sábado, 20 de junio de 2015

LA RELIGIÓN Y EL DIOS ACTUAL DE LAS CULTURAS MODERNAS SON SOLO CUESTIONES DE LA FE, DE LAS CREENCIAS DEL DESARROLLO HISTÓRICO DEL PENSAMIENTO HUMANO

LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN DEL DIOS
De derecha a izquierda (digamos de arriba hacia abajo) es una cuestión de Fe, de creencia, el resultado de la evolución histórica social, política y religiosa del pensamiento humano. De izquierda a derecha (digamos de abajo hacia arriba) además de la expresión mental del pintor, el resultado de la evolución biológica y del pensamiento humano.

La disyuntiva filosófica de si el Dios de los humanos “existe” o “no existe” es a estas alturas ya intrascendente pues existen otras cuestiones mucho más importantes que la demostración de la existencia de un Dios o su negación. Uno de ellos es pues la problemática humana en todos los ámbitos de su vida al cual el Dios ha devenido en un mero ente espectador, sectorizado y ajustado a nuestras contradicciones generadas a consecuencia de nuestro lenguaje y pensamiento bipolar.

Por demás está ya decir que el concepto filosófico, religioso bioquímico-conceptual (construido en las redes neuronales del cerebro mediante la cultura de los símbolos y sus significados) del Dios tiene un valor bioquímico-conceptual pero de gran envergadura que puede producir beneficios en determinados individuos así como malestar en otros (neurosis, entre otras enfermedades mentales).

Que el antagonismo filosófico, lingüístico y racional entre materialistas e idealistas feneció al terminar el siglo XX pero cuyas secuelas sociales y mentales perviven (y pervivirán todavía por un buen tiempo más) en el pensamiento humano más por falta de información científica que por una inevitable ignorancia propia de sociedades como las que caracterizaron al siglo XX en el mundo las que eran direccionadas por la Iglesia en todas sus vertientes mediante el maniqueísmo de la Fe y el subjetivismo (tal el caso de por ejemplo los secretos marianos del que al ‘revelarse’ definitivamente provocarán la necesidad de inventar con otras ‘apariciones’ o terminarán allí ajustados siempre a las necesidades cada vez más cambiantes de la Iglesia católica en este caso).

Antes que los españoles exportaran e introdujeran su exitosa idea filosófica religiosa europea del Dios cristiano a América y al Perú (impuesta mediante el chantaje, la coerción, la fuerza, el mestizaje o por lo que haya sido), mucho más antes de la civilización Chavín en el antiguo Perú, la religión y la Fe fueron adquiriendo formas incipientes acorde al contexto natural y social de la época, si bien distintos a los del pensamiento religioso europeo de entonces pero con bastantes similitudes (con los casos egipcio y griego) dado que las fuerzas cósmicas y de la naturaleza se fueron aprendiendo e interiorizando a través del razonamiento humano acorde con la época y sus propias necesidades y cultura, además de que los factores del desarrollo del pensamiento astronómico-religioso y de la idea del incipiente (y del todavía casi brutal y sanguinario) Dios eran casi los mismos tales como: el movimiento de rotación terrestre (o ‘del Sol’), los movimientos de la Luna, de los planetas, las configuraciones de las estrellas o constelaciones, la medición del tiempo, la evolución y las necesidades de la sociedad.

LOS DIOSES DEL OLIMPO: ORIGEN DE LOS DIOSES GRIEGOS

Historia Antigua. Tomado de: http://historiaybiografias.com/dioses_olimpo/

Entre Tesalia y Macedonia, en la parte más árida de Grecia, la erguida silueta del Monte Olimpo se levanta en una sucesión de contrafuertes rocosos. Su cumbre, coronada de centelleantes nieves eternas, parece elevarse fantásticamente hasta el cielo. Sobre esta montaña magnífica e imponente se erguía el “Palacio del Rey del Cielo y de la Tierra”: Zeus (Júpiter Romano).

Los acentos de su cólera resonaban estruendosamente y repercutían con violencia entre las paredes de los abismos rocosos. Encima de su cabeza, en los blancos vapores de las nubes, un águila, símbolo de su poderío, volaba sin cesar.

