domingo, 7 de junio de 2015

EL POETA, LA POETISA DEL AMOR, PERO ¿QUÉ ES EL AMOR?, ¿QUÉ ES ‘TU AMOR’?



Sin saber siquiera qué significa en definitiva la palabra amor ni el amor como acto, cual religioso del perfecto razonamiento lógico de la divinidad de las palabras, el poeta o la poetisa se inspira profundamente y lanza al papel sus suaves pinceladas perfilando contornos sinuosos, delicados trazos y hermosas palabras de ‘su amor’, del presunto ‘amor’.

A veces los lanza de golpe plasmando algo que ni siquiera pasaba por su mente pero que suena bonito, agradable, interesante; que traduce lo más profundo de sus emociones, de las necesidades de su ser humano, de sus circunstancias mediáticas y cambiantes.

Así: gime, llora, se constriñe, se duele con su ‘amor’ propio, el de él o de ella, no el de los demás pero que lo extrapola.

Con sus palabras alcanza las estrellas y hasta las puede bajar, crea mundos ficticios y adorables, puede bajar la luna hasta las manos de su amada, confunde el Sol con los ojos del ‘amor’, su necesidad de afecto (sino de sexo).

Compara congruentemente a la mujer con una flor que admira (aquellas a las que quizá ni les importa si han ‘caído’ o si les gusta caer sin dar fruto, es decir, abortándolo quizá), más todavía que insinúa la belleza en sus colores, en sus aromas, en su capacidad reproductora y productora de semillas en alusión a los hijos.

A dichos poetas los leí alguna vez. Me recuerda a Bécquer, al personaje de Cyrano de Bergerac aquel de la grandiosa y prominente nariz, como al Quijote de la Mancha enamorado de su ‘hermosa’ Dulcinea del Toboso, entre otros. Puros versos de ‘amor’ masculino por conquistar a su amada (aunque otros hayan sido finalmente las que las han tenido). Poetas iluminados desde la decepción o el desconsuelo por no decir presuntamente desde la impotencia.

No voy a mencionar a quienes pese a su vulgaridad se acercan más al verdadero sentido y función del ‘amor’ práctico humano cuando mencionan sin ser ‘poetas’, ni de la calle: ‘qué tal nariz’, ‘zapatón es’, ‘la tiene larga por los dedos’, ‘mira el bulto que se maneja’, ‘qué tal rabo’, ‘qué buenos tarros’, ‘amor al chancho y no al chicharrón’ (‘amor’ presuntamente interesado puesto que las palabras por sí solas no se comen, no visten, menos engordan), ‘mamacita, vamos al hostal’, ‘te paro el taxi’, ‘toma mi taladro, dame tu taladro’, ‘vamos a hacer el amor’ (suena más bonito que ‘vamos a cool-ear’, ‘quiero tener sexo contigo’), ‘solo un chiquitingo’, ‘eso no se gasta, solo se estira, ahahay’, ‘te gusta el plátano por el potasio’ (¿?).

Diferencias entre estos no hay muchas en la actualidad salvo que por exceso o por defecto de ingenuidad los enamorados del ‘amor’ terminen por fracasar en casi todos los aspectos mal deduciendo que las mujeres no saben amar, que se equivocan en sus decisiones, que eligen mal, pero, ¿y a quién le importa? Pues solo a ellos en su amor propio y no en el de los demás que tienen los suyos propios dependiendo de su naturaleza biológica (enfermedades, infecciones, no conservación de la virginidad, defectos físicos, buen porte, condición atlética) y emocional (taras, traumas, complejos, autoestima, valores estéticos, religión). Nadie está obligado a amar con el ‘amor’ conceptual de cada uno (algo que los adolescentes menos entienden) mucho menos trastocado interpretativamente con el amor religioso.

Los poetas clásicos hoy pasarían de estúpidos y de aquellos que se arriman a componer en el piano en lugar de arrimar a las hembritas al piano. Hay de aquellos tontos que mientras están rimándole hacia el balcón enamoradamente versos a su amada, instantáneamente y sin que se percate, otro en el lecho la está arrimando bien profundo a su amada y no precisamente versos de ‘amor’: ¡oh Dulcinea, mi Dulcinea del tubaso, cómo es que se puede jugar con el ‘amor’! Pues sí. “Amor es…”, creo que lo olvidé o no lo sé, tengo que contestar el celular, esperen, ha entrado un mensaje.

