domingo, 19 de julio de 2015

BIPOLARIDAD EN EL PENSAMIENTO DE LOS INDIVIDUOS DE LA SOCIEDAD PERUANA ACTUAL


Comencemos por manifestar que los procesos mentales o el desarrollo del mecanismo de pensar o del razonamiento, tiene básicamente un carácter bipolar por los recursos neurolingüísticos conceptuales empleados que van desde las contradictorias hasta las antagónicas por oposición convencional a la comprensión del entorno social-natural (oposiciones dialécticas como por ejemplo: blanco-negro, arriba-abajo, bueno-malo, Dios-Diablo, dentro-fuera, lleno-vacío, izquierda-derecha, idealismo-materialismo, etc.).

Esta bipolaridad del pensamiento está en directa relación con la influencia del entorno natural y social, es decir, para el caso de la sociedad peruana está en relación directa a la lucha de clases en términos de la disponibilidad económica de recursos y de la satisfacción de sus necesidades vitales.

En función a los condicionantes del medio y de las relaciones que se establecen con individuos del mismo nivel de intereses y/o con intereses contrapuestos, al parecer, como resultado de sus manifestaciones mentales y conductuales, la sociedad peruana está formada por individuos de carácter bipolar lo que se traduce en la generación de pensamientos o razonamientos correspondientes con ese carácter bipolar, es decir, la de actuar oportunista, “moral” o “inmoralmente”, según los condicionantes externos al individuo y las ventajas que ofrezcan a la satisfacción de sus necesidades que de no lograrse determinan en los individuos estados de frustración que retroalimentan dicha bipolaridad que en situaciones extremas en determinados individuos los llevarán a desarrollar pensamientos homicidas o a cometer delitos o crímenes diversos los que se conocen como trastornos mentales.

Ciertamente, en función al grado y complejidad de dichos trastornos mentales se presentarán situaciones de enfermedad mental que vienen desde los casos más simples de paranoia esquizoide, las situaciones an-éticas hasta la locura o esquizofrenia.

Por ejemplo, dentro de un mismo círculo social y/o familiar (“amigo”), las situaciones que para individuos que están fuera del círculo social y/o familiar (“enemigo”) se denominan o catalogan como de “inmorales”, para otros no tienen por qué serlo necesariamente y hasta podrían considerarse “moralmente” aceptables. En la política social peruana lo estamos viendo para el caso ilustrativo del ex presidente Alan García Pérez por ejemplo quien ha ‘personificado’ en dos ocasiones a la nación. Mientras que para algunos individuos le es condenado y satanizado por determinados sectores de la opinión pública sus acciones de ‘infidelidad’, para otros es tomado con indiferencia o como un acto de inteligencia o de habilidad social. No es que quiera ‘condenar’ la actitud de Alan y de personajes similares (que bien podría ser yo mismo) sino la de poner de manifiesto la complejidad del desarrollo del pensamiento en el peruano promedio. La contradicción mental (lo “moral” con lo “inmoral”) de estos se pone de manifiesto en la toma de decisiones como por ejemplo en el caso de las elecciones públicas para presidentes mediante el voto. Tampoco voy a proponer ‘moralistamente’ que todos los infieles sean excluidos de los procesos presidenciales ni menos voy a condenar la actitud de Alan García de poner de manifiesto a su hijo extramatrimonial en Palacio de gobierno pues se corresponde con los estados mentales y actitudinales de la población en general en el Perú al que él denomina de ‘cuarta categoría’.

Lo que conocemos como “doble conducta moral” no es más que la expresión directa del desarrollo del pensamiento bipolar del individuo peruano promedio sin excepciones, común y corriente, la que también se desarrolla como parte del contexto del proceso social denominado como “control social” de la que la religión es incluso un mero instrumento e inclusive generador de bipolaridad y de trastorno mentales diversos.