Y sin embargo, mucho antes de que se extendiera sobre el mundo el reino de Zeus y de que se levantara en la cumbre del Olimpo su mansión inaccesible para los mortales, con sus torres y sus murallas doradas, otro dios gobernaba seres y cosas. Era Cronos, el inexorable dios del Tiempo, a quien los romanos identificaron con Saturno.

Cronos, hijo de Urano (el Cielo), sabía que el Destino lo había condenado a ser destronado por uno de sus hijos varones. Por esta razón se apresuraba a devorar a todos los hijos de sexo masculino que tenía con su esposa Rea. Ésta, cansada de verlos desaparecer uno tras otro en el estómago paterno, tuvo un día la idea de reemplazar al hijo que acababa de nacer, con un trozo de roca cuidadosamente envuelto en primorosos pañales. Cronos cayó en el engaño y Zeus pudo salvarse.

El niño fue criado secretamente sobre el monte Ida en la isla de Creta por coribantes y ninfas, y alimentado con leche de la cabra: Amaltea (uno de sus cuernos rotos se transformó después en el “Cuerno de la Abundancia”). Para que Cronos no oyera llorar a su fatal heredero, los coribantes hacían gran alboroto alrededor de su cuna golpeando los escudos con los sables. Zeus, ya mayor de edad, empezó por liberar a su padre cautivo de los titanes y después lo desterró del Olimpo. Destronado, Cronos huyó, encontrando asilo en el país latino donde reinaba Juno. El tiempo en que Cronos vivió en Italia se llamó la Edad de Oro.

Para defender el Olimpo, Zeus tuvo que sostener terribles combates. Según la leyenda, los gigantes habían sobrepuesto montañas —Pelión y Osa— una encima de otra, formando una escalera para asaltarlo. Mas fueron rechazados por Zeus que se valió de su arma irresistible: el rayo. Mientras tanto, el crimen empezaba a aparecer sobre la tierra, y Zeus se vio obligado a castigarlo en la persona de Licaón, rey de Arcadia. Ese príncipe cruel mataba a todos los extranjeros que se aventuraban en sus Estados. Zeus se presentó en su reino pidiendo hospitalidad, y Licaón, como desafiando al poder supremo, le hizo servir en la comida carne de esclavo. Indignado, Zeus redujo a cenizas la mansión del perverso rey y lo transformó en lobo. Pero el dios todopoderoso, que con sólo fruncir el ceño hacía temblar el Universo, tenía que rendir cuentas al Destino (Fáturn).

A éste se lo representaba con el globo terrestre bajo sus pies y tenía en sus manos la urna que encierra el futuro y la suerte de dioses y de mortales. Fue, pues, el Destino quien dispuso la boda de Zeus con Hera (Juno romana), diosa vengativa, con rostro de blancura deslumbrante, protectora de hogares y familias, mujer de compañía agradable pero de carácter irascible, y extremadamente celosa. De la unión de Zeus con Hera nació un hijo cuya fealdad produjo la indignación materna. Asiéndolo por un pie, Hera lo arrojó desde lo alto del Olimpo hasta la isla de Lemnos.

Esa tremenda caída provocó al pobre Hefaistos (Vulcano romano) una cojera eterna. Arrojado de la comunidad de los dioses se hizo herrero, estableciéndose en las islas Lípari y bajo el volcán Etna, en el centro de Sicilia. El fuego que brota de esa montaña y el de la fragua de Hefaistos, a quien Zeus encargó forjar el rayo. Los compañeros de Hefaistos son los Cíclopes. Zeus pidió también a Hefaistos la edificación de la morada olímpica y por recompensa le concedió la mano de la más bella de todas las diosas: Afrodita (Venus romana).

La flamante pareja presentaba un singular contraste: el marido no podía embellecer y la mujer no podía afearse. Por eso vivían separados y era muy difícil encontrarlos juntos. De todos los dioses el más hermoso era, sin duda alguna, Apolo (Febo romano). Hijo de Zeus y de Latona, había nacido, lo mismo que su hermana Diana, en la isla de Delos. Pero Diana había quedado aprisionada en las árulas con cadenas de plata. Desde su niñez, Apolo había mostrado su fuerza extraordinaria estrangulando con sus manos a la enorme serpiente Pitón; que se había arrastrado hasta su cuna. Más adelante, para vengar a su hijo Asclepios (Esculapio romano), fulminado por Zeus, Apolo mató a los Cíclopes forjadores del rayo. A su vez, en castigo, el padre de los dioses lo desterró, encargándole el cuidado de los rebaños de Admeto, esposo de Alcestes.

