domingo, 18 de junio de 2017

CONSTELACIÓN DEL CAZADOR DE HUANACO DE LA ÉPOCA DE LAS CAVERNAS. PERÚ.

Por estas noches de junio, desde mi posición en Huancavelica, se observa este conjunto de estrellas por el lado Este del anochecer.

Sobre el artículo presente, por el año 2015 en abril esbocé la idea inicial de una suerte de calendario solar de los hombres de la etapa de las cavernas básicamente con un carácter especulativo. Hoy en base a la configuración no casual de una constelación por ahora emergente por el lado Este nocturno pude entender que hay una gran probabilidad de que mis observaciones no sean meras especulaciones. Sigamos.

LA CONSTELACIÓN DE LA CACERÍA DEL GUANACO, DEL TORO, DEL CABALLO O SIMILAR. LA ÉPOCA DE LOS PERIODOS DE LAS CAVERNAS

En razón a que los procesos mentales de los hombres modernos en términos del pensamiento bioquímico-emocional no se diferenciaban de los hombres que vivían en las cavernas, dichos hombres (no todos por supuesto) no eran tan bestiales, salvajes y primitivos como se piensa desde el punto de vista del razonamiento moderno.

Dichos hombres en razón a su escaso crecimiento poblacional promovido básicamente por su escaso desarrollo cognitivo, su condición de recolectores privilegiados por el entorno, por la selección natural del entorno de la sierra de los andes peruanos, los cambios climáticos anuales o la  influencia de fenómenos naturales alterables por diversas circunstancias, supieron sobrevivir principalmente de la cacería de dichos animales y valorar la importancia de estos para su sobrevivencia a tal punto de asociarlos con alguna constelación del espacio nocturno en correspondencia con la estación tal y como sucede por estos meses de junio donde la constelación del cazador con lanza (la Cruz del Sur) que va detrás del guanaco (constelación del mono nazca vista al revés o el jaguar hembra chavín) emerge por estas noches por el este nocturno como si el animal escapara de dicho cazador con lanza en dirección sur-norte.

Asumo que dicha constelación era parte del pensamiento ancestral dominante del periodo del hombre recolector y cazador que solo tenía que tomar de la naturaleza sin realizar mucho esfuerzo para satisfacer sus necesidades. Una costumbre aprendida desde hace miles de años atrás, muchísimo más anteriores que la de los hombres de las cavernas, desde el momento de la aparición de formas anteriores al homo sapiens sino que vienen desde las formas más primitivas del hombre, específicamente desde sus asociaciones de pro-homínidos sin forma humana definida como sí lo fue el homo sapiens sapiens.

Las representaciones halladas en muchas cavernas del mundo nos señalan la herencia de este conocimiento transmitido de generación en generación por nuestros antepasados no solo en Europa, Asia, África sino también en el continente americano. Las representaciones pictóricas de las cuevas de Altamira por ejemplo (suerte de toro) nos estarían dando una idea del conocimiento de dicha constelación que servía para la preparación de los seguidores de dicho conocimiento temporal espacial (y reproductivo) y para los organizadores de los grupos humanos a su cargo.
Tomado de la web. Pintura rupestre de diversos lugares del mundo.

En el Perú primigenio y anterior al periodo de las cavernas, se establecieron en muy pequeñísimos grupos errantes recolectores y cazadores en áreas tan dispersas del territorio que no había la necesidad de provocar roces ni encuentros entre estos grupos. Se podían desplazar libremente por el territorio sin necesidad de pelear por los recursos disponibles en exceso, excepto quizá probablemente por las hembras o mujeres como sucede en los grupos de los demás animales como nosotros. En teoría, el desplazamiento transversal de la costa a la sierra y hacia la selva y viceversa habría sido la principal ruta determinado por el ciclo solar para la sobrevivencia de estos, movimiento que en condiciones de proto-homínido no habría estado circunscrito a una orientación espacial especifica sino sujeto al desplazamiento de los animales de caza a los que solo había que seguirlos nada más.

Dicho desplazamiento transversal de recolector y cazador habría estado vinculado más a un conocimiento del movimiento solar y de la constelación del cazador de guanaco o de venado que a un movimiento errático dependiente exclusivamente del desplazamiento de los animales y a los efectos de los libres cambios de estación. Las representaciones de las cuevas de Toquepala y Lauricocha nos dan una idea del nivel de conocimiento de la caza y recolección que no se diferencia de la del periodo sedentario incipiente de los antiguos peruanos. Ancianos, entre varones y mujeres, habrían de habitar estas cuevas por razones propias de su escasa condición física para el desplazamiento y habrían sido los principales desarrolladores y promotores de este conocimiento astronómico. Periodos anteriores a estos, los hombres habrían de sobrevivir únicamente a la suerte de la naturaleza más que a conocimiento desarrollado alguno en términos de la astronomía y los ciclos solares, es decir, sobrevivir básicamente de sus conocimientos innatos de caza y recolección transmitidos de generación en generación desde las formas más primitivas y de proto-homínidos sino de animal cuadrúpedo no erguido de los cuales, como hombres actuales, solo nos diferencia el desarrollo del pensamiento bioquímico-conceptual construido a partir del pensamiento bioquímico-emocional inherente a cada animal de la naturaleza. Los animales también razonan según sus propios recursos mentales cerebrales.

