nuevo ser generado con el trasplante de cabeza-cuerpo decidiera reproducirse sexualmente. ¿El hijo engendrado será del que puso el cuerpo o del que puso la cabeza o de ambos? Sin embargo tenemos la facilidad innata social y cultural (en términos de la política y de las leyes) de rechazar a los hijos de otros, de considerarlos como ajenos y hasta de quitarles todo valor moral sino legal (caso de los hijos extramatrimoniales, las uniones entre gays o transgéneros). ¿Un gay escogería el cuerpo de una mujer o de un varón?, si fuera de mujer, ¿los hijos serían suyos o de la mujer o de ambos?

Ciertamente, los hijos engendrados en el útero desarrollarían una parte del cerebro del cuerpo donado puesto que los óvulos y los espermatozoides no solo se construyen a instancias del cerebro solamente sino del cuerpo también. Serían los hijos del donante del cuerpo y del que los engendra (unión de óvulo y espermatozoide, es decir, que cabe decir que habrían tres padres, dos hembras y un macho o una hembra y dos machos).

Obviamente en términos de esa problemática potencial y casi emergente, lo más adecuado sería dejar las cosas como están y dejar que la gente nazca como lo que fuese y viva-muera de la misma manera para no alterar así las condiciones de ‘naturalidad’ socio-religiosa de la cultura humana tal como pretenden las religiones del mundo como es para el caso de los gays, la eutanasia, entre otros. Como para no seguir jugando con la ‘obra’ del Dios de los humanos.

Estoy de acuerdo con el trasplante de cabeza-cuerpo mientras se garantice su efectividad. La identidad cultural de todo ser humano se construye en sus cabezas, en su cerebro desde el momento que se nace en relación al contexto natural-social; es la cultura del individuo la que se pretende hacer sobrevivir con el trasplante de cabeza-cuerpo.

Para que el lector pueda leer al respecto en Wikipedia aquí les dejamos la dirección web: http://es.wikipedia.org/wiki/Trasplante_de_cabeza#cite_ref-time_3-0 donde se menciona que “En 1959, China anunció que había tenido éxito en el trasplante de la cabeza de un perro en el cuerpo de otro, en dos oportunidades. El 14 de marzo de 1970, un grupo de científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad Case Western Reserve, en Cleveland (Ohio), ―dirigida por Robert J. White, un neurocirujano y profesor de cirugía neurológica que se inspiró en la obra de Vladímir Demijov―, realizó una operación altamente controvertida para trasplantar la cabeza de un mono en el cuerpo de otro. El procedimiento fue un éxito, en cierta medida, ya que el animal fue capaz de oler, gustar, oír y ver el mundo a su alrededor. En la operación participaron arterias y venas cauterizadas con cuidado mientras que la cabeza estaba siendo cortada para evitar la hipovolemia. Debido a que los nervios se quedaron totalmente intactos, se conectó el cerebro a un suministro de sangre manteniéndolo químicamente con vida. El animal sobrevivió durante algún tiempo después de la operación, incluso hubo momentos en que intentaba morder a algunos de los empleados.
Históricamente, el nombre del trasplante de cuerpo ha sido indebidamente popularizado como «trasplante de cabeza», y por ello parece conveniente conservarlo incluso para el presente artículo.”.






Pensar que en apariencia solo la cabeza tiene valor en el espermatozoide.