Tiempo después, Apolo, en compañía de Poseidón (Neptuno romano), exilado como él, entró al servicio de Laomedonte para quien edificó las murallas de Troya. Al fin fue llamado al Cielo por su padre, quien le confió el Carro del Sol. Desde ese día se lo pudo ver, con su cabellera de oro al viento, surcando el cielo de oriente a occidente en su carro arrastrado por briosos caballos. Las Horas lo acompañaban formando una comitiva rumbosa. Gustaba Apolo descansar sobre el Parnaso acompañado por las nueve Musas.

En cuanto a Hermes (Mercurio romano), aparecía siempre en lugares diferentes del Universo. Era el mensajero alado de los dioses. Se lo representa con sombrero de viaje, un bastón alado en las manos (el caduceo, alrededor del cual se enroscan dos serpientes) y alas en los pies.

Artemisa (Diana romana), hermana de Apolo, era la pálida y fría diosa lunar de los bosques. Su mayor placer era la caza, estaba siempre acompañada por una comitiva de ninfas, y perseguía incesantemente ciervos, lobos, jabalíes.

Palas Atenea (Minerva romana) era a la vez diosa de la Guerra y diosa de la Sabiduría. Su nacimiento se produjo en circunstancias extrañas. El padre de los dioses despertó un día con violentos dolores de cabeza, que le arrancaban gritos de dolor. Tomó todos los remedios de los cuales podían disponer entonces los dioses. Más todo fue en vano. Decidió, pues, ir hasta la fragua de Hefaistos y le exigió que le partiera el cráneo con un hacha.

Hízolo Hefaistos, obediente al pedido paterno, y cuál no sería la sorpresa general al ver surgir de la cabeza divina una maravillosa criatura, cuyos primeros actos no fueron los gritos clásicos de los recién nacidos, ni el pedir vino como Gargantúa, sino que empezó a discutir problemas filosóficos con las otras divinidades que habían asistido a ese fantástico nacimiento. Después del hachazo, el cráneo paterno se cerró como por arte de magia.

Sobre los mares reinaba Poseidón (Neptuno romano). Había luchado con Palas Atenea para dar su nombre a Atenas. Vencido por la diosa quiso vengarse noblemente con una acción brillante y creó el caballo. Se representa a Neptuno blandiendo un tridente con el cual podía, a su antojo, desencadenar las tempestades. En la guerra de Troya, el rey del mar estaba a favor de los griegos, pero más tarde se enemistó con Ulises que había matado a su hijo Polifemo.


Una serie de eventos culturales griegos (y egipcios) que existieron muy probablemente de manera similar como se manifiestan en cierto modo en los mitos y leyendas religiosos en el antiguo Perú pero que la colonización española se encargaría de extirpar metódica, cuasi científica y sistemáticamente en sus fundamentos básicos y estructurales.

La Estela Raimondi entre otras esculturas iconográficas en piedra nos trasmite ideas de la evolución del pensamiento filosófico astronómico y religioso del antiguo peruano en general a la vanguardia de quienes direccionaban los usos y costumbres del pensamiento humano de la época (de modo análogo a como lo hace la Iglesia católica desde el Vaticano y/o, sus referentes musulmanes, judíos y asiáticos en el Medio Oriente las que con el tiempo es altamente probable se quiebren de modo análogo).