Conocí alguna vez un poeta del ‘amor’ que decía o diría cosas casi más o menos así (aunque estoy exagerando por supuesto y sin respetar la métrica ni la ilación):

“Con los colores de mi esperma trazo sobre el lienzo los contornos de tu cuerpo, amor
Bajarte el calzón nuevo estampadito de estrellas quisiera para regalársela a mi otra amante
Más tuerzo, retuerzo el pincel entre mis manos hasta agotar la tinta incolora de mi amor
Jadeo y salivo como un perro que se alegra hasta de un poco de hueso con carne siquiera
Mi lengua negra a recorrido desde tu boca las entrañas de tu ser hasta salir por no sé dónde
¡Qué lindas mis vacas; ya están en celo!
Les haré una casita para todas pues la plata me sobra y me transforma
De profesión, maestro en calibrar y tapar huecos
La cárcel no impedirá, atravesaré sus paredes taladrándolas y tomarás mi taladro al hallarte
Como plastilinas de colores nos mezclaremos dando vueltas y vueltas en el lecho
Así tendremos hijos de colores como el arcoíris para adornar la naturaleza
Vamos mujer, ¡penétrame a fondo con todo tu amor, adentro…!
Soy el plátano sin cáscara que saboreas en tu boca dando vueltas, dando vueltas, dando vueltas
Mi auto era una rana y debajo de ella un día te encontré después que la había vendido
Si no tengo sexo contigo tú tampoco debes tenerlo, mastúrbate si quieres y si me amas
Como pene ambulante busco quien me consuele, acaricie y ame mientras eyaculo mis versos
Escribo los versos más tristes esta noche, decir, decir quizá que la noche está estrellada
Mas no sabes apreciar, corresponder ni valorar el inmenso amor que te tengo
Y en verso de baño público: qué triste es haber cagado sin haber tragado…
‘Un tropiezo’, ¡pero tropiezas y tropiezas sin parar condenad@ de los zapatos mal puestos!
Ámame por que debes amarme, ¡lo juraste ante el altar ‘rata miserable’! (‘amor’ quise decir)
Hij@, pero es que no sé de qué polvo eres, pues cuando se goza uno no distingue
No soy put@ ni infiel ni musulmán pues ante los ojos de Dios tengo solo un marido a la vez
Eres el ángel que alumbra mi camino, mi ser, aunque estoy embarazada de otro”.

El ‘amor’ pareciera cosa de chistes, de broma, un juego conceptual, un acto propio para los poetas y poetizas más creíbles y convincentes. Aunque me apriete el pescuezo y el machismo naufrago, pero hay maneras de demostrar el ‘amor’ sin siquiera saber qué cosa es ni qué significado tiene. No me refiero al amor del Dios o de los dioses terráqueos en su conjunto que (sin mezclar ni confundir con nuestro ‘amor’ de hombres) nos sirven de modelos y pautas de conductas, razonamientos y decisiones. Desafíos que la religión nos pone para intentar el buen vivir (‘buen’ ya casi suena similar al ‘amor’ del caso) incluyendo el cristiano y teórico amor al prójimo. El sociólogo peruano Neyra dice que entre peruanos nos odiamos, y eso tiene sus antecedentes ideológico-culturales principalmente, lo que no es exclusividad de los peruanos sino que debería decir que entre seres humanos nos odiamos con cada uno de nuestros ‘amores propios’, que quizá por ello también estoy mudo y literalmente ‘amando’ a mis “enemig@s” más con sentido común como varón que con ‘inteligencia’ puesto que la ‘inteligencia’ (actual atributo femenino) puede trocar fácilmente el ‘amor’ en odio.

Aunque no te guste (en lo más profundo de tu significado y el valor de ‘tu amor’), el ‘amor’ se comprueba no en un beso obligado o pensado a la amada ni en una caricia, en una mirada o una sonrisa enamorada, sino cuando (aparte de las relaciones sexuales en diferentes poses y quizá el orgasmo) le das de comer diariamente. Cuando alimentas y vistes a tus hijos (de una u otras parejas si se diera el caso sin que te hagas al cojudo y no solo de acuerdo a ley), les garantizas su vivienda, educación, salud y ‘bienestar general’ por consecuencia de ‘tu amor’, del ‘amor’. De modo similar de la mujer hacia el varón dado ahora la igualdad de géneros ante la ley. De otros modos es hacerse a los huevones o huevonas del ‘amor’, o lo que es lo mismo: resiste las consecuencias de ‘tu amor’, del ‘amor’, hasta morir, dado que ese es el verdadero mundo de los hombres. Como decía Calderón de la Barca: El gran teatro, el mundo. Poco importa el rol o el papel que desempeñes en la gran obra de ‘la vida’. No nos hagamos a l@s pendej@s con el ‘amor’, con ‘nuestro amor’.

Desconozco todavía eso del ‘amor en los tiempos del cólera’ (no lo he leído aun, quizá nunca lo haga) pero en los tiempos modernos de la globalización neoliberal (por querer controlarlo todo y absolutamente nada en definitiva, por temor a perderlo todo), de la democracia (aquella de 10 letras y de los que dicen algunos representarla ‘legalmente’) y la libertad (para decir y hacer lo que te dé la gana aunque ni valga la pena finalmente o termines en concreto pres@ o esclav@ a causa de ella); por eso a los poetas y poetizas más entendid@s del ‘amor’ y a sus seguidores y seguidoras les dedico también el siguiente verso corto ¿popular?:

Tú que te das de poeta
Bájame la bragueta
Y tócame la trompeta.

Por supuesto, aquí la canción de la trompeta de la chuchi con todo el ‘amor’ del mundo para aquell@s: https://www.youtube.com/watch?v=6C1n0KecUjs

Y para variar las siguientes canciones, solo que no se deje llevar alegremente por las imágenes:



El aventurero de Pedro Fernández: https://www.youtube.com/watch?v=uUvK6o7gXR8