La idea de que los animales no piensan y que el hombre era un animal en la época de las cavernas, ha obstaculizado y puesto una suerte de muro de contención al pensamiento del hombre más todavía por la influencia de los preceptos e ideas sectarias religiosas de diversa índole, construidas paradójicamente a instancias conceptuales primigenias de los periodos del desarrollo humano en las cavernas sino desde la aparición del homo sapiens sapiens. Respecto a eso hay literatura abundante sustentada en el hallazgo de herramientas hechas por el hombre y restos similares. Antes de la producción de materiales transformados utilizando las manos del hombre, hubo periodos de uso de materiales naturales sin modificar que cumplieron para los mismos propósitos de caza y recolección, conocimientos que se transmitieron también de generación en generación para la sobrevivencia de los homínidos sino proto-homínidos. Aquí la ciencia poco puede hacer sino elaborar especulaciones válidas con respecto a los restos óseos (cráneos, huesos diversos) que se van hallando con el tiempo y sustentan la teoría de la evolución del hombre.

La idea del Dios primitivo u originario tendría sus primeros bosquejos en esta etapa de las cavernas (tendría varios periodos), asociado a la necesidad del control de personas, del monitoreo de grupos errantes, del control de áreas de territorio y sus recursos (la propiedad privada bajo las formas de comunidades primitivas), es decir, de un periodo con características más de sedentarización que de nomadismo. A excepción del control de la manada o del clan familiar animal, antes, en una condición más salvaje, exclusivamente animal, no cabían pensamientos de esa índole en razón a su condición exclusiva de animal salvaje cazador y recolector nómade, en la misma condición que la de los demás animales, incluso desde que emergieron del mar a colonizar la superficie terrestre. La idea del Dios alguno, sea de la forma o característica que fuera, simplemente no existía, no cabía en el pensamiento del animal homínido ni proto-homínido, devenido posteriormente luego de millones de años en homo sapiens sapiens.

La idea del Dios primitivo evolucionaría más definidamente con este hombre de las cavernas, con su historia evolutiva siempre asociado exclusivamente o a la altura de sus necesidades e intereses (exclusivamente de poder) tal y como sucede en la actualidad con matices más de forma que de fondo.

Los hombres de la época de las cavernas, en un periodo final, evidenciarían la existencia de grupos (sociedades) más complejas que contrastarían radicalmente con respecto a la idea que tenemos de aquellos.

Los proto-homínidos, los homínidos y finalmente los deformes hombres peludos cazadores y recolectores que dormían indiferentemente en la intemperie (sol, lluvia, granizo, heladas) y no en las cavernas serían los que sobrevivirían y posteriormente habitarían las diversas cavernas que existen en el mundo como por ejemplo las que existen también en muchas regiones de nuestro país. Está demás mantener la torpe idea de que no sabían protegerse de la intemperie o que no tenían recursos para ello, como la de aquella idea de que andaban desnudos (como en el paraíso religioso) que sí se correspondía con el modo de vida de las comunidades selváticas que encontraron los conquistadores españoles en 1492 en el nuevo continente americano y que se correspondía con su vida natural libre de pensamientos pervertidos por la cultura, la religión y el poder del hombre sobre los hombres como sucedía en el continente europeo, cuyo salvajismo europeo y americano solo se contrastaba por la ropa, los recursos tecnológicos, los descubrimientos científicos, la hipocresía del poder político y el maniqueísmo religioso.


El desarrollo cognitivo progresivo de los primitivos pensadores con respecto a las demás constelaciones, la observación de la ciclicidad del Sol y los fenómenos naturales asociados a este (incluyendo la ciclicidad de las constelaciones), habrían sido un factor influyente para la progresiva sedentarización del hombre en todos los lugares del planeta y no solo en el Perú. Sin esto, pruebas de ensayo y error agrícola dependientes del control del entorno natural solo eran posibles a aquellos bajo el incipiente control sistemático del hombre de las cavernas. La astronomía implementada con fines de supervivencia en los periodos de los habitantes de las cavernas y de los cazadores recolectores (específicamente por los adultos mayores, hombres enfermos) derivaría en otra más sistemática, clasista, controladora, maniqueísta manipulador de emociones (las primitivas ideas religiosas se perfilarían en equivalente medida) durante el sedentarismo, la misma que podemos ver en sus geoglifos y restos arqueológicos. El lenguaje astronómico de las épocas de las cavernas no era precisamente la más adecuada para su compartimiento, transmisión o socialización pues tenía un carácter mental más simbólico naturalista que abstracto-conceptual. “El gran caimán que navega sobre el río”, el que primaría sobre las bases ancestrales de las culturas Sechín, Caral y posteriormente Chavín por ejemplo (caso del Obelisco de Tello). Los oráculos en las culturas europeas y asiáticas serían una expresión equivalente de similar evolución social.