Ciertamente, la Teoría de la Evolución del Hombre pese a los cuestionamientos en su contra sin sustento científico trae también por los suelos el predominio del razonamiento cultural religioso de la Fe en el pensamiento humano logrado durante miles de años de evolución y desarrollo (Teoría de la Evolución del Dios) en diferentes sociedades en permanente cambio y desarrollo social y en su pensamiento. La Biblia (instrumento fáctico de prueba que hoy en día se persiste en sostener para la ‘demostración’ de los fenómenos naturales y del pensamiento humano) judía por ejemplo nos muestra la evolución del pensamiento filosófico religioso mostrándonos diferentes etapas de desarrollo del concepto del Dios y de la Fe acorde con la condición y necesidades humanas (incluso desde mucho más antes de la época de las cavernas y las prácticas habituales de canibalismo ‘religioso’ como los que cuestionó Abraham al evitar sacrificar a su hijo acorde a las exigencias del Dios antropófago de la época cuyas secuelas se ponen de evidencia en las prácticas sutiles religiosas mejoradas de la teoría cristiana en términos de la sangre y el cuerpo de Cristo cuyo simbolismo lo hallamos en el vino y el pan).

A mi modo de ver, la creencia o la Fe musulmana poco de interesante nos trae, más todavía si el Corán ha sido construido posteriormente al sacrificio del Cristo y la expansión del cristianismo (la que toma como base e influencia) como ideología filosófica religiosa adecuado a las circunstancias propias de la sociedad islámica musulmana en la que también hay variantes y vertientes (las que el imperialismo sionista-árabe del capital hoy en día está explotando mediáticamente para intervenir en dichos países y deconstruir el escenario geopolítico acorde con sus necesidades actuales) del mismo modo como los hay en la religión católica cristiana u evangélica.

Que el tercer secreto mariano (de la aparición de la virgen María en el caso de Fátima) redunde en la “crisis de la Fe” como parece, ende de la Iglesia en su conjunto ya no es una mera casualidad ni un acto de milagro o aparición santa sino el resultado del desarrollo social cada vez más cambiante en su correspondiente evolución y desarrollo del pensamiento bioquímico-conceptual del hombre, específicamente.

No es casual que la analogía de la manzana del paraíso comido por Adán y Eva en “desobediencia” le haya resultado en la expulsión del Edén donde convivían por igual hombres, carnívoros y vegetarianos por igual, literalmente hablando, si nos ceñimos a ajustar los razonamientos en general a los preceptos religiosos como se acostumbra para darles más sustento y soporte como ideas generales pero que se corresponderían también con otras circunstancias similares en cualesquier tiempo de la humanidad (ya que nace, se alimenta, crece, se reproduce y muere en cualesquier circunstancia); es decir, que fue ‘obligado a abandonar el lugar más hermoso y perfecto del universo’ a causa del descubrimiento del ‘árbol de la ciencia o de la sabiduría’ como si eso fuera realmente lo más pernicioso y no las desiguales relaciones sociales de producción que el sistema capitalista y similares la degeneran y las propias Iglesias consienten (Rusia está cada vez más cerca de ser el aval actual del siglo XXI de la Fe que continuar los EEUU y sus aliados del siglo pasado).

El desarrollo social y poblacional nos traerá recién  todavía nuevos desafíos y ‘paradigmas’ que el pasado todavía no vivió y que para algunos filósofos muy avispados e ‘inteligentes’ significa necesariamente el caos total, la hecatombe todavía en ciernes. Una visión fatalista, mediocre y de incompetencia ‘inteligente’ pues para extinguir a millones de seres humanos solo bastan unas cuantas bombas nucleares y la necesidad de reordenar el escenario global tal y como lo viene haciendo la OTAN a la que se ha subido al coche China y Rusia la que aumentará su arsenal nuclear disuasorio a la aventura fascista y genocida sionista-árabe.

Se habla de la muerte del Papa Francisco como un acto de ‘premonición mariana’ inclusive, una patraña para esconder las pugnas y  conflictos al interior de una Iglesia vieja y caduca pero que se resiste a pervivir, dividida mercantilista y mercenariamente, cubierta de flores por fuera, por la Fe y por la personalidad todavía vigente del ciudadano Cristo. En aras de la Fe podría valer la pena el sacrificio pues de presuntos santos están llenos las Iglesias (hasta el anticomunista visceral Juan Pablo II está en camino de santidad) pues está ya bien demostrado que sí se puede servir a dos dioses o incluso a más a la vez sin entrar en contradicciones necesariamente (Grecia, Roma).