Una muestra de las manifestaciones del control social (o propiamente dicho de ‘descontrol’ social) lo vivimos con la dictadura fujimontesinista y la emergencia del modelo neoliberal o de la economía de mercado del cual la corrupción fue el producto primario (que se busque el chivo expiatorio de la subversión para explicar este fenómeno es como si dijéramos también que la minería no solo contamina la naturaleza sino también la mente de los involucrados al mismo) y esencial (que llevó incluso a nuestro excelentísimo y refinado nobel de literatura a decir que aquella era ‘una necesidad para la democracia’ y con total razón bajo este contexto).

‘Lamentablemente’ dicha situación de corrupción capitalista desbordó todo razonamiento el cual (meditadamente) conllevaba como consecuencia la polarización de la sociedad peruana y el riesgo de una confrontación social que ponga incluso en riesgo la propia economía de mercado la que en términos del ‘control social’ fuera derivada a situaciones de búsqueda de una economía ‘social’ de mercado en contraste con la promovida por el imperialismo en general la que incluso la utilizaría como herramienta para promover intervenciones militares en los países y las consecuentes guerras civiles como vienen sucediendo en el norte de África y el Medio Oriente (el conflicto social generado entre “suníes” del EEII y “chiitas” de Irak como resultado de la intervención militar norteamericana en Irak no se ha resuelto ni con el repliegue de las tropas yanquis y lo único que pueden hacer es distorsionar la solución, prolongarla o dejar que las cosas se sucedan por sí solas y acomodarse a dichas circunstancias).

Bajo ese contexto macro, la población se convierte por necesidad de la sobrevivencia y de mantenerse en diversos niveles de trabajo y cargos en entes que utilizan toda suerte de recursos políticos, sociales, militares y mentales (morales) para mantener el control social y el uso de los recursos y bienes a su favor. A través de nuestra historia, este mecanismo ha sido parte de la evolución social cotidiana del hombre peruano y del legado cultural del mismo que hasta hoy en día ha perdurado enquistado en las estructuras sociales y políticas del sistema peruano que hoy han llegado a producir contradicciones y antagonismos a instancias del mismo y que han provocado la emergencia de la subversión en el contexto de la Guerra Interna y posteriormente la consolidación del Modelo Neoliberal a la actualidad.

En este contexto de definición social, a la población ‘tradicional’ le da igual, bipolarmente, utilizar recursos “morales” e “inmorales” (a la vez o simultáneamente) por la  necesidad de la supervivencia, reproducción de su cultura y de sus relaciones sociales establecidas para el uso de los recursos materiales y humanos afines. Que se convierta en un trastorno mental, severo o no, poco le importa a la población mientras sea compartido, ‘aceptado’ o tolerado socialmente. En términos de la práctica de la Fe religiosa y de sus preceptos, parece paradójico pero individuos que no comparten dichas manifestaciones sociales de tal pensamiento bipolar ‘normal’ terminan por acudir a los centros de atención mental sino al alcoholismo, la drogadicción o la delincuencia común u organizada considerándoseles finalmente como ‘inadaptados o excluidos sociales’. No es casual por ello afirmar que es el sistema social capitalista peruano (no solo el tradicional colonial republicano sino también el actual neoliberal y neocolonial) el que genera y produce la delincuencia pues se genera como ‘respuesta’ y a instancias de ésta.

La iglesia, otrora dueño y regente de la voluntad y del pensamiento bipolar humano, como órgano promotor de la religión y de un determinado tipo de ‘control social’ (‘control total’ como en la antigüedad con las santas inquisiciones que le daban la potestad de quemar a personas vivas inclusive sea por sus miedos o por los razonamientos que fuesen) hoy se ha convertido en este escenario en un mero espectador oportunista y copartícipe del control social mediático del sistema capitalista peruano como bien lo podría hacer mediáticamente con otros sistemas sociales y tecnológicos emergentes.

Emulando a las experiencias de vida del pasado histórico religioso (de los individuos matarifes decapitadores o asesinos en nombre del Dios de la época de la inquisición católica y la inquisición Inca e incluso pre Inca), es en este contexto de trastorno mental bipolar de la población peruana promedio que se instrumenta o utiliza el ‘chantaje de la moral’ o el uso mediático, pervertido y oportunista de la religión y de la doctrina cristiana (al igual como lo vienen haciendo los ‘terroristas’ musulmanes en el Medio Oriente en el caso específico de los revolucionarios primaverales anaranjados o de los miembros del EEII o Estado Islámico con la ley de la Sharia y su interpretación propia u oportunista del Corán) como recurso para la eliminación no solo mental sino también física de determinados individuos que no coinciden con sus expectativas o experiencias de vida o no se corresponden con la satisfacción de sus necesidades e intereses.
Los del EEII arrojan a presunto homosexual.
Los del EEII decapitan a matrimonio sirio por ‘brujería’.

Aquí, a estas alturas del análisis en el blog, sí podremos afirmar que esta situación de trastorno mental social es también una consecuencia directa de la Guerra Interna o la violencia vivida en nuestro país y ejercida por ambas partes y de la que actualmente hacemos mención es en referencia a una suerte de la indefinición social en el país de una Guerra Interna que todavía no se ha resuelto ni la ha ganado nadie como algunos ingenuos suelen pensar que sí.

Al entender del bloguero, salvo algunas excepciones como para no generalizar, parece cómica pues ver a la gente común y corriente y promedio presuntamente intelectual y autodenominada ‘cristiana’ que padece de este trastorno bipolar compartido socialmente, acudir a las iglesias a rezar, a persignarse, a suplicar a su Dios por una protectora aureola de cristiandad al amparo de la Fe como pretendiendo excluirse o aislarse de lo que el contexto natural-social determina, algo así como la búsqueda de un cielo ideal y utópico a estos días inexistente dado que el “Cielo” y el “Infierno”, en términos de sus significados solo cohabitan diaria y bipolarmente entre nosotros en nuestras mentes y en nuestros corazones.

Quizá esa sea una de las razones, más que por una presunta higiene y congruencia mental, es que no ingreso a las iglesias diversas del Perú. Que si lo hice para las misas de mi padre o para el bautismo de mis hijos a instancias de su madre es por mero formalismo y respeto a las creencias y costumbres de la Fe de los miembros de mi familia aunque no haya sido (o no lo sea) del gusto de determinados fieles y miembros de dichas iglesias mi presencia por allí.

Las gentes comunes y corrientes que se escudan consciente o razonadamente en las consignas religiosas o en el chantaje de la ‘moral’ son la muestra evidente de la presencia de estos trastornos mentales bipolares socializados y no precisamente porque quieran ganarse un lugar en su Cielo católico, evangélico, judío o musulmán sino un pan o el dinero para sus casas. Es comprensible, pues es el resultado de la evolución histórica de la religión y de la evolución histórica del concepto humano del Dios como un instrumento de guerra o de exterminio y de control social propio de los grupos de poder y afines, como sucede todavía en la actualidad (casos extremos los tenemos en el convulsivo Medio Oriente).

A través de las épocas, La misma gringa, la misma chola, la misma negra, la misma lo que sea pero con diferente calzón. Nada nuevo sobre el horizonte, solo nuevas formas y más formas que aparecen y desaparecen correspondiéndose con la parametrada naturaleza del movimiento de la materia incluyendo el caos inherente a su movimiento.

Alguien podría decir que a preferir exterminarnos como ratas, como bestias salvajes donde predomine la ley de la selva o la ley del más fuerte en términos de la selección natural-social de la teoría de la evolución darwiniana, o del predominio del libertinaje del capital contemporáneo, o de los principios de la guerra entre los hombres, es preferible ese legado religioso de conducta bipolar (ende sus trastornos correspondientes). Genial, mucho más humano y metódico ¿? Lamentablemente en el contexto global, todos están concurriendo juntos al amparo del crecimiento poblacional global y de sus necesidades, la misma que ha empujado a los EEUU a su aventura militarista e imperialista alrededor del mundo.



El Dios de los humanos (no importa si es el de la guerra) salve a nuestro planeta, o mejor quizá para ser más prácticos, que sea el Chapulín Colorado.