domingo, 1 de octubre de 2017

LA CREACIÓN DIVINA DE LA MATERIA, DEL HOMBRE Y DE LA VIDA

La imagen de la morena fue tomado de internet. Figura como Amara la negra pública.
Por: S.S.Mandujano M.

Érase en un principio donde todo era oscuridad, no había la necesidad de luz. El Dios estaba inundando toda esa oscuridad y decidió cambiar las cosas.

Sintiéndose solo en el universo, en la inmensidad, aburrido de su entorno vacío y oscuro, el Dios decide crear las cosas. Con solo desearlo hace aparecer a los planetas, a las lunas, los meteoritos y a las demás estrellas organizadas en sistemas y galaxias y a la luz. Decide crear sobre el planeta Tierra el agua, el aire, a todos los seres vivos pero sin diferenciación sexual, a los peces, los animales, las aves y finalmente a las seres parecidos a él que formó del barro negro, a quienes en exclusiva les dota de la capacidad de pedir lo que desean que el Dios se los concederá.

Le pareció bonito, le agradó su creación y descansó de su obra. Lo extraordinario de su creación es que el ser sobre el que puso el mayor de sus esfuerzos, fue uno en especial a la que dotó de una inteligencia superior a la de los demás animales. Una suerte de mujer negra. La misma que por fecundación propia se reproducía a sí misma y a voluntad; los demás animales también se reproducían de modo similar.

Observa cómo éstas tienen todas las cosas con solo desearlas. Una pide un carro y se le da. Otra quiere un avión y se le da. Otra quiere una mansión con sirvientas y se le da y cuando una de ellas se rebela o no actúa como lo deseó, pide al Dios que la desaparezca y así sucede.

Una niña perdió a su madre en un accidente por causa de la intransigencia de otra y dado que le afectó mucho y sufría demasiado deseó que volviera a su lado y así sucedió. La madre le agradeció por ello. Pero sucede que una de sus vecinas del barrio pidió que esa familia muriese y así sucedió.

Otras deseaban rejuvenecer y así sucedía. Otras no querían envejecer, no querían enfermarse, no querían padecer por nada y así era con tan solo pedirle al Dios que les satisfacía en sus deseos. Tanto engordaban que no podían moverse con facilidad y las enfermedades coronarias eran cosas inevitables pero que se solucionaban con solo pedirlo, desearlo. Los problemas y las soluciones emergían por arte de magia.

Bajo diversas circunstancias de la vida, perdían la visión, los pies, las manos, la oreja, la vesícula biliar, un órgano, incluso hasta la paciencia y la cabeza; había de aquellas que anticipándose a ello, pedían que se les restituya sus vidas normales antes de incidentes no previstos por causa de la libertad del deseo de las demás.

Todo era tan fácil, tan cómodo que no había necesidad de trabajar, de esforzarse en lo más mínimo. No había que estudiar, que ir a la escuela ni a la universidad, que prepararse para nada, que lavar las ropas, que cocinar, que robar, que mentir o decir incluso la verdad (no hacían falta), que hacer la guerra ni la paz, por último de defecar, pues llegaron al convencimiento de que no había necesidad ni de vivir en sociedad ni de preocuparse por las cosas de los demás pues tenían hasta la posibilidad de crear seres a su gusto (su imaginación había desarrollado al máximo universal). Era sentirse como dioses y no faltaba más pues el Dios les había dado esa atribución divina. Nadie era fea, todas eran bonitas, estéticamente proporcionadas y no había necesidad ni de menstruar pues carecía de sentido, pues se inventaban formas diversas de conseguir placer a su antojo.

Algunas se preguntaban si valía la pena vivir así pues todo era dado y resultaba aburrido pero tenían la opción de olvidar todo lo malo y/o lo bueno y volver a comenzar de nuevo. Experimentaban diferentes formas de vida, de sentimientos, de acciones e incluso aplicaban las matemáticas perfectas para saber si sus opciones eran ilimitadas tan solo con cambiar una que otra situación. Aunque no tenía razón de ser pues las cosas dependían de un deseo, de un simple “quiero esto, eso, aquel, así, asá”.

En la plenitud de su desarrollo mental deseístico, unas escogieron tener su propio planeta, su propio satélite, su Luna exclusiva con yacusi, ser dioses en otros universos que controlarían a su antojo o capricho provocando big bangs, supernovas, colisiones entre las galaxias, destrucción de la vida y de la creación del Dios. Pero vueltos a ser creados por el Dios, ordenaban las cosas a su manera generando un caos que obligaba a ponerse de acuerdo en lo que iban a pedir, es decir, que pese a que no era del gusto de nadie ni del Dios, se estableció una suerte de legislación de lo que se podía y no se podía pedir logrando así un orden mínimo en el universo.

Sucedía siempre que estúpidas mujeres negras al estar cansadas de que todo fuera tan fácil de conseguir con solo desearlo, en medio de su ociosidad y exceso de facilismo que la asociaba al control, al poder total, sin meditar bien en los alcances de lo que hacían, se les ocurría pedir que el Dios desapareciera, que no existiera nunca más aquí ni en ningún lugar posible y sucedía que desde ese momento ninguna otra pudo obtener lo que venía obteniendo con solo desearlo. Volvieron al Dios en un innecesario, un gran absurdo correspondientemente con ellas mismas.

Aquellas decidieron experimentar con la voluntad y lograron adquirir la misma capacidad del Dios que no hubo diferencias de casi ninguna índole que considerar con su creador. Así, todo se volvió un gran caos sobre el que sobrevivían solo las más inteligentes, las más creativas, pues ni las malvadas podían asegurarse su continuidad. No había cabida para lo bueno ni para lo malo puesto que era absurdo distinguirlas.

El Dios desde su percepción divina sabía que no era posible aquello pero que pese a eso fingía desaparecer. Cansado de los errores de aquellos seres de pedir cosas como esas que no pueden ser pues contradecían a su voluntad, poder y esencia, decide nuevamente desaparecer toda su creación.

Pero sucede que vuelve a jugar con sus caprichos y nuevamente crea las cosas y a las mismas seres pero esta vez con barro de color amarillo y luego a estas mujeres amarillas las desaparecía pues se producía nuevamente el mismo caos y el error de pedir que el Dios desaparezca para siempre.

Lo mismo volvió a suceder cuando empleó barro rojizo para crear a la mujer. De igual manera sucedió con el barro blanco que empleó. Del mismo modo con la mujer blanca resultaba en la misma incoherencia universal. Se percató que el color del barro no era problema alguno.

En búsqueda de la perfección para su obra, cansado de que se produzca lo mismo una y otra vez, decide crear nuevamente las cosas, a los mismos animales asexuados y a aquel ser pero con la diferencia de que ya no era mujer con su propia capacidad reproductiva. Así, a partir de la mezcla de diferentes colores de barro, decide crear a un ser parecido al varón, sin otorgarle los dones del deseo que anteriormente le otorgaba a las mujeres. Viendo que como todo iba bien sin inconvenientes pues los animales se paseaban sin preocupaciones por el Edén, pensó en darle al varón la misma capacidad reproductiva que tenían anteriormente las mujeres pero lo dejó así para poder observarlo mejor.

Al observar pasearse solo, le puso el nombre de Adán, nombre que resumía su incapacidad reproductiva. Lo consideró como un ser noble pero inútil, casi totalmente estúpido. No comía ni defecaba. Tenía boca pero no le servía para nada, casi una aberración material. Se caía, se tropezaba y caía, se golpeaba, se dañaba la piel. El Dios tenía que repararlo pues lo encontraba en estado calamitoso con el transcurso de su miserable vida.

Decidió experimentar con él: le proporcionó la capacidad de alimentarse de su entorno, es decir, le dotó de un sistema digestivo y demás sistemas orgánicos. Le dotó de un pene por donde evacuaría el exceso de agua. No tenía testículos pues no tenía sentido. Pensó quitarle las tetillas como los tenían las mujeres e incluso el ombligo pero olvidó aquellos detalles por considerarlos insignificantes.

Le dotó de la capacidad de sentir los estímulos del ambiente y de responder con su sistema nervioso para que no se dañara su cuerpo, es decir, convirtió sus indescriptibles carnes continuas en un conjunto de millones de células con capacidad diferenciadora, reproductiva y regenerativa. Le proporcionó un sistema inmunológico para protegerlo de los factores nocivos externos. Así, lo encontró más interesante pues no perturbaba su creación ni su condición de Dios como sucedió con las mujeres anteriormente creadas con capacidad deseística. El Dios creaba al varón de muy mala gana pues no le parecía interesante su condición actual.

Habiéndose vuelto más interesante a los ojos del Dios y al encontrarle nula nocividad, en razón a ello, el Dios decide tomar sus costillas y crear a partir de eso a una mujer a su imagen y semejanza pero quitándole la capacidad reproductiva. Ambos habitaron en el Paraíso, un lugar donde se vivía bien, que no hacía falta trabajar excepto solo lo necesario, un mínimo de esfuerzo, casi innecesario. Viendo que todo iba bien y pensando en dejarlos solos ya, decide probar si ambos podían ser una creación perfecta y obediente que no alterara el ordenamiento divino de aquel lugar. Para probarlo decide simbólicamente crear un árbol de manzana del que ambos ni nadie deberían de comer sus frutos pues les sería dado la sabiduría, el poder de desear y conseguir fácilmente las cosas sin excepción. Como es creación a instancias del varón, en su curiosidad, la mujer (como si supiera de sus seres anteriores) decide probar dicha manzana que luego le invita al varón del cual el Dios ya había previsto la probabilidad de que ocurra pero que quería comprobar. El Dios quiso que talvez varón y mujer fueran como los demás animales asexuados y poco inteligentes pero que no había resultado entretenido pues en ese mundo exclusivo de animales no habría cabida para él, pues estos animales incluyendo al varón y mujer, al no tener razonamiento, ninguno tendría la posibilidad de saber quién los había creado.

El Dios, pensando nuevamente en comenzar de nuevo por la desobediencia de ambos, decide darles una oportunidad de tener libertad y voluntad propia pero sin tener que asistirlos, es decir, les quita la posibilidad de pedir cualesquier cosa al Dios por el simple deseo y el otorgárselos, y decidió que no hacía falta que estén en el Paraíso pues sus vidas junto a la de los demás animales resultaba absurdo, aburrido, cotidiano, repetitivo y casi intrascendente. Convencido de que sus vidas serían mucho más desafiantes e interesantes pues dependerían solo de sus propias fuerzas es que decide dotarlos de las más mínimas capacidades físicas y mentales, los cuales debían de esforzarse por obtener lo que anteriormente conseguían con solo desear. Al Dios le pareció adecuado dicha libertad de decidir, de actuar, de pensar, de sopesar sus propias acciones, de corregirlas si no eran las más oportunas, en fin, que aprendan a vivir por su cuenta como hombres: varón y mujer.

Ciertamente que dicha libertad no excedía lo que antes había otorgado y sería potestad humana el decidir por sus vidas, su destino. Pero temeroso de que a ambos no los ligase algo más que la simple similitud física y que pudieran necesitarse el uno al otro por sí mismos solamente, es que decide que los dos debieran de contribuir en la reproducción de su especie, mitad a mitad, para conformar un nuevo ser. Para ello sensibiliza los órganos sexuales de la mujer otorgándole un clítoris y  al varón de similar manera para que puedan estimularse el uno al otro para el placer y/o la reproducción.

Fue así como nacieron los pesares y las tribulaciones del mundo y de los hombres pues desde esa vez tenían que pensar, estudiar, hacer, trabajar, esforzarse, inventar, innovar, cambiar según las circunstancias, analizar y resolver todo tipo de situaciones adversas o no para conseguir lo que deseaban. Tenían que resignarse a ganar o a perder lo que menos o lo que más querían, a sufrir las consecuencias de sus actos, soportar los rigores de la naturaleza, de su entorno, en total libertad de las cosas, otorgándole a los demás animales similar potestad, es decir, el de convertirlos en seres sexuados, macho y hembra.

Por eso de la inercia de las vivencias y de los frutos de la creación, es que muchos humanos todavía le siguen pidiendo, rogándole al Dios que les den lo que piden pero que solo suceden por hecho del azar, de la suerte o porque el hombre mismo pone sus esfuerzos y capacidades en alcanzar sus deseos o satisfacer sus necesidades utilizando, transformando los recursos primigenios y básicos otorgados por aquel Dios.

Al fin, al Dios le pareció perfecta su obra y se sintió feliz y se fue a descansar ya más seguro, convencido de su perfecta creación. El hombre consciente de su vida y de su libertad concedidas por voluntad divina, quizá en un vago pero escaso recuerdo a su vida pasada de privilegios indescriptibles, de creaciones anteriores unido a sus poderes ‘divinos’ y que incluso pudo jugar con el Dios a su antojo, a su capricho; aprendió a pedir, a rezar; sea por él, por los demás o por quien sea pese a que quizá el Dios aquel ni lo escuchase, ni lo atendiese y solo viera desde su condición de Dios, cómo el hombre arrodillado sobre sí mismo se compadeciera de su propia humanidad, de sí mismo, de su propia creación. “… y apiádate del Dios del hombre porque no sabe lo que hace”.
Amen.
¿No habría sido mejor relatar la creación del gato de Schrödinger?