Ni las profecías de Nostradamus podrán seguir sosteniendo a la Fe, a las Iglesias ni al sistema al que se aúpan, menos las profecías de Apocalipsis podrán poner en jaque a las sociedades en su conjunto al borde del exterminio. Las experiencias de la humanidad tendrían que ser borradas incluso de sus memorias y los vestigios de la bestialidad del hombre con Dios también (esa teoría ya se manejó durante la Guerra Fría después de la Segunda Guerra Mundial y que sirvió para consolidar el poder de los EEUU y aliados mediáticos).

Los anuncios de una Tercera Guerra Mundial son solo patrañas que solo acelerarían el declive de quienes luego desde el 11S se embarcaron en una aventura cuasi helénica por encontrar Ítaca para volverse a tirarse a la Penélope en absoluta calma. Un indicador es que la vía de las alianzas económicas se están realizando para constituir bloques económicos que permitan actuar y defender los estados y naciones hasta ahora construidos (imperialistas y aliados), el statu quo multipolar creado a fuerza de las circunstancias. Que hay (y vendrán) desafíos hasta ahora impensados, los hay, que se oponen al facilismo sectario y genocida tradicional léase éste comunista o democrático al amparo o no de la religión y la Fe, la misma que es casi similar en su funcionamiento político-religioso básico y estructura desde los albores o inicios de la humanidad desde que el hombre comenzó a utilizar la religión como un instrumento del ejercicio del poder sobre las sociedades o sobre el pensamiento de los demás.

No faltarán todavía los náufragos sobrevivientes del siglo XX pasado. Entre ellos tenemos a los ufólogos y a los estudiosos de lo “paranormal”, análogos de los hechiceros, adivinos, pitonizos y profetas bíblicos, todos chulillos del sistema por ganarse alguito hoy en el reparto de la inteligencia del pensamiento social humano y del pastel neoliberal.

En un entorno todavía relativamente cambiante, somos el resultado viviente de más de 4 mil millones de años de evolución desde la aparición de las primeras moléculas y células primitivas hasta hoy. Como seres vivos individuales humanos pensantes existimos solo un breve tiempo (un promedio de 70 a 80 años solares). Como materia-energía existimos por siempre del cual la vida es solo una breve y temporal circunstancia que gracias a la reproducción se adapta, se perenniza en un entorno natural también temporal y circunstancial. Por ello, es una falacia decir que en otros mundos, en otras galaxias, en otros universos no hay vida. Dadas las evidencias de la ciencia y del desarrollo del pensamiento, ahora estoy completamente seguro que en eso estamos total y absolutamente equivocados.

Como resultado de la evolución humana en determinada época o estadío social evolutivo, los dioses han sido creados por el pensamiento humano para explicar la causa del origen de ellos mismos y de la explicación de la naturaleza, sus fenómenos y la organización espacial conocida.

Ello es evidencia notable de la aparición y uso de razonamientos más elaborados (adjunto al desarrollo de sus habilidades manuales, Federico Engels habla del “papel del trabajo –la mano- en la transformación del mono en hombre” y la “correlación del crecimiento” de Darwin –escuche este audio de youtube hasta donde considere: https://www.youtube.com/watch?v=HedDSRb3Tbo , involucraba el desarrollo del pensamiento primitivo humano y el correspondiente desarrollo, crecimiento del cerebro en términos cognitivos empíricos) que en periodos más anteriores dichos razonamientos recién se estaban construyendo como periodo ‘intermedio’ que los diferenciaba de su condición exclusivamente de animal salvaje.

Quien haya entendido científicamente (lo contrario será expresión de sectarismo y dogmatismo filosófico religioso por defender a su entender sus ideas religiosas racional y lógicamente válidas) el significado de la evolución del hombre y con él la evolución de su Dios o Dioses y de su Fe o sistema de Creencias, comprenderá lo que estoy manifestando. De lo contrario se convertirá en carne de cañón de los dogmáticos y sectarios de la Fe incluso de los ateos cuando corresponda por antagonismo racional, de los ufólogos, de los adivinos, de los que leen la palma de la mano o la hoja de coca, de los estudiosos de lo paranormal o convertirse en uno de estos farsantes embaucadores del razonamiento, de la lógica formal y manipuladores del pensamiento empírico humano.