sábado, 24 de octubre de 2015

UN VAGO VIVÍA SOBRE EL TEJADO DE MI CASA


No lo sabía sino hasta hace poco durante un sueño
Cuando miraba sin querer por sobre el tejado de mi casa
A algo parecido a un pájaro que se movió o al desvío del brillo del Sol o algo así.

Me miró entre furtivo y desconcertado como quien no quiere la cosa
El que apenas me dejó ver su rostro, ojos y parte de su cuerpo escurridizo
Con cabellos puntiagudos como de Sayayín y se escondió.

En la sorpresa, cogí una silla de bebé que había la más cercana
Sorprendiéndolo en su afán presuroso de esconderse debajo de las tejas
Al que le dije que se largara a otro lugar
Respondiéndome: “¡desalojo, carajo!”, “está bien pues, ¡qué voy a hacer!”
Pero dijo le devolviera el polo azul que tenía puesto del que no recuerdo cómo lo conseguí
Atinándole a decirle que sí pero que me dio una extraña sensación de frío.

Un vago extraño vivía sobre el techo de mi casa
Aunque nunca tuve ni la más remota idea de aquello
Más todavía no comprendo cómo había soportado las inclemencias día y noche
El frío, la lluvia, el granizo, las heladas, los rayos, la nieve, el viento
Pues vestía como en verano, bivirí estampado indescifrable, ¡todo fresco él!

Se puso la camisa verde a cuadros negros y pantalón Jean
Tenía ahora la cara y cuerpo como de hollín claro a trasluz
Bajando apesadumbrado por la escalera del segundo piso con una guitarra en la mano
Mientras yo esperaba sentado sobre la cama de mi habitación su pronta marcha.

No sé todavía por qué razón misteriosa pero no sabía cómo sacarme aquel polo
Pues la sentía como parte mía, algo de abrigo quizá y no le hallaba repuesto
Y no sé si por ello sentí cierta compasión por aquel lastimero, desdichado y miserable ser
Que yo sin saber hasta hoy había vivido clandestino sobre el tejado de mi casa.

Le dije que se quedara en el mismo lugar pero que no estorbara (no lo había hecho hasta hoy)
Pues ni me había molestado su “impresencia”
¡Que se hiciera humo!, que como el hombre invisible desapareciera de mi vista para siempre
A lo que alegre cogió su guitarra y me dedicó una incierta canción
Mientras se marchaba cantando indescriptible volteando la mirada de vez en cuando.

Ahora sé que un vago ya no tan extraño vive allí, aunque por fuera de mi casa
En el colmo de mi aprobación e indiferencia
Sin importarme del qué y cómo vive pero que mora sobre el tejado de mi casa

¡Y yo ya sin querer saberlo